COLUMNISTAS APUESTAS

Agarrame el Niembro

Dado al azar, y al azar de dado, salto sobre un texto cualquiera y leo una teoría sobre la raza (azar) humana. La teoría suena tan extravagante que bien podría ser cierta. Por lo general la realidad contiene la suficiente cantidad de elementos fantásticos como para aniquilar nuestras ideas convencionales. Esta teoría dice que la única explicación posible para el desarrollo acelerado de nuestra especie, que pasó de esos humanoides negruzcos con cerebro del tamaño de una pelota de tenis al hombre actual, que especula sobre las teorías de cuerdas (¡Argentina!) y se asoma a los misterios del multiverso, radica en que, en algún momento de nuestra evolución, fuimos tomados como banco de pruebas evolutivo por los extraterrestres.
Según esa teoría, hace miles y miles de años existió en la tierra una antigua civilización, anterior a la de la Antártida, denominada Lemuria, y situada en Africa. Los restos de esa civilización estarían hoy hundidos en el océano Indico… pero, ¿a quién le interesan las ruinas hoy, salvo a los extremistas monoteístas que destruyen ciudades para vender los fragmentos a los politeístas coleccionistas de Occidente? Lo que importa es que esos divinos extraterrestres se plantearon en algún momento hacernos pasar de Homo habilis que fabrica trabajosamente sus instrumentos de piedra al glorioso ejemplo de hombre actual, que no las hace pero las tira en la cancha todos los domingos, quizá reproduciendo, de manera ancestral, la lluvia de meteoritos que hace 1.200 millones de años cayó sobre la Tierra y nos desvió de nuestro prefijado rumbo cósmico. El hecho de que por entonces no existiéramos no implica que carezcamos de memoria, por así decirlo, esencial, de aquel momento. Siendo hechos de la materia básica del Universo, bien podríamos cargar con su información inconsciente. En todo caso, de aquellos polvos estos huesos de civilización. Por algún motivo los extraterrestres se distrajeron de su vigilancia y nosotros quedamos acá, como tamagochis.
Estas cuestiones estelares me iluminaron cósmicamente sobre las últimas novedades de la política comunicacional extraperiodística del kirchnerismo. Tras 12 años de gobierno en que, más allá de méritos o deméritos, se demostró férreo en la administración y no distribución del poder, y luego de decidir que no tenía candidato del riñón más íntimo y que, no obstante eso, era mejor lo impropio propio (Scioli) que el esperpento ajeno (Macri), el kirchnerismo, autoinvestido de los poderes propios de un extraterrestre que maneja los tiempos de nuestra evolución a cierta distancia, decidió colocar a Zannini como caja negra de la Gran Argentina del ex motonauta y avisar por vía de Carlotto que el tiempo sciolista era un interregno para el retorno de lo mismo, es decir: 2019 en manos de una Cris casi septuagenaria.
Pero en realidad los extraterrestres no nos habían abandonado a nuestra suerte, y la lluvia de meteoritos fue evitada por ellos, viajando a nuestra Tierra en un tiempo anterior al accidente y creando una burbuja ajena al tejido temporal que imperaba en el universo. Así, para nosotros, los terrícolas, el impacto de esos cuerpos celestes nunca habría ocurrido. Pero en el real tiempo del universo, nosotros, en nuestra burbuja, no existíamos…
Del mismo modo, el kirchnerismo se pone en el lugar de la verdad y pretende cercar el futuro inmediato que, apartado de las apariencias formales del poder, anticipa como una catástrofe, y tiende a crear la burbuja que nos sustraiga al tiempo real de los hechos de la política. No sabemos qué ocurrirá. Perón supo crear esa burbuja, que era efecto de la imantación de su persona, del favor que le hicieron los de la Libertadora al rajarlo cuando las cosas no le iban divinamente, y del arte que desarrolló para mantenerse en su cueva de Puerta de Hierro cultivando el mito de la Esfinge Sabia. El kirchnerismo apuesta al futuro de su perduración sin bola mágica. El único favor real que le ha hecho hasta el momento a su sucesor es desempolvar la berretada comercial del triste señor Fernando Niembro (al que el obsceno corrector de mi computadora insiste en rebautizar llamándolo Miembro).

dguebel