COLUMNISTAS INSOLITO CAMBIO

Ah, ¿no te gusta? Entonces me voy

Eduardo VIII, el duque de Windsor, renunció a la corona británica para casarse con la celebridad norteamericana dos veces divorciada Wallis Simpson.

gabriel milito. El entrenador tenía espalda ancha en Independiente. Sin embargo, renunció tras sólo 14 fechas.
gabriel milito. El entrenador tenía espalda ancha en Independiente. Sin embargo, renunció tras sólo 14 fechas. Foto:cedoc

“A la distancia escuché una trompeta y le pregunté al sirviente qué significaba. El no sabía nada ni escuchó nada. En el portal me detuvo y preguntó:

—¿Adónde va el patrón?

—No lo sé –dije–, fuera de aquí, nada más; es la única manera en que puedo alcanzar mi meta”

Franz Kafka (1883-1924); de su relato “La partida”.

 

Eduardo VIII, el duque de Windsor, renunció a la corona británica para casarse con la celebridad norteamericana dos veces divorciada Wallis Simpson. Un problema menos para la corona británica, por su enorme fama de mujeriego, gay y otras cosas que no viene al caso mencionar ahora. Chacho Alvarez fue un caso distinto. Notando que el timón del Titanic seguía al mando de De la Rúa y sin manera de evitar el iceberg, renunció el 6 de octubre de 2000. Una salida racional, que no ayudó para nada.  

Redondo, que venía a entrenar con el BMW del papá, le dijo a Bilardo que no podía ir a la Selección porque tenía que estudiar en la Universidad. Ah. Lo que no toleraba era el sistema de juego de don Carlos, en 1990. Después, por otro tema estético, en 1997 le renunció a Passarella porque se negó a cortarse su melena rubia. Un chico con principios.

Esteban Righi, un histórico del peronismo de izquierda, presentó su renuncia como procurador general de la Nación en 2012, luego de una desagradable polémica con el vicepresidente Boudou. Internas políticas. El alemán Benedicto XVI , víctima de un grosero error en el casting del Espíritu Santo, elegido con ese rostro con signos, dicho esto con todo respeto, algo malignos, renunció y le dejó la silla de San Pedro en 2013 al carismático Francisco. Un éxito.

Nixon huyó de la presidencia por el caso Watergate y su vice, Spiro Agnew, tuvo que dar el adiós por una ganga: 29.500 dólares en sobornos que le descubrieron cuando era gobernador de Massachusetts. En fin. Nadie es perfecto. El sucesor de ambos fue Gerald Ford, de quien decían que no era capaz de mascar un chicle y caminar al mismo tiempo. Pero qué mala es la gente.

El mundo está lleno de renuncias inesperadas. Pero en nuestras pampas de crisis, salvo la asombrosa y nunca bien explicada renuncia de Chacho, los nativos que se sientan en una silla que representa algún poder generalmente se atornillan con acero. No es fácil conservar el conchabo en este manicomio con fronteras, como para arriesgarse por ahí diciendo que esto no me gusta, que esta estructura es de cuarta o que el plantel al que debo dirigir no me gusta o no me traga.

Por eso, es muy extraño lo que ha ocurrido en las últimas semanas. Técnicos que cobran fortunas, habituados a ser despedidos a puntapiés como medida más amable y hacer juicio, deciden decir adiós, me voy.

Milito, en Independiente, podría analizarse como un caso de profunda frustración, tratándose además del club en donde creció y se formó. Intentó con su idea madre, pero no tuvo nunca los jugadores para ejecutarla. Si tenés cuatro muchachos que tocan todo el día rock& roll no les pases temas de Robert Fripp. No les van a salir, es inútil. Probá con temas más cuadrados. No sé, un 4-4-2 rígido y a partir de eso ves.

Roberto Zielinski no parecía un técnico para Racing, como Cocca tampoco lo era. Es cuestión de suerte. Cocca quiso ejecutar el manual que aprendió con La Volpe en México y fue un espanto. Hasta el partido suspendido contra Boca. Un milagro en el barro, más las botitas de cristal de Bou y cierto desdén de River por el torneo, obsesionado en aniquilar a Boca en las Copas, lo hizo campeón. A Zielinski le fue regular, alcanzó el pico de su rendimiento en un clásico contra Independiente en donde nunca quedará claro si la actuación alcanzó la excelencia o la de Independiente fue tan mala que podría haber sido goleado por un equipo de escribanos.  

La gente no lo quiso de entrada, dudó, el 3-0 lo fortaleció y luego de las tres caídas, no había nada que hacer. ¿Blanco? Nunca se sabe con este hombre. Quería al Chacho Coudet, en permanente exceso de excitación psicomotriz, al que no le fue nada mal en los últimos dos años. Todos lo querían. Resultado: se va afuera. Moneda fuerte.

El caso de Lucas Bernardi sí fue raro. Aceptó ir a Arsenal de Sarandí, que tiene un plantel modestísimo, como para mitad de tabla de B Nacional, tal vez confiado en su idea de juego y motivación. Pero parece que en términos de infraestