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A 50 años del fusilamiento, habla el militar boliviano que capturó al Che Guevara

Por qué el Gobierno de Bolivia eligió matarlo a tenerlo preso en el país.

Gary Prado, general boliviano que apresó a Che Guevara
Gary Prado, general boliviano que apresó a Che Guevara Foto:dpa

Gary Prado tiene 79 años, se formó militarmente en Estados Unidos y era capitán de la compañía que rodeó a los casi 15 últimos guerrilleros del grupo del Che, a quien hizo prisionero en 1967. Recoge sus impresiones en el libro “La guerrilla inmolada”. Las suyas. A finales de los años '70 fue ministro durante un breve tiempo y más tarde embajador, entre otros, en Reino Unido y México. A causa de una herida de bala se encuentra en silla de ruedas desde hace más de 35 años. Prado se muestra sereno y con mucha calma y detalle, relata cómo detuvo al que en ese momento era el guerrillero más famoso del mundo, Ernesto “Che” Guevara. También quién lo fusiló y por qué se decidió la ejecución.

Esos días de octubre de 1967 conmovieron al mundo. Prado los rememora en una entrevista con la agencia alemana DPA desde su estudio en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), lleno de recuerdos de su paso por el Ejército -sables incluidos- y como embajador de Bolivia. El general retirado, que por su papel en la detención del Che ya no puede participar en los grandes desfiles por el Día Nacional de Bolivia, reconoce abiertamente que había orden de matar al Che.  

—¿Por qué cree que la guerrilla del Che no tenía opciones en Bolivia?

El Che y sus hombres no conocían Bolivia ni la gente. Ese fue el primer error. Bolivia había tenido la revolución de 1952, había hecho la reforma agraria (...). El Ejército venía desarrollando además una campaña que se llamaba “acción cívica”, de apoyo a las comunidades campesinas. El presidente René Barrientos era un hombre muy ligado al campo. Los campesinos le tenían adoración. (N. de la R:  Barrientos nombró al criminal de guerra nazi de la Klaus Barbie –que en Bolivia se hacía llamar Klaus Altmann–, presidente de la Sociedad Naviera del Estado -Transmarítima-, que en la época contaba con un solo barco, y también asesor de los Servicios de Inteligencia de Bolivia).

—¿Cómo se supo que había un grupo de guerrilleros en Bolivia?

—Por las propias fallas de ellos. Después de instalar su campamento base en Ñancahuazú, el Che con el grupo principal sale a hacer un reconocimiento. No sabían ni dónde estaban, no había mapas; van hacia el río Grande para ubicarse, y ahí cometen la imprudencia de hacerse ver por los campesinos, y los campesinos informan a los militares (…) El Ejército despliega unas patrullas y comienzan los choques. 

—¿Y qué pasa entonces después de esos primeros enfrentamientos?

—Después de las primeras emboscadas, que son negativas para el Ejército porque no tenía tropas preparadas, se delimita un área y se la aísla. Una zona de 40.000 kilómetros cuadrados... del tamaño se Suiza, para tener una idea. Y en ese área estaba operando este grupo de 50, 60 hombres. Encontrarlos era el problema, no tanto combatirlos. El Ejército ocupó su campamento y se volvió una guerrilla nómada, una guerrilla sin abastecimiento. Pasaron hambre, sed, se enfermaron, todo fue un desastre.

—¿Cómo fue la captura del Che?

—En la madrugada del día 8 de octubre, un puesto militar que teníamos en La Higuera (...) me comunica por radio que un campesino había llegado con la información de que por la noche vio pasar al grupo guerrillero en el interior de una quebrada (Quebrada del Churo) (…) La quebrada era muy enmarañada, un terreno muy complicado, llena de vegetación, rocas, en pendiente. Yo había dispuesto que se entrara desde arriba y desde abajo, pero los de arriba fueron detenidos por los guerrilleros, que mataron a dos soldados. Yo me quedé abajo y empezamos a avanzar desde abajo, bloqueando hacia arriba. Fuimos eliminando a los guerrilleros y el Che y Willy (Simeón Willy Cuba Sanabria) trataron de salir de la encerrada por una fisura que había, pero yo tenía gente también controlando esas áreas. De manera que cuando los soldados llegaron y les ordenaron rendirse, se rindieron.  

—¿Y qué pasó después? 

—Yo llegué y les pregunté “¿Usted quién es?” Uno dijo Willy, y yo sabía que era Simeón Cuba, boliviano, porque teníamos el orden de batalla de ellos. “¿Y usted?” “Soy el Che Guevara”. Lo miro y le pido que me muestre su mano derecha, donde tenía una cicatriz. “Yo valgo más para ustedes vivo que muerto”. Se lo veía un hombre derrotado, en el fin de esta aventura. Los hice trasladar al puesto de mando que tenía allí, bajo un arbolito, amarrados de pies y manos, por si acaso, porque había todavía un grupo allí combatiendo aún, y me volví a la quebrada. Cuando regresé más tarde, me dice: “¿No le parece una crueldad tener a un hombre herido amarrado?” Y ahí me mostró que tenía la entrada de un proyectil en la pantorrilla, aunque no sangraba. Le hice soltar las manos y me pidió agua y fumar. El combate continuó todavía una hora más, y cuando terminó, que estaba atardeciendo, salí con toda la tropa y los heridos y muertos hacia La Higuera. Cuando llegamos pusimos al Che en una pieza y a Willy en otra en la escuelita. No era más que una pequeña cabañita con dos piezas. 

