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A patacón por cuadra

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El ciclo del vocablo “patacón” coincide con el ciclo de la relación de Argentina en el mercado mundial y marca la línea de sutura de una herida que no cierra. En Argentina se conoció como “patacones” a una serie de monedas de plata emitidas en el período 1881-1883, cuando se estableció el primer sistema monetario único, que reemplazó al caótico sistema que hasta entonces había funcionado, con una variedad de tipos de moneda.

El ciclo se cierra (o se abre hacia otra cosa) con los bonos de emergencia emitidos entre 2001 y 2002, durante la gobernación de Carlos Ruckauf, como moneda paralela bonaerense destinada a paliar la crisis de liquidez de 2001.

Las Letras de Tesorería para Cancelación de Obligaciones llevaban impreso el nombre “patacón”, con el que se popularizaron dentro del conjunto de 13 cuasi monedas que circularon al mismo tiempo.

Como el contexto de aparición de las cuasi monedas fue la Ley de Convertibilidad, que establecía una equivalencia formal entre el peso y el dólar (un peso = un dólar), la introducción de los patacones (y sus parientes) llevó al sistema de equivalencias a su extenuación delirante porque, transitivamente, si un patacón = un peso, entonces un patacón = un dólar.

La ficción pareció adquirir cierta verosimilitud en las mentes febriles de los argentinos: los Estados provinciales pagaban los sueldos en esa cuasi moneda y la admitían como medio para cancelar obligaciones fiscales y, mediante convenios firmados expresamente, deudas con empresas proveedoras de servicios. Bien pronto cada provincia gestionó sus propios acuerdos con particulares (proveedores de luz, gas, telefonía) para que los bonos y letras fueran aceptados como circulante, e incluso las cadenas de supermercados aceptaron esa forma de pago. La Nación había retrocedido a los “pactos preexistentes” a su nacimiento.

El monto total de emisión llegó aproximadamente a 2.705 millones de patacones, y los bonos se imprimieron en la imprenta Ciccone Calcográfica, nombre que, en el vocabulario de la crisis, sella la relación entre 2001 y 2014.

Al mismo tiempo que los sistemas de equivalencia monetaria enloquecían, sobrevinieron el blindaje (Machinea), el megacanje (Cavallo), el déficit cero (Cavallo, julio de 2001), la intangibilidad de los depósitos (Ley 25.466, agosto de 2001), nada de lo cual pudo detener el “corralito”, ni el “corralón”, ni la “pesificación asimétrica” ni la ley de pago soberano de la deuda.



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