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El Papa en Myanmar y Bangladesh: conflictos de la diplomacia religiosa

Un periplo que confirma el interés del papa por involucrarse en cuestiones terrenales.

Francisco visitó a minorías acosadas en sus países.
Francisco visitó a minorías acosadas en sus países. Foto:AP

El Papa Francisco I visitó Myanmar y Bangladesh del 27 de noviembre al 2 de diciembre. Myanmar es un país budista con una población de 60 millones donde sólo el 1% sigue la religión católica; en Bangladesh el Islam es la religión oficial practicada por el 91% de una población de 163 millones. El 8% son hindúes y se estima que el 0,2% adhiere al catolicismo. Durante los últimos años en ambos países grupos extremistas de las religiones mayoritarias han intensificado su animosidad creando una situación difícil para las minorías.

Bangladesh y la Santa Sede establecieron relaciones diplomáticas poco tiempo después de la declaración de independencia en 1971. En 970 Bangladesh recibió a Paulo VI cuando todavía era parte de Pakistán y a Juan Pablo en 1986. En cambio, las relaciones diplomáticas con Myanmar fueron oficialmente anunciadas durante la visita que la Consejero de Estado y Ministra de Relaciones Exteriores Aung San Suu Kyi hiciera al Sumo Pontífice el 4 de mayo de este año. Pocas semanas después la Santa Sede anunció el viaje del Papa Francisco I a ese país y Bangladesh.

La minoría rohinyá que habita el Estado de Rakhine en Myanmar ha provocado siempre una tensa situación con Bangladesh; el empeoramiento de la situación a partir de agosto de este año acrecentó el enfrentamiento y avivó el cruzamiento de graves acusaciones entre ambos países. Bangladesh recibió en pocos meses más de 600.000 refugiados que escapaban de las acciones del ejército birmano y que fuera calificada por organismos de las Naciones Unidas y los Estados Unidos como “limpieza étnica”. El 7 de noviembre el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas efectuó un llamado a Myanmar aprobado por unanimidad, incluyendo China, para que cesen las acciones militares y se permita el regreso de los refugiados. La Agencia para los Refugiados organizó una Conferencia de donante que recaudó 350 millones de dólares para atender la situación humanitaria.

El mismo Papa Francisco se refirió al problema de los rohinyá el 8 de febrero de este año durante la Audiencia semanal. En esa oportunidad requirió a los presentes unirse en las plegarias “por nuestros hermanos y hermanas rohinyá quienes están siendo perseguidos y echados de Myanmar y terminan yéndo de un lugar a otro porque nadie los quiere”.

El Secretario de Estados Unidos, Rex Tillerson, utilizó las palabras “limpieza étnica” para describir el éxodo y amenazó con sancionar a los responsables de cometer los abusos. El 5 de diciembre tendrá lugar en Ginebra una reunión especial del Consejo de Derechos Humano para tratar la propuesta de Bangladesh y Arabia Saudita sobre las minorías en Myanmar. Esta propuesta recibió el apoyo de 33 de los miembros.

La primera etapa del viaje del Sumo Pontífice tuvo como trasfondo afirmaciones y desmentidas sobre las graves acusaciones contra el ejército birmano y la colaboración de sectores budistas amparados en un sugestivo silencio del Gobierno. El Cardenal Charles Maung Bo fue el asesor en la preparación del viaje de Francisco I y fue quien recomendó no utilizar el término rohinyá para no exasperar a los militares y evitar una reacción violenta contra los católicos. La jerarquía católica en Myanmar prefirió la cautela para no quebrar el equilibrio entre las intenciones del poder civil representado por San Suu Kyi de ampliar los límites de la democracia y el poder real militar que justifica su interferencia en defender la unidad del país frente a las intenciones secesionistas de algunas minorías. El ejército birmano sostiene que existen grupos armados de rohinyás que reclaman la separación del Estado Rakhine y su incorporación a Bangladesh en función de practicar la misma religión.

Esta posición quedó reflejada en el carácter de la primera reunión y en las declaraciones del portavoz de los Obispos y no en las intervenciones edulcoradas del Papa Francisco, y en especial el encuentro mantenido con los monjes del Consejo Supremo del Sangha que constituye la máxima autoridad del budismo. El Papa Francisco apenas desembarcó se reunió con una comitiva de oficiales liderada por el General Min Aung Hlaing responsable de las operaciones militares en el Estado de Rakhine. La duración fue de escasos 15’ durante los cuales se supone el General Aung Hlaing habría explicado el papel del ejército y negado la discriminación religiosa de los rohinyá o quizás sus palabras hayan dejado trascender alguna sutil advertencia.

El cierre estuvo a cargo del Padre Mariano Soe Naing, portavoz de los obispos, quien defendió el papel de San Suu Kyi y la importancia de brindarle el apoyo para resguardar la democracia en el país. El portavoz reprochó las críticas y la falta de compromiso con el actual proceso de transición y el riesgo del regreso de los militares si San Suu Kyi no tuviera éxito en fortalecer las instituciones democráticas.

La visita a Bangladesh fue la contracara del viaje a Myanmar; la presencia de los refugiados rohinyá obligó al Gobierno a dedicar enormes recursos para mostrar su solidaridad con la minoría musulmana, atender la crisis humanitaria y al mismo tiempo exigir el cese de la persecución y el derecho al regreso de los expulsados. El Papa Francisco ya en un ambiente menos hostil tuvo oportunidad en la reunión con el Presidente Abdul Hamid de efectuar un llamado a la comunidad internacional para atender la grave crisis humanitaria de los refugiados provenientes del Estado de Rakhine sin mencionar la palabra rohinyá. La recurrencia a este eufemismo desorienta sobre los verdaderos motivos de haber elegido para esta gira dos países enfrentados obligándole a restringir sus expresiones.

Este viaje trasunta una vez más el interés del Papa Francisco de involucrarse en los problemas terrenales y la confianza en su capacidad diplomática para mediar haciendo valer su investidura y la fuerza de sus palabras. En esta oportunidad el mensaje fue llevado a dos países cuyas religiones oficiales son el Budismo y el Islam y donde la prédica de monjes e imanes no fue suficiente para evitar la discriminación y abrazar la paz. La intervención del Sumo Pontífice ofreciendo una visión superadora demuestra la seguridad con la cual actúa para obtener sus objetitos e influir en las decisiones. Es de esperar que los factores de poder en esos países que incluyen a las jerarquías de ambas religiones hayan interpretado de la misma manera los motivos del viaje.  


*Embajador.


Felipe Frydman*


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