CIENCIA PABLO GOLDSCHMIDT, VIRÓLOGO ARGENTINO

Ebola: “Fue osado que la OMS haya declarado el alerta sin datos precisos”

El investigador radicado en París dice que no hay cifras de años anteriores como para hablar de epidemia. La estrategia usada en la Argentina contra el mal de los rastrojos, posible clave.

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Foto:Gentileza Pablo Goldschmidt

Viajó innumerables veces a Africa para intentar ponerle freno a la ceguera que produce el tracoma, una enfermedad ocular bacteriana transmitida por las moscas que, por la falta de higiene, anidan en los ojos de los más chicos. Por eso conoce a la perfección la idiosincrasia de países tan lejanos de su Argentina natal, y es un referente obligado a la hora de poner en contexto lo que ocurre allí con el Ebola. Pablo Goldschmidt es virólogo, graduado en Bioquímica y también en Psicología en la UBA, pero desde hace más de treinta años vive en París, donde es investigador del Hospital Nacional de Oftalmología de Quinze-Vingts. Según le cuenta a PERFIL vía Skype, aunque en los últimos meses no pudo viajar a Guinea para cumplir con las misiones humanitarias en las que participa (debido a las amenazas de muerte del grupo extremista Boko Haram), sigue en comunicación telefónica permanente con sus colegas africanos.

—¿Cómo evalúa la actual situación del Ebola en Africa occidental?
—No sé si estamos frente a una epidemia de Ebola. Al no haber datos precisos de lo que pasó en años anteriores, sólo se puede aceptar que hay un brote de una infección hemorrágica, potencialmente gravísima, en varios países. Le doy un ejemplo: afirman que ésta es la primera vez que el virus llega a Conakry, la capital de Guinea, y yo me pregunto: ¿será así o ésta es la primera vez que los pacientes son atendidos gratis en hospitales públicos y que, a la vez, esos hospitales ahora pueden tomar muestras y enviarlas a analizar al Instituto Pasteur de Lyon, Francia? Me parece osado que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declare la epidemia y genere pánico, sin datos confiables sobre los brotes anteriores.

—¿Por qué cree que la OMS declaró la emergencia sanitaria internacional?
—Uno podría imaginar que hay colegas que necesitan justificar sus salarios. No creo que los efectos del anuncio se deban a preocupaciones profundas por la salud pública de los africanos, sino que anticipan el miedo a que el Ebola sea transmitido a países industrializados.
Debido a la magnitud que tomó la enfermedad, que hasta ayer había provocado 1.069 muertos y 1.975 infectados, y en una medida no exenta de polémicas, esta semana la OMS aceptó el uso de medicamentos aún experimentales para tratar a los pacientes. Uno de ellos se llama Zmapp. “Es un cóctel de anticuerpos monoclonales humanizados contra los virus Ebola. Esto que llaman ‘tratamiento milagro’ se fabrica por medio de una serie de tecnologías que utilizan ‘agrobacterias’ y vectores específicos para la producción de medicamentos en hojas de plantas de tabaco. Todas estas tecnologías y cada fase de la producción de estos anticuerpos monoclonales están protegidas con patentes”.

—O sea, es un gran negocio…
—Eso lo dice usted; yo por ahora no lo sé. Pero lo interesante es que en la Argentina de los años 50 los trabajadores rurales morían por el mal de los rastrojos (fiebre hemorrágica argentina), enfermedad con una tasa de mortalidad tal vez equivalente a la del Ebola de hoy. Gracias a un tratamiento económico que desarrollaron científicos argentinos con apoyo del gobierno estadounidense, la mortalidad se redujo a menos del 1% de los afectados. La terapia se basa en un suero elaborado con plasma de convalecientes de la enfermedad.

—¿Esto podría servir contra el Ebola?
—Los datos científicos justificarían el uso, en pacientes con Ebola, de la estrategia sanitaria aplicada en la Argentina contra el mal de los rastrojos. Hay estudios muy bien diseñados en los que se les administró el suero de convalecientes a monos infectados experimentalmente con dosis masivas de virus de Ebola, que se salvaron. Estos trabajos se confirmaron con otros animales infectados.

—¿Y por qué cree que no se tuvo en cuenta este antecedente?
—No quiero entrar en la paranoia con argumentos fáciles de complots industriales, ni en la discusión del lucro permanente de la industria; sin embargo, desde un punto de vista institucional y de política sanitaria internacional de urgencia, es llamativo el grado de ingenuidad de quienes deciden sobre la salud de todos. Tal vez la respuesta resida en que los derivados de la sangre, su preparación y purificación, son procedimientos conocidos, que no producen artículos patentables y no parecen ser potenciales fuentes de beneficio financiero.

 

La fiebre chikungunya

A la hora de explicar las razones detrás de la irrupción de virus como el Ebola y el chikungunya, que hasta hace poco eran ajenos para el mundo occidental, Goldschmidt señala: “No creo que los virus se estén globalizando; los riesgos aumentan por la democratización de los viajes en avión, las excursiones a bosques y selvas, y por la pobreza, que hace que la gente se vaya a vivir a zonas en las que se expone a insectos que transmiten infecciones”. Y agrega: “Si bien no siempre, muchas veces las epidemias son catástrofes culturales, relacionadas con las acciones humanas”.

Tras la confirmación de dos casos “importados” de pacientes con fiebre chikungunya en el país, Pablo Goldschmidt reflexiona: “El chikungunya es un problema serio, doloroso y de larga duración, aunque con mortalidad muy limitada. Es necesario que la gente comprenda la importancia de protegerse y evitar que los mosquitos propaguen el virus”. En este punto, aconseja: “Eliminar los reservorios naturales de los mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictis, que son los que transmiten la enfermedad.



Luciana Díaz