CIENCIA EL FRAUDE CIENTIFICO DE HOLLYWOOD

El falso 10% de ‘Lucy’ y otros mitos sobre el cerebro humano

Al contrario de lo que plantea el film de Luc Besson, las personas utilizan toda su capacidad cognitiva. Diez ‘neuromitos’ populares, al descubierto.

Foto:Cedoc Perfil

Con el estrenó en Argentina de Lucy, la última película de Luc Besson, protagonizada por Scarlett Johansson y Morgan Freeman, Hollywood explota una vez más el argumento de que una persona puede incrementar su capacidad cognitiva gracias a una droga. El tema ya había sido abordado en Sin límites (2011), film basado en la novela The Dark Fields. Como se puede leer en los afiches que promocionan Lucy, el film parte de una premisa falsa pero que goza de gran aceptación popular: que los humanos utilizan sólo el 10% del cerebro. PERFIL conversó con científicos para derribar los diez neuromitos más arraigados en la sociedad.

1 Los seres humanos sólo usan el 10% del cerebro. El cerebro funciona en forma interconectada y tiene gran nivel de actividad, aun cuando creemos que no hacemos nada. “Las neuronas que no trabajan mueren, esto es así desde los primeros meses de vida y a lo largo del desarrollo. Literalmente no existe ninguna evidencia científica de las neurociencias cognitivas contemporáneas que avale este mito”, dice Agustín Ibáñez, director del Laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias de Ineco. Otro de los puntos es que el cerebro representa el 2% del peso corporal. Pero consume nada menos que el 20% de la energía del organismo. Mantener el 90% de sus células inactivas sería un costo desmesurado desde el punto de vista evolutivo.

2 El cerebro está inactivo mientras dormimos. Numerosos estudios ligados al sueño muestran una intensa actividad cerebral al dormir. “El cerebro está tan activo cuando dormimos como cuando estamos despiertos. De hecho ‘espera’ ese estado para ejecutar distintas funciones específicas de ese estado que consumen mucha energía”, explica el biólogo Mariano Sigman, director del laboratorio de Neurociencias de la Universidad Torcuato Di Tella.

3 El tamaño del cerebro determina la inteligencia. Hay personas que tienen un cerebro más grande y no por eso son más inteligentes. “La inteligencia no depende tanto del tamaño del cerebro como de la cantidad de redes neuronales, de comunicaciones entre las neuronas”, sostuvo Santiago O’Neill, jefe de Neurología Cognitiva del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.

4 Escuchar a Mozart nos hace más inteligentes. “Es un mito que escuchar de manera pasiva Mozart te haga más inteligente o haga más inteligente al bebé por nacer ya que una mamá lo expuso en el vientre a estas melodías. Sí hay que destacar que escuchar cualquier tipo de música en un contexto, por ejemplo, terapéutico y guiado puede ayudar al desarrollo de la inteligencia de las personas. Pero darle play a Mozart estando sentados no nos hará más inteligentes como por arte de magia”, advirtió Sigman.

5 Como en Lucy, existen drogas para hacer al hombre más inteligente. No existe una droga de la inteligencia, pero sí lo que hoy se conoce como neuroenhancement algo así como un neuromejoramiento. “Algunos fármacos están siendo usados no sólo para tratar afecciones, sino por ejemplo para volvernos más sociables (oxitocina y vasopresina), más atentos o concentrados (modafinilo), para proteger nuestro cerebro (memantina) o para tener mejor memoria (donezepilo)”, explica Ibáñez. El rol de estos y otros fármacos como factores protectores y aumentativos de capacidades cognitivas no está aún bien comprendido.

6 El cerebro se divide en dos hemisferios: el derecho tiene que ver con lo creativo y el izquierdo con lo racional. Es falso que cada función del cerebro está localizada en un área que trabaja en forma independiente. Según Sigman, las distintas estructuras del cerebro trabajan en red. Sin embargo, sí hay algunas regiones especializadas; por ejemplo, existe una región específica para reconocer las caras, aunque aún se desconoce por qué. Según el biólogo el cerebro está en una suerte de equilibrio entre la repartición territorial de funciones y cierta elasticidad para que una misma región no esté inequívocamente asociada con una única función.

7 El cerebro funciona como una computadora. Falso. Como explica el matemático Stanislas Dehaene, las computadoras actuales están muy lejos de la forma de funcionamiento del cerebro. Tienen un sistema central que gira a gran velocidad, pero procesando una información por vez. Con el cerebro ocurre exactamente lo contrario: va lentamente, pero trabajan cien mil millones de neuronas en paralelo, todas al mismo tiempo. El cerebro es un dispositivo de tratamiento de la información y tal vez un día alcanzaremos a reproducir sus capacidades con una máquina. Por el momento no hay una arquitectura para eso.

8 Al envejecer perdemos muchas neuronas. “La realidad es que lo que vamos perdiendo son conexiones neuronales, y eso es parte del envejecimiento. Hoy se sabe que lo que hace que una persona tenga más o menos capacidad o inteligencia está determinado por las conexiones neuronales y no tanto por sus neuronas. El envejecimiento saludable tiene que ver con el control de los factores de riesgo (tabaquismo, colesterol, hipertensión) la actividad física, estar activo mentalmente y las relaciones interpersonales.

9 Las personas zurdas son más talentosas. Estudios realizados en el Reino Unido, EE.UU. y Australia revelaron que las habilidades de los zurdos son tan diversas como las de los diestros. Aun así hay una tendencia a rotular a los zurdos como personas más talentosas que los diestros en algunas actividades como las artes y los deportes. Pero los expertos prefieren no caer en conclusiones simplificadoras. La ciencia desconoce el motivo por el que una persona es zurda o diestra. Estaría asociado a factores genéticos, hormonales, de desarrollo e, incluso, culturales.

10 Después de los 60 años el cerebro ya no aprende. “Esta idea forma parte de otro supuesto más general: que nuestro cerebro sólo aprende durante los llamados ‘períodos críticos’. Nuestro cerebro no para de aprender, pero ello no ocurre de forma homogénea. Por ejemplo, algunos procesos de aprendizaje –como los aspectos semánticos del lenguaje– no experimentan períodos críticos y el proceso de aprendizaje no se detiene; mientras que otros –como los aspectos fonológicos y de pronunciación del lenguaje– sólo se aprenden en profundidad en la infancia y la niñez.
Pero, sin duda, independientemente de la existencia de dichos períodos, la plasticidad cerebral se manifiesta a lo largo de todo el ciclo vital. Y aunque muchos procesos cognitivos comienzan a declinar luego de la madurez, la plasticidad cerebral asociada al aprendizaje sólo se detiene cuando también lo hace nuestra vida”, concluyó Ibáñez.



Florencia Ballarino / Martina Rua