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¿A quién votar? Una solución rápida al histórico dilema de razón y fe

Tanto la razón como la fe son operaciones de la mente humana que es esencialmente imperfecta pero, a pesar de la fragilidad estructural, mantienen un orden natural.

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Cómo quedaron las candidaturas.
Cómo quedaron las candidaturas. Foto:Cedoc

Fe es creer sin pruebas. Razón es guiar los pensamientos de manera coherente y lógica con el objetivo de arribar a conclusiones válidas.

Ambas, son operaciones mentales que persiguen la verdad: la fe por el camino supersticioso, la razón por la vía comprobable.

Hay infinidad de autores que contraponen estos dos conceptos y se hace un embrollo. La solución es muy simple, son procedimientos complementarios, aunque no de cualquier modo: deberíamos siempre guiarnos por los hechos (por la razón) siempre y cuando podamos. Habrá veces (no son pocas) que nuestra limitación humana nos impone un interrogantes imposibles de contestar “razonablemente” y es en esos casos, y sólo en esos casos, que deberíamos recurrir a usar la fe; es decir, cuando nuestra intención de utilizar la razón colisione frente a la imposibilidad de articularla. Esto puede ocurrir por diversos motivos (por razones de sintaxis no los detallaré).

La fe, entonces, debería saltar en esos momentos como los airbags frente a un choque. Estos airbags de la fe, al igual que en el ejemplo, deberían ser funcionales a nosotros y a nuestro entorno. Imaginen si en lugar de almohadas amortiguadoras y protectoras salieran espadas afiladas, o si frente a un choque, el auto detonara automáticamente en su interior una bomba expansiva.

Otro problema ocurre cuando usamos la fe antes de explorar un asunto con la razón. Sería trasladable a sentarnos en un auto, activar un botón para que salieran los airbags, luego ponerlo en marcha y en esas condiciones salir a manejar.

Todo esto, que impresiona un dislate, no lo es. Huelgan casos de personas, incluso muy inteligentes, que privilegian la fe frente a la razón. Los hay también quienes atesoran una fe que repercute negativamente en otros y/o les exige a ellos mismos insólitos sacrificios y los deteriora.

Hay un aspecto topológico (de espacio): una va antes que la otra. Pero también un aspecto dinámico: deben ser pulsantes. Así, la razón no debería rigidizarse sino estar buscando permanentemente comprobar si hay pruebas/hechos más actualizados a verdades ya establecidas, o bien reemplazar a la fe cuando pueda recuperar ese territorio en base a pruebas alcanzadas. Mientras que la fe, a su vez, podría cambiar de objeto si encontramos (o si incluso inventamos) otro argumento en el cual creer que integralmente nos beneficie más.

Tanto la razón (1) como la fe (2) son operaciones de la mente humana que es esencialmente imperfecta pero, a pesar de la fragilidad estructural, mantienen un orden natural (1-2) y alterarlo puede conllevar a infaustas consecuencias.

A días de las elecciones, es un buen momento para recordarlo.

Twitter: @llavemaestraok