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Acceso financiero: una lección de Zambia para Sturzenegger

En materia de inclusión financiera Argentina es uno de los países que menos ha hecho en los últimos años, y se ubica en el puesto 40 entre 55 países en un ranking que analiza el ambiente regulatorio para la inclusión financiera elaborado por The Economist en 2015.

RETRASO. Argentina, en el puesto 40 de inclusión financiera entre 55 países.
RETRASO. Argentina, en el puesto 40 de inclusión financiera entre 55 países. Foto:cedoc
En materia de inclusión financiera Argentina es uno de los países que menos ha hecho en los últimos años, y se ubica en el puesto 40 entre 55 países en un ranking que analiza el ambiente regulatorio para la inclusión financiera elaborado por The Economist en 2015. Sin embargo, la nueva conducción del BCRA, en el medio de su principal batalla que es contra la inflación, está dando los primeros pasos para recuperar el tiempo perdido, facilitando el acceso a los servicios financieros. No obstante, es necesario también mejorar la educación financiera de la población para que el mayor acceso se traduzca en mayor inclusión.

En cuanto a facilitar el acceso, diversos países africanos son los más activos en materia de cuentas móviles, ampliando mediante el uso de la tecnología celular el acceso a los servicios financieros. Un mes trabajando en Zambia me dejó más enseñanzas de las que puedo plasmar en esta columna, entre ellas que el celular es una excelente herramienta para facilitar servicios, en especial los financieros, entre los más vulnerables.
Zambia es un país considerado de ingreso bajo a medio, con el 60% de su población con ingresos por debajo de la línea de pobreza. Según datos del Global Findex, sólo el 35,6% de la población tuvo acceso en 2014 a una cuenta en una entidad financiera, por debajo del 43% promedio de los países de ingresos bajo a medio y del 50% de Argentina. Sin embargo, como en muchos países del continente africano, el acceso financiero mediante cuentas móviles es elevado. El 12,1% de la población mayor de 15 años tenía una cuenta financiera asociada a su celular, muy por encima del casi nulo 0,4% en Argentina.

No sólo en Lusaka, la capital de Zambia, sino también en Mongu, pueblo de 150 mil habitantes donde viví, o incluso en comunidades más chicas al costado de la ruta, el uso del celular como medio de transferencia de dinero es evidente. Abundan los puestos (en su mayoría se parecen a cabinas telefónicas) donde se puede ir a cobrar el dinero recibido en su cuenta móvil con tan sólo enviar un mensaje de texto. Por lo que además de pagar cuentas de servicios por el celular, es habitual que se use el celular para enviar dinero a familiares que viven en otra ciudad o en una comunidad rural alejada, por ejemplo. Esto, en un país con elevada proporción de población rural que debe caminar largas distancias para llegar a una gran ciudad, simplifica mucho sus transacciones y transferencias.  Además, no se necesitan modernos smartphones (en su mayoría sólo se puede llamar o mandar un mensaje) para tener una cuenta móvil, ni es sólo para jóvenes o quienes viven en las ciudades. Según datos del Global Findex, en 2014 el 11,2% de la población rural tenía una cuenta móvil y el 11,4% de los adultos mayores a 25 años (similar al promedio del país), aunque sí se observa un mayor acceso de los hombres que de las mujeres (14,9% vs. 9,5%). La experiencia de Zambia, y de otros países de Africa, puede servir de ejemplo para Argentina, que justamente está impulsando nuevas medidas para ampliar y digitalizar el acceso a los servicios financieros.

Desde que asumieron, las nuevas autoridades del BCRA han impulsado diversas modificaciones en la regulación con el fin de facilitar el acceso: gratuidad de las cajas de ahorro y transferencias, apertura de cuentas bancarias y depósito de cheques por celular, simplificación del CBU, entre las principales.

En Argentina, a pesar de que el 50,2% de la población mayor de 15 años tenía una cuenta en una institución financiera en 2014, la proporción de quienes pidieron prestado a una institución financiera fue de 8,3%, por debajo del promedio de Latinoamérica y el Caribe (11,3%), y tan sólo 4,1% quienes ahorraron en una institución financiera (vs. 13,5% el promedio regional). Es decir, el uso de las instituciones financieras en la Argentina es menor al de otros países de la región, a pesar de ser la tercera economía regional.  
Por lo tanto, además de promover el acceso financiero también es necesario mejorar la educación financiera y facilitar el uso de los servicios, para lograr una verdadera inclusión. Según una encuesta de alfabetización financiera realizada por S&P en más de 140 países en 2014, sólo el 28% de los argentinos puede contestar bien tres de cuatro conocimientos financieros básicos, por lo que se los considera alfabetos financieros. Esta proporción es algo inferior al promedio mundial (33%) y cuenta además con el plus de que el 65% de los argentinos contestaron bien la pregunta sobre inflación, conocimiento adquirido a partir de la excesiva experiencia.

Si bien los esfuerzos por mejorar la educación financiera de la población son cada vez mayores a nivel mundial, poco se conoce del impacto de estos programas, en particular en países en desarrollo. Sin embargo, se ha detectado poco interés de los ciudadanos en participar de los programas de educación financiera y cierta dificultad de que los mismos sean efectivos dado que es difícil cambiar comportamientos en adultos. Por eso existe cada vez mayor consenso en incorporar educación financiera en el currículo escolar.
Sobre esto existen ejemplos en Latinoamérica con enseñanzas que pueden ser útiles para Argentina. El caso de Brasil es el más relevante porque su impacto ha sido estudiado, con resultados positivos en cuanto a conocimiento, autonomía financiera y cambios en el comportamiento (mayor registro de gastos, negociación de precios, etc.). Si bien el programa estudiado fue una prueba piloto en 2010, incluyó a más de 800 escuelas públicas secundarias en diversos estados brasileños. El éxito del programa tuvo que ver con su duración (un año y medio), la incorporación de los contenidos en diferentes materias (matemática, historia, ciencia, etc.), el uso de material interactivo y la capacitación docente.

Sin dudas, un programa de mayor alcance en comparación con “El BCRA va a la escuela”, programa de corta duración y contenido específico que en 2015 se dio sólo en 77 escuelas de CABA y GBA, diez de Tucumán y diez de Formosa.
En síntesis, la única ventaja de estar tan atrasados en el tema es que sobran ejemplos para aprender. La experiencia internacional muestra que la inclusión financiera es necesaria para reducir los shocks económicos, en especial de los más vulnerables, y promover un mayor desarrollo. Además de recuperar el tiempo perdido y continuar con los cambios necesarios para lograr una mayor inclusión financiera, es importante monitorear el impacto de las medidas para garantizar una eficaz implementación en el contexto argentino.

Milagros Gismondi