CIENCIA YA SUPERA AL DE FERIAS Y LOCALES

Crece el comercio ilegal de animales por internet: pagan hasta $ 2.500 por un loro

El 60% de las pesquisas surgen de denuncias de ventas a través de redes sociales. El negocio mueve hasta US$ 23 mil millones a nivel global. El triste ranking de los más traficados.

Operativo. En Villa Domínico se incautaron la semana pasada seis tortugas de agua, cuatro pitones, cuatro culebras y seis jilgueros.
Operativo. En Villa Domínico se incautaron la semana pasada seis tortugas de agua, cuatro pitones, cuatro culebras y seis jilgueros. Foto:Gza: Ministerio de ambiente

Lejos de la venta callejera tradicional de animales silvestres –como se puede observar en las cercanías de las ferias de Pompeya, en la ciudad de Buenos Aires, y en Villa Dominico, en Avellaneda–, bajo el anonimato que brinda internet se oculta otra forma de comercio ilegal de fauna silvestre. De las más de ochenta pesquisas de este año que lleva adelante la Unidad Fiscal para la Investigación de Delitos Contra el Medio Ambiente (Ufima) por este tema, el 60% del comercio utiliza las redes y el problema va en aumento.

 
Según la Ufima, que realiza investigaciones preliminares para la protección y la conservación de la fauna silvestre con un alcance en todo el país, de ese porcentaje, el 90% se da a través de la red social Facebook, y el resto, en sitios de compra y venta por internet (como Mercado Libre) y grupos de WhatsApp. En los últimos años se logró reducir el comercio ilegal en los portales de ventas, ya que son empresas argentinas, pero no ocurre lo mismo con las redes sociales, por lo que la Ufima está trabajando para avanzar en ese espacio.

“Realizamos relevamientos virtuales de sitios y hemos hecho denuncias, que a veces no tienen efecto porque se arman otra página y listo”, afirma Cecilia Maqueda, coordinadora del Programa de Tráfico Ilegal de Fauna Silvestre de la organización Aves Argentinas. “Otro problema es que las oficinas legales de Facebook no están en Argentina, por lo que es más difícil”, agrega.

En el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable aseguran que desde Nación y las provincias hay un aumento de las acciones contra el tráfico ilegal. Sin embargo, el director de Fauna Silvestre y Conservación de la Biodiversidad, Santiago D’Alessio, reconoce que “internet es un desafío, porque los vendedores no están en lugares físicos sino en una serie de plataformas con las cuales pueden comercializar con mayores libertades que en la calle, ante la mirada de espectadores”.

En lo que va del año, desde Ambiente indicaron que se decomisaron 374 animales y 178 productos y subproductos con ejemplares muertos. En 2016, la cifra de ejemplares vivos alcanzó los 1.600. El último operativo ocurrió la semana pasada en la localidad bonaerense de Villa Domínico. Allí se incautaron tres pitones molurus, una pitón regius, cuatro culebras, seis jilgueros y seis tortugas de agua.

Alrededor del 70% de los animales afectados por el comercio ilegal son aves, y entre las especies más afectadas están el cardenal común, el cardenal amarillo (en peligro de extinción por esta actividad), el jilguero, el federal (en estado vulnerable), el tucán, el rey del bosque, la reina mora, la cotorra, el loro hablador, el pepitero de collar, el zorzal y el piquito de oro.

También sufren esta práctica los monos que se venden en las rutas y los reptiles, como la tortuga terrestre –que ya se encuentra en estado vulnerable de conservación–, el lagarto overo, la boa y distintas especies de pitón. La compraventa no autorizada de animales es un delito penal en Argentina que prevé entre dos meses y dos años de prisión, y es de jurisdicción federal.

Negocio. Dado el carácter oculto de la actividad, en nuestro país no hay cifras oficiales del dinero que implica. Los precios que se pueden encontrar varían, de acuerdo con los relevamientos de Aves Argentinas, entre $ 1.500 y $ 2.000 por el cardenal amarillo; $ 2.500 el loro hablador; $ 500 el lagarto overo; $ 200 la tortuga, y $ 300 la reina mora. En un informe, Naciones Unidas e Interpol estimaron que a nivel mundial el tráfico ilícito de flora y fauna obtiene entre US$ 7.000 y US$ 23.000 millones por año. Ya es el tercer negocio ilegal a nivel mundial, detrás del tráfico de drogas y el de armas.

“Sabemos que hay mucha gente en situación de vulnerabilidad económica que recurre a ese tipo de delitos y que es el eslabón final de una cadena más compleja, con personas poderosas que saben lo que hacen. Por lo general, es a los acopiadores a quien tratamos de afectar con nuestras actividades”, describe D’Alessio.

Del otro lado del negocio, las consecuencias son desastrosas: se estima que por las condiciones de hacinamiento y estrés, el 90% de los animales capturados para su comercio ilegal muere antes de llegar a la venta. Por lo cual, antes de hacer una compra es necesario informarse para descartar que sea fauna silvestre y reclamar la documentación de origen de la autoridad de aplicación de la jurisdicción.

“Al que le gusten las aves le recomendamos que las disfrute en libertad. Más vale volando”, aconseja Maqueda.


Liberan cardenales amarillos

Como consecuencia del comercio ilegal y las modificaciones en su hábitat, el cardenal amarillo se encuentra en peligro y su población se redujo a entre 1.500 y 2.000 ejemplares. Es por eso que el Ministerio de Ambiente, la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y la Fundación Temaikèn trabajan para lograr un procedimiento con base técnica, legal y científica para la recuperación de estas aves, que cumplió una importante etapa el jueves pasado con la liberación de 26 ejemplares en La Pampa. Las aves, que provenían del tráfico ilegal, llevan un radiotransmisor con el fin de monitorear su adaptación. “Llegaron bien luego de un viaje bastante largo, allí volaron todos y hasta ahora están todos bien”, dice con alegría Andrés Suares, de la Fundación Temaikèn. El Laboratorio de Ecología y Comportamiento Animal de la UBA realizó los análisis genéticos para identificar el origen de los cardenales, y la Fundación trabajó para que pudieran recuperar musculación, hábitos y alimentación. “Estamos monitoreando a estos ejemplares para ver si se adaptan bien, si forman parejas, si se unen a otros grupos y sobreviven”, explicó Santiago D’Alessio.



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