CIENCIA EL MEJOR REGALO

Hijos donaron un riñón a sus mamás para salvarles la vida

No dudaron en posibilitar el trasplante. El vínculo materno, clave en la recuperación.

Para la mayoría de las personas, elegir un regalo para el Día de la Madre es fácil y rápido: flores, un chocolate o alguna prenda. Pero hay algunos pocos casos donde el obsequio adquiere otra dimensión; situaciones en las que un hijo puede regalar algo intangible, pero invaluable: otra chance a la vida de quien lo trajo al mundo. Bárbara, Eduardo y Matías pudieron donar un órgano a su mamá. Estas son sus historias.

Dar y recibir. Hace cinco años Bárbara Rueda se enteró de que podía ayudar a su mamá, María Mosquera, de una manera muy especial: donándole un riñón. María venía padeciendo insuficiencia renal crónica severa. Y después de mucho tiempo en diálisis, el trasplante era lo único que podía ayudarla a seguir viviendo.

Los médicos del Hospital Italiano les explicaron que si los análisis daban compatibilidad, Bárbara podría recibir un riñón de María.  Por supuesto, no fue fácil. “Yo no lo dudé ni un segundo; a pesar de algunos miedos de mi marido; y también de mamá, que no quería exponerme a ningún riesgo. Al final le dije: Yo estoy, te necesito y tus nietos te necesitan mucho tiempo más”, recuerda Bárbara, aún hoy emocionada. “Es que devolverle algo de vida a quien te dio la vida es una experiencia única”, explica.

Hoy, cinco años más tarde, cuando habla de su hija María sonríe con toda la cara. “Es que es muy fuerte. Tengo una parte de mi hija conmigo para siempre. Uno siempre espera darles, no recibir de ellos y mucho menos algo así de vital. Pero a ella le salió del alma. Y ahora, cada vez que me cuesta cuidarme pienso que se lo debo a ella”.

Calidad de vida. Emilia Carabajal es ama de casa y vive con su marido en Salazar, un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires. En sus 60 años, la vida le dio cuatro hijos y diez nietos. Y, según su familia, “cocina las mejores albóndigas del mundo”. En 2008 los riñones de Emilia enfermaron y en poco tiempo tuvo que empezar a dializarse, proceso que soportó durante casi cinco años. “Ella ya estaba sufriendo mucho. Tenía problemas con los catéteres y para cada sesión debía viajar 140 kilómetros, varias veces a la semana. Volvía muy cansada”, recuerda su hijo Eduardo Barrios.

Emilia estuvo mucho tiempo en lista de espera por un donante cadavérico, hasta que hace pocos meses los médicos reunieron a la familia y les dieron otra alternativa: un trasplante con donante vivo.
Los cuatro hijos no lo dudaron y se ofrecieron, pero le tocó en suerte a Eduardo, quien era compatible. “Ella quería, pero también tenía temor. Y me preguntaba si yo estaba totalmente convencido de hacerlo”, cuenta Eduardo. Él no dudaba: “es que ella tenía vida, pero de muy mala calidad”.

En su decisión lo ayudó un recuerdo de los que marcan: “nací con complicaciones y pasé 15 días en terapia intensiva. Me contaron que durante ese tiempo ella no se movió de al lado de la cuna”. Hace pocos días ambos se internaron en el hospital Penna de Bahía Blanca; donde un equipo coordinado por el doctor Pablo Mele los operó. Hoy Eduardo ya está en su casa y Emilia, aún internada, sigue recuperándose.  “Cuando salga de alta y pueda, ya sé cómo vamos a festejar: le voy a pedir albóndigas”.

Aprendizaje. Sandra tenía ya cinco hijos, nietos y una buena vida cuando en 2005 su riñón comenzó a fallar. Como muchas otras personas, comenzó a dializarse. “Tuve muchas complicaciones, algunas graves”, recuerda ahora, desde su casa en Santa Teresita. Mientras esperaba  un órgano, los médicos mencionaron la posibilidad de un donante familiar. Su hijo Maxi fue el primero que se hizo las pruebas, pero no fue compatible. Cuando Sandra tuvo en febrero otra dificultad grave, Matías, de 24 años,  le pidió a los especialistas acelerar las cosas.  “Yo sentía que ella tenía muchas ganas de vivir. Por suerte, los estudios nos dieron bien y en junio de este año se concretó el trasplante. Ahora estoy orgulloso, sobre todo cuando mamá sale a caminar y la veo bien”.

También para Sandra fue un largo camino de aprendizaje. “Es que hace 15 años mi hija falleció en un accidente de auto y, en ese momento, los médicos me preguntaron si quería donar sus órganos pero yo no quise. Ahora, si pudiera, lo haría sin dudar”. 

Más de mil cirugías en el año

Según el último informe del Cucaiba, de principios de octubre, en todo el país hay 10.860 pacientes en lista de espera para ser trasplantados, de los cuales 4.624 son de la provincia de Buenos Aires. En lo que va de este año se concretaron 1.023 trasplantes en el país.

La mayor cantidad de estas intervenciones se hacen a partir de donantes cadavéricos. Sin embargo, la legislación argentina contempla algunos casos donde el donante puede estar vivo. En concreto, para el caso de órganos como riñones o hígado, es posible esta donación, pero sólo para trasplante a familiares con hasta el cuarto grado de consanguinidad. También para médula ósea que, incluso, tiene todavía menos limitaciones.

Por otra parte, el próximo domingo no sólo se podrá elegir candidatos a legisladores: por iniciativa del Ministerio de salud de la Nación, la ciudadanía también podrá expresar su voluntad de donar órganos a través de una línea telefónica gratuita donde operadores capacitados registrarán a las personas que deseen manifestarse.

Para hacer efectiva su voluntad de donar órganos, los interesados mayores de 18 años podrán comunicarse el domingo de 8 a 20 horas, al 0800-555-4628 desde cualquier punto del país.



Enrique Garabetyan / Martina Rua