CIENCIA CAROLINA NANCLARES, MEDICA

Una argentina en la primera línea de lucha contra el Ébola

Trabaja como coordinadora de emergencias de Médicos sin Fronteras. “La población oculta casos por temor”, le dijo a PERFIL.

Foto:Cedoc

Una argentina salva vidas en la primera línea de lucha contra el Ébola. Carolina Nanclares tiene 39 años, estudió en la UBA  y es coordinadora médica de la Unidad de Emergencias de Médicos sin Fronteras (MSF), la organización que más pacientes ha tratado desde el inicio de la epidemia en África. Ésta es su quinta intervención en un brote de Ébola desde que comenzó a trabajar con MSF en 2006 y, admite, una de las más difíciles por la desconfianza que existe entre la población y la alta letalidad del virus.

Su primera intervención fue en Uganda, en 2012, y este año participó en las respuestas de Guinea y Nigeria. Actualmente, se encuentra en República Democrática del Congo (RDC), adonde llegó el 9 de septiembre, dos semanas después de declarada oficialmente la epidemia, que en ese país ya causó la muerte de 49 personas. “A pesar de tratarse de la misma cepa responsable de la epidemia en el oeste de África, el Ébola Zaire, el brote de la RDC es independiente de aquélla. Es decir, no existe relación entre una epidemia y la otra, ya que la secuenciación del virus evidenció que es otro subtipo”, le explicó a PERFIL vía e-mail.

—¿Qué situación encontraste al llegar a África?
—La RDC ha sufrido varias epidemias desde el descubrimiento del virus, en 1976. De hecho, el virus lleva el nombre de un río de este país. Esta es la séptima. La epidemia se encuentra localizada en la provincia de Ecuador, una zona de selva tropical al noroeste del país. A pesar de la experiencia, la aparición del Ébola siempre produce temor en la población. Su alta mortalidad y capacidad de transmisión han sido causa de pánico. Este temor a lo desconocido lleva a explicaciones diversas, que van desde un mal divino, la brujería o una introducción intencional del virus desde el “exterior” para aniquilar a la población. Una intervención de respuesta a una epidemia de Ébola conlleva un importante componente de sensibilización y comunicación con la comunidad, a fin de informar y desmitificar los rumores que nacen alrededor de la enfermedad, puesto que para cortar la cadena de transmisión es primordial la colaboración de la población.

—¿Qué tareas realizás para contener el virus?
—Mi rol dentro del equipo de MSF es de coordinadora médica. Esto implica la coordinación con los otros actores presentes y apoyar a los equipos médicos en las distintas actividades, tanto dentro del Centro de Tratamiento de Ébola como en la periferia. Para contener el virus, se debe identificar de forma temprana los casos, con dos objetivos: brindar atención médica para mejorar la supervivencia y aislar al paciente de la comunidad para cortar la cadena de transmisión. Inmediatamente, se debe identificar a los sujetos que han estado en contacto con el paciente y seguirlos de forma diaria durante 21 días, que es el período de incubación más largo que ha sido descripto. De esta forma, si uno de los contactos comienza con síntomas, se lo puede aislar del resto de forma inmediata y evitar la propagación del virus.

—La epidemia ha golpeado también al personal de salud. ¿Qué recaudos tomás para prevenir el contagio?
—Lamentablemente, en cada epidemia de Ébola uno de los grupos afectados por la enfermedad es el del personal de salud, especialmente al principio de la epidemia. Por lo general, los sitios afectados son alejados, aislados, donde el personal de salud dispone de pocos medios de protección (guantes, material de desinfección, jabón para lavarse las manos) y no se respetan medidas de precaución básicas. MSF sigue estrictos protocolos de seguridad para el personal que atiende pacientes con Ébola. Se utilizan trajes especiales de material impermeable, doble par de guantes, máscaras y capucha para proteger la cabeza y la cara y antiparras, botas de goma y un delantal de goma. Toda la superficie corporal queda cubierta y de esa forma se evita todo contacto con material contaminado del paciente.

—¿Cuáles son las dificultades que encontrás para hacer frente a esta epidemia?
—La epidemia en RDC presenta como particularidad su ubicación en una zona tropical aislada en el norte del país, donde la accesibilidad geográfica es muy difícil. La mayoría de los sitios son inaccesibles en vehículo, sólo se puede llegar en moto, y a algunos únicamente a pie. El epicentro de la epidemia se localiza en un pueblo donde no existía infraestructura. Para dar una idea: hay un río que se debe cruzar desde el pueblo grande más cercano. Hacía 25 años que un vehículo no cruzaba ese río. Todo esto ha resultado un verdadero desafío logístico. Otras dificultades se relacionan con la percepción y la aceptación de la población. La desconfianza, los rumores, el miedo llevan a la población a ocultar los casos. Hay que ganarse la confianza de la gente antes de poder realmente tener un impacto, y eso muchas veces se traduce en gran número de muertes.

“Vemos familias enteras devastadas”

A pesar de que esta es su quinta intervención en una epidemia de Ébola, Carolina cuenta que desde el punto de vista personal la de RDC es una de las más difíciles. “Muchas veces nos vemos confrontados a muchas muertes, familias enteras que se ven devastadas en un curso de tiempo muy corto. La falta de disponibilidad de tratamiento específico y las medidas de seguridad a adoptar por el personal de salud hace que los cuidados médicos que se pueden brindar tienen un límite y esto para el personal sanitario es frustrante. Sin embargo, los festejos, las sonrisas y la alegría que provocan el mandar a casa curados a los pacientes que logran vencer la enfermedad con nuestra ayuda hacen que todo valga la pena”.

Carolina trabaja en MSF desde 2006. “Sigo porque me encanta, me da felicidad y sé que yo también le puedo aportar a MSF. “Hoy en día no me veo para nada siendo médica de otra forma; para mí practicar la medicina es esto”, concluyó.



Florencia Ballarino