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A un año del Big Bang

Momento bisagra: estamos a un año de aquel triunfo de Vidal y a la vez falta un año para las elecciones de octubre de 2017.

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MARIA EUGENIA VIDAL, el 25 de octubre de 2015.
MARIA EUGENIA VIDAL, el 25 de octubre de 2015. Foto:Cedoc Perfil
Massa dice que le gustaría dormirse y despertar recién en 2019. Estas elecciones de 2017 son un problema tanto para el oficialismo como para la oposición.
 
Todos precisan ganar, pero qué significa ganar es algo que también está en discusión. Y nuevamente, la provincia de Buenos Aires será el escenario central, como hace un año, cuando el triunfo de María Eugenia Vidal marcó el fin del kirchnerismo, haciendo la segunda vuelta para Macri casi un trámite. Es que hace un año comenzó un Big Bang político de incierto destino para el peronismo, el radicalismo y el sistema político.

Massa dice que le gustaría dormirse y despertar en 2019. Las elecciones 2017 son un problema para todos

Es un momento bisagra: estamos a un año de aquel triunfo de Vidal y a la vez falta un año para las elecciones de octubre de 2017, en las que se dirimirá el futuro de Cambiemos y de los partidos políticos, según quién sea el ganador. Pero ganar dependerá de la narración que se logre imponer. Asumiendo la centralidad de la provincia de Buenos Aires, ganar puede ser para Cambiemos aumentar sus legisladores en ese distrito, algo más fácil porque en las anteriores elecciones legislativas de medio turno, en 2013, Cambiemos no existía y el PRO se subsumió dentro del Frente Renovador de Massa.

Ganar la elección a senadores en la provincia de Buenos Aires es menos previsible tanto para Cambiemos como para la oposición, dado que ganan senadores quienes salen primero y segundo pero, según quiénes sean los candidatos del peronismo, podría haber una especie de triple empate entre Cambiemos, el Frente Renovador y el PJ-K si fuera unido, haciendo que cualquiera pueda salir tercero. Lo que sería desastroso para Massa y Macri, quienes precisan revalidar sus aspiraciones presidenciales para 2019.

Mucho gira en torno a si Cristina Kirchner decide ser o no candidata en la provincia de Buenos Aires porque, a pesar de todas las denuncias sobre corrupción, la ex presidenta continúa con un 30% de aprobación en la Provincia, concentrado especialmente en el Conurbano. Pero en las dos terceras partes de la población que no votarían por Cristina Kirchner produce mucha sorpresa ese apoyo que aún consigue. Tratando de explicarlo, como también las consecuencias políticas y electorales que podría tener la eventual detención de Cristina Kirchner, PERFIL publica un extenso reportaje a Mario Wainfeld, quien junto con Verbitsky es el periodista político de referencia del kirchnerismo. El cuestionario persigue una respuesta totalizadora a por qué siguen siendo kirchneristas a pesar de las pruebas sobre corrupción.

En los canales de televisión con más rating y en varias de las radios más escuchadas, no se entrevista a kirchneristas (o sólo para criticarlos) porque bajan el rating. La audiencia, enojada, cambia de canal o de radio cuando aparece alguien que contradice sus opiniones. Pero la prensa escrita, que se dirige a una audiencia más formada, tiene la obligación de luchar contra la estrechez de miras desafiando nuestra visión de la realidad para ampliarla con aquello que no compartimos. Disentir también requiere comprender.

La extinción del kirchnerismo o su licuación en el peronismo tendrá consecuencias muy distintas para el futuro del sistema político que su persistencia como una primera minoría dentro del peronismo, pudiendo hasta dividirlo.

También, que Cambiemos gane las elecciones de 2017 y Macri sea reelecto en 2019 o no tendrá consecuencia sobre la posible licuación o no del radicalismo dentro de Cambiemos. O eventuales internas entre los “accionistas” y fundadores originarios del PRO hace diez años: Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Marcos Peña y Gabriela Michetti, versus los que se sumaron después, hace cinco años, como los “peronistas” Emilio Monzó y Rogelio Frigerio.

Las viejas categorías de derecha e izquierda, como las de peronismo y antiperonismo, tienen relevancia cultural y son constructoras de las subjetividades y prejuicios de los políticos que permitirán ordenar el sistema político.

Por ejemplo Stolbizer, al contrario de Carrió y quizá también porque Carrió se acercó primero a Macri, a pesar del pasado kirchnerista de Massa y las críticas que siguió haciéndole hasta hace dos años, se siente más cómoda yendo a legitimar a Massa que a Macri. Otro ex funcionario muy importante del kirchnerismo, Martín Lousteau, eligió que fuera el radicalismo el que lo limpiara de kirchnerismo para, desde la UCR, integrar Cambiemos, mientras que quizá le hubiera sido más difícil ingresar directamente al PRO. Si el propio PRO tuviera internas con una corriente más “nacionalista”, varios peronistas a quienes aún les cuesta pegar el salto y engrosan hoy las filas del Frente Renovador podrían integrarse al PRO.

En cuanto al vector derecha-izquierda, queda también por ver si el Big Bang de hace un año marcó el punto de inflexión generacional con el siglo XX que desanude la ligazón entre
dictaduras militares y derecha haciendo que, tanto en la Argentina como en Brasil, ya no sea vergonzante asumirse de centroderecha y la centroderecha tenga posibilidad de ser masiva además de triunfadora electoralmente de manera sostenida y no sólo como respuesta a una hecatombe.

Tanto la centroderecha como la centroizquierda pueden terminar siendo representadas por el PJ o Cambiemos

Paralelamente, la centroderecha tanto la podría representar Cambiemos como el peronismo, que tiene la mayoría de sus gobernadores con el estilo que antaño hubiera sido típico del conservadurismo popular. Y lo mismo vale para la centroizquierda: el progresismo de la UCR y Carrió puede hacer que Cambiemos sea la socialdemocracia, como que la influencia conceptual del kirchnerismo calara hondo en el peronismo haciendo que parte de él ocupe el lugar de la centroizquierda.

A un año del Big Bang donde Heidi imprevistamente le ganó “a la bestia”, y a un año de tener en las elecciones de medio término el punto que permitirá trazar la línea hacia el futuro, nadie sabe cómo se terminará acomodando el mapa político. Lo cierto es que estamos en ese punto de inflexión del interregno donde lo que está muriendo no pudo aún morir, ni tampoco nacer lo que vaya a hacerlo.