COLUMNISTAS GRECIA Y ARGENTINA

¿A quién beneficia la crisis europea?

A comienzos de semana, Europa consideraba que había “salvado” a Grecia, después de seis largos meses de gestiones, con su programa de ayuda al país en crisis, junto al Fondo Monetario Internacional, por 146 mil millones de dólares.

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A comienzos de semana, Europa consideraba que había “salvado” a Grecia, después de seis largos meses de gestiones, con su programa de ayuda al país en crisis, junto al Fondo Monetario Internacional, por 146 mil millones de dólares. Ese monto representa tres veces el préstamo que Estados Unidos ofreció a México durante el “tequilazo” en 1995, que casi se lleva puesto el Nafta, ese mercado del norte de América que conforman junto con Canadá. Pero el salvavidas no bastó. Los mercados bursátiles siguieron sin confiar en Grecia. Hubo derrumbes que hicieron ruido. En pleno canje de la deuda, el Ministerio de Economía de la Argentina aseguró que la decisión oficial no sería afectada por ese terremoto. Como se intentó explicar, a lo largo de los últimos años desde Atenas se mintió reiteradamente al mundo sobre sus cifras fiscales y sus compromisos con el exterior, con la complicidad de varias entidades financieras, de las que operan internacionalmente. Un paso lamentable en la región del euro, donde las exigencias estadísticas son muy drásticas y severas. De igual manera vienen trastabillando los bancos griegos (que tienen participaciones francesas, alemanas y españolas) que ya perdieron 17 mil millones de euros del socorro que efectuó en su momento el propio débil y mal administrado gobierno de Yorgos Papandreu.

A las puertas mismas del default, la comparación de Grecia con la Argentina de 2001 fue inevitable. ¿Qué une a esas dos experiencias? Una recesión acelerada, las dificultades del tipo de cambio, grandes déficits en las cuentas públicas y un importante endeudamiento. Atada al euro, Grecia no tenía capacidad de maniobra, no podía devaluar para subir a la superficie y tomar aire. Para hacerlo y conseguir cintura flexible se tenía que haber ido del Mercado Común, todo un desastre.

¿Qué diferencia, sin embargo, a los dos países? La magnitud de las cifras. Los expertos consideran que para que Grecia volviera a cierta normalidad se necesitaba 16 veces el monto que buscaba la Argentina en 2001 para no optar por el default. La aceleración de la caída de Grecia fue apabullante. A mediados de abril, sólo se había aprobado una ayuda de 50 mil millones de euros, la mitad de lo que recibió dos semanas después. El Mercado Común, después de una parálisis en la toma de decisiones, optó por creer que al duplicar el monto se podría apagar el incendio. Las crecientes manifestaciones populares asustaron a los dirigentes políticos del Viejo Continente. A todo esto, también se sumó la especulación con títulos de las naciones en riesgo. Timba y pánico son una mezcla explosiva.

El 80 por ciento de los españoles, según las encuestas, ya no cree en la capacidad del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para salir del atolladero. Poco más o poco menos lo mismo le ocurre a José Sócrates, a cargo del poder en Lisboa. No le van a la zaga ni Irlanda ni Italia, del mismo modo ahogadas. ¿Cuánta ayuda requieren los países en rojo? ¿500 mil millones de euros? ¿Un billón? Números inviables.

Nouriel Roubini, el experto que predijo la crisis mundial desatada en 2008, advirtió que la cesión de montañas de dinero no alcanzarían y Grecia estaba condenada a un default forzado. Acabaría, así, la vida de la Eurozona. La población griega continuó, dándole la espalda a la ayuda, con manifestaciones cada día más concurridas y violentas. El ajuste ya en ejecución exige racionalización profunda de personal, achique de las jubilaciones, baja de salarios.

Según opinión generalizada, habría llegado la hora para que Europa endurezca la supervisión de las estadísticas nacionales y la exigencia de disciplina presupuestaria de cada uno de los participantes del euro. De todas maneras, Europa no puede imponer demasiados criterios. Alemania, la locomotora, tiene un límite para seguir aportando al pozo sin límite de los que limitan con el mar Mediterráneo.

¿A quién beneficia esta compleja crisis europea? A Estados Unidos, que saldrá ganando si se produce un giro de importantes capitales que cruce el Atlántico. Y desataría una pelea que llegará a herir el comercio internacional donde todo el mundo es el que pierde.


*Periodista especializado en Economía.



Daniel Muchnik