CIENCIA ESTUDIO DEL IECS Y DEL IMPERIAL COLLEGE DE LONDRES


Malnutridos: el 75% de los argentinos con más de 34 años sufre sobrepeso u obesidad

El problema es mayor en los grupos de bajos ingresos. Ya hay más personas gordas que flacas. El Ministerio de Salud actualizó las guías alimentarias con una nueva gráfica.

El problema es mayor en los grupos de bajos ingresos. Ya hay más personas gordas que flacas. El Ministerio de Salud actualizó las guías alimentarias con una nueva gráfica.
El problema es mayor en los grupos de bajos ingresos. Ya hay más personas gordas que flacas. El Ministerio de Salud actualizó las guías alimentarias con una nueva gráfica.
Foto:cedoc
El mundo pasó de una época en que la prevalencia de bajo peso duplicaba a la de obesidad a tener, en la actualidad, más personas obesas que con insuficiencia ponderal. Y Argentina no escapa a esta tendencia. Además, el problema del sobrepeso y la obesidad avanza entre los más pobres, quienes no tienen acceso a alimentos de buena calidad nutricional y actividad física recreativa.
Estas son las conclusiones de un estudio que el grupo NCD Risk Factor Collaboration publicó recientemente en la revista The Lancet y que analiza la tendencia del Indice de Masa Corporal (IMC) de casi veinte millones de adultos de 186 países en cuarenta años.
El trabajo, en el que participaron distintos grupos de investigación internacionales coordinados desde el Imperial College de Londres, halló que en cuatro décadas la obesidad global entre los hombres se triplicó, pasando de 3,2% en 1975 a 10,8% en 2014, y que en las mujeres se duplicó (6,4% a 14,9%). En la Argentina, el IMC promedio (un indicador que relaciona el peso y la altura) en los hombres aumentó de 24,7 a 27,6, y en las mujeres, de 23,6 a 27,2.

Dilema. “La obesidad como problema de salud pública es relativamente nueva. Empezó en los países desarrollados, pero después se generalizó. El envejecimiento poblacional, las modificaciones en el estilo de vida, los cambios en la dieta y una disminución dramática de la actividad física contribuyeron a que la obesidad, que en la década del 70 no pasaba del 10% de la población, hoy se haya transformado en el principal problema de salud pública”, explicó a PERFIL Adolfo Rubinstein, director general del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS).
Rubinstein y su equipo aportaron datos a la investigación internacional a través del estudio Cescas, que mide el estado de salud cardiovascular de la población de Argentina, Chile y Uruguay.
La última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo del Ministerio de Salud de la Nación, de 2013, halló una prevalencia de obesidad del 21%, un 40% más que en 2005. “En nuestro estudio, en la población de entre 34 y 75 años, encontramos valores más altos. La prevalencia de obesidad supera el 30%. Si a eso le sumás el sobrepeso, estamos hablando del 75% de la población. Esto quiere decir que tres cuartas partes de la población adulta en la Argentina tienen sobrepeso u obesidad”, sostuvo Rubinstein.
Existe, además, un agravante social. La prevalencia de la obesidad es más alta en los grupos de bajos ingresos y menor educación. “En nuestro estudio, la frecuencia de la obesidad entre aquellos que solamente habían completado la escuela primaria era del 41%, versus menos del 30% entre los que tienen estudios universitarios. La comida sana es menos accesible para los grupos que tienen menor capacidad adquisitiva y menos actividad física recreativa”, puntualizó.

Políticas. Para el especialista, hay dos grandes grupos de intervenciones para combatir la epidemia de obesidad: políticas públicas (por ejemplo, el impuesto a las bebidas azucaradas que introdujo México o las advertencias en las etiquetas de alimentos con altos contenidos de sal o azúcar que implementó Chile) y políticas dirigidas a los grupos de riesgo, que tienen que ver con el aspecto clínico. “Hoy por hoy, a menos que tomemos políticas publicas más agresivas, no vamos a poder cambiar esto”, opinó.
El Ministerio de Salud de la Nación busca dar un primer paso en este sentido con la creación de una agencia o instituto nacional de nutrición (ver entrevista a Cormillot en pág. 41). Y después de 16 años, actualizó las guías de alimentación. La nueva gráfica reemplaza la tradicional pirámide nutricional por un círculo: en una mitad hay frutas y verduras, ya que es el grupo de alimentos que más se deben consumir (cinco porciones por día). Luego se hace foco en la ingesta de agua (ocho vasos por día) y lácteos. También de legumbres, carnes, aceites y semillas. No se prohíben los dulces y las grasas, pero sí se aconseja reducir su consumo. Además, se recomienda hacer más actividad física y limitar el uso de sal.

Bajo consumo de frutas y verduras
“La obesidad es un fuerte predictor de diabetes, de enfermedad cardiovascular y de cáncer”, explicó Adolfo Rubinstein, quien dirige el estudio Cescas. El objetivo de este trabajo es investigar la prevalencia y distribución de los factores de riesgo, así como también la incidencia de la enfermedad cardiovascular en la población general de cuatro ciudades del Cono Sur de Latinoamérica. Entre los resultados, el 85% de los adultos de nuestra población consumía menos de cinco porciones de frutas y vegetales por día, el 35,2% reportó un bajo nivel de actividad física, y el 29,7% fumaba. La proporción de individuos con más de tres factores de riesgo cardio-vascular alcanzaba el 68,3%”.