CIENCIA RESISTE CLIMAS EXTREMOS

Prueban en la Antártida un refugio móvil 100% nacional

El domo fue creado por dos innovadores cordobeses. Tiene una superficie de 12 metros cuadrados y se arma en un día.

Prototipo. Está ubicado en las inmediaciones de la base Esperanza, en la Antártida.
Prototipo. Está ubicado en las inmediaciones de la base Esperanza, en la Antártida. Foto:Inti
Pintado de un naranja furioso, la estructura semiesférica armada sobre el glaciar ya está lista para completar su primer examen de campo: debe soportar indemne su primer invierno polar y resistir las tormentas de nieve y vientos de hasta 140 km/hora que se abaten regularmente sobre la Antártida. Se trata de un prototipo de refugio de nueva generación, diseñado por dos cordobeses entusiastas de la vida outdoor, que se lanzaron a un emprendimiento original y que apuntan a conseguir una certificación de calidad: aprobar –sin daños estructurales– el duro ataque del clima invernal del continente blanco.

“Armar estructuras con forma de domo es muy antiguo. Pero normalmente se hacían con maderas, caños y lonas. Nosotros buscamos mejorar esa idea tradicional para poder disponer de un refugio que fuera muy resistente desde el punto de vista estructural. Pero que también fuera liviano de transportar y de ensamblado rápido en el lugar en el que se va instalar”, le enumeró a PERFIL el ingeniero Julián Demo, fundador junto a Mariano Bearzotti del emprendimiento cordobés.
Luego de muchos estudios, armado de prototipos y simulaciones de diseño, se volcaron por esta tradicional (y probada) forma semiesférica “que se inspira en la naturaleza, y a la que se puede ver en colmenas y nidos, porque aporta ventajas. Por ejemplo, facilitar que el calor se distribuya de manera uniforme, algo clave para lugares de clima inhóspito”.

Para obtener resistencia y facilidad de armado –completarlo lleva apenas un día de trabajo– diseñaron una serie de paneles hexagonales estandarizados, compuestos de tres capas con forma de sandwich. “Tanto en el exterior como en el interior son de fibra de vidrio y en el medio llevan espuma de poliuretano. Con esto logramos buena aislación térmica que ayuda a conservar el calor”, explicó Demo. Cada parte es estándar, encastran entre si y se ensamblan en seco, sin necesidad de pegamentos ni piezas extras. Solo es necesario ajustar los paneles con tornillos para darle máxima resistencia.

En su parte superior el domo cierra con una claraboya de policarbonato por donde entra luz natural. “Para minimizar las pérdidas de calor la diseñamos pequeña. Y para iluminar el refugio instalamos paneles de luces LED de bajo consumo, que se alimentan desde una batería que se recarga desde un panel solar o con un pequeño motor de combustible”, detalló Demo.

Como la idea es producir estos refugios en serie, recurrieron a diversos expertos del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). “Los asesoramos sobre normativas vigentes y los ayudamos a completar diversos conceptos e ideas de diseño” resumió el ingeniero Julio Sánchez, director del Centro Aeronáutico y Espacial del INTI. Ahora el refugio cordobés cumple su función y da su examen desde la pista aérea, ubicada a tres mil metros de la base Esperanza, en plena península Antártica.