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Acercamiento a Almotásim

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En un disco consagratorio de unos bañeros de California llamado Blood Sugar Sex Magik, el track de difusión decía, de manera repetitiva: Give it away, give it away, give it away, now, yo lo traducía, fonéticamente, como: Iuruguay Iuruguay Iuruguay Now! Es decir: ¡Uruguay ahora! Me gustaba más. Me gusta Uruguay, un pequeño país hecho a escala humana. Me gustan sus playas y me gustan sus bares antiguos –nunca retro– y me gusta mucho su ciudad, Montevideo, entre muchas otras cosas porque es la ciudad donde vive y escribe, desde hace mucho, Elvio Gandolfo.

Desoyendo un consejo de Ricardo Zelarayán (a los escritores no hay que conocerlos, hay que leerlos), la primera vez que viajé a Montevideo llevé la dirección de Gandolfo. Le toqué timbre y, por el portero eléctrico, su hija me dijo que estaba en el bar de la esquina. Era un mediodía de sol y Gandolfo estaba en una mesa contra la pared, hablando con otro hombre. Tomamos café y después pasamos a su casa y me mostró su biblioteca y un curioso mal que le estaba atacando los libros. Es el pez plateado, me dijo. Abrió un volumen, estos tenían entre sus páginas delgados hilos de una gelatina ínfima, fosforescente, que dejaba un bichito que se los comía. Recordé uno de sus relatos que me había fascinado, donde un hombre que vive en una casa en construcción descubre que las hormigas que conviven con él caminan en dos patas. Hace poco conseguí en una librería el nuevo libro de Gandolfo, Cada vez más cerca, editado por Caballo Negro, de Córdoba. Leyéndolo, pensé que la influencia de Gandolfo en la literatura argentina era secreta y poderosa. Luciano Lamberti, en un gran libro llamado El loro que podía adivinar el futuro, tiene el virus gandolfiano, lo sepa o no. Y también pensé que estaría bueno que alguna editorial le recopile todos sus relatos en un sólo volumen: La reina de las nieves, Caminando alrededor, Vivir en la salina, Dos mujeres, etc. Esto daría cuenta de una obra mayor que se halla desperdigada en ediciones agotadas hace rato. En el segundo relato de Cada vez más cerca, Gandolfo escribe: “Estas percibiendo o inventando, muchacho, me preguntó suavemente el doble conversador, entre irónico y divertido, que todo solitario bien entrenado lleva adentro”. Estemos en familia o no, lo cierto es que todos estamos solos. Eso y otras cosas contundentes dicen los libros de este narrador excepcional.



Fabián Casas