—¿Por qué lo mataron allí al día siguiente?

—Por la mañana llegó el comandante de división, le informé y me volví a la quebrada porque seguía habiendo unos guerrilleros (...) Y cuando retorné cerca de la una de la tarde con todas las tropas, ahí me informa mi comandante de batallón que el Che había sido ejecutado.

—¿Quién le disparó al Che?

—Un suboficial. 

—¿Por qué?

—El comandante pidió voluntarios. Él recibió una orden del alto mando militar. El presidente, el comandante en jefe y el jefe del Estado Mayor se reunieron y decidieron que era mejor ejecutarlo para evitar más problemas al país. Años después, hablando con el que era el comandante en jefe en ese entonces, el general (Alfredo) Obando, le pregunté por qué se tomó esa decisión. En ese momento se estaba realizando un juicio en Camiri contra Regis Debray y otros que habían caído prisioneros. Debray era un personaje de cuarta, porque no era una persona importante, y sin embargo el juicio era una causa célebre y había periodistas de todo el mundo. Entonces pensaron que hacerle un juicio al Che Guevara iba a ser 100 veces ese alboroto. Segundo, tenía que ser condenado por todos los agravantes -extranjeros con armas invadiendo el territorio, matando gente, etc.-.  La pena máxima en Bolivia son 30 años, no hay pena de muerte hace muchos años. Entonces, ¿dónde lo vamos a tener 30 años? Aquí no hay cárceles de seguridad, habría habido intentos de liberarlo, visitas, habría sido una molestia permanente. 

—¿Y entonces se toma la decisión de matarlo?

—De ejecutarlo, sí. Ahora parece una cosa horrenda esa ejecución extrajudicial. Pero fíjense ustedes que el Che estaba acusado de fusilar a 400 personas seis u ocho años antes en Cuba. No fue el mejor procedimiento en mi opinión, pero en esa época no se hablaba de derechos humanos, como ahora que tienen una gran prioridad. Estaba muy cerca la Segunda Guerra Mundial, en la que a los partisanos se los ejecutaba, no estaban cubiertos por la Convención de Ginebra. 

—¿Y entonces se buscó un voluntario?

—Se llamó a los suboficiales y sargentos que estaban en ese momento en La Higuera, que eran siete. Y los siete se presentaron voluntarios. Teníamos cuatro soldados muertos de mi compañía, cuatro de la otra, varios heridos, era la euforia del momento (...) El coronel, que no los conocía personalmente a los sargentos y suboficiales, les dijo al azar: “Usted allá y usted, allá”, señalanado las piezas donde estaban los prisioneros. Estaba cada uno con su carabina, abrieron la puerta, dispararon y salieron. No hubo discursos de despedida, tanto invento que se ha hecho después. 

—¿Fue solo un tiro?

—No, una ráfaga. Dos ráfagas de tres, cuatro disparos. Después se llevaron los cuerpos en helicóptero a Vallegrande. El del Che fue en el último vuelo, a eso de las tres de la tarde.

—¿Y se sabe quién mató al Che?

—Claro que sí, todos lo conocen, fue el suboficial Mario Terán.

—¿Qué piensa usted hoy cuando el Che es venerado como un santo en Vallegrande?

—Son las consecuencias de los cambios políticos, porque resulta que el presidente actual es un fanático del Che. No sabe ni quién era ni cómo era (…) y además ha recibido una enorme influencia de Cuba todos estos años y Cuba maneja prácticamente el servicio secreto boliviano. No se olvide usted que con el mito del guerrillero heroico que se ha creado después, el Che le ha servido más muerto que vivo a Cuba. Porque no hay que olvidarse una cosa que ahora ya está plenamente demostrada: al Che lo sacaron de Cuba, lo mandaron primero al África, para librarse de él. Él mismo lo escribe en “La historia de un fracaso”. 

—¿Por qué cree que esto está demostrado?

—Mientras él estaba en el Congo, Fidel Castro leyó públicamente la “Carta de Despedida del Che”, en la que el Che renuncia a todos sus cargos y dice “nada más me liga a Cuba” (...). Uno de los tres supervivientes cubanos en Bolivia, Dariel Alarcón Ramírez, “Benigno”, escribió un libro en el que cuenta que al Che le dio un ataque de furia cuando se enteró de que Fidel había hecho pública esa carta. Porque era para liberar a Cuba de cualquier responsabilidad en caso de ser capturado o muerto en el Congo, pero él estaba vivito y quería salir del Congo (...) Quería volver a Cuba, insistía, quería hablar con Fidel, que no le contestaba. Le autorizaron que vuelva de incógnito, y ahí le dijeron que le habían preparado algo en Bolivia. Cuando llegó (…) lo largaron aquí, lo abandonaron. Por eso, si usted lee el diario (del Che) y sigue la trayectoria las últimas semanas, estaba claro que iba a ser derrotado. Los propios guerrilleros le proponían autodisolverse, pero él no quería. Porque no tenía adónde ir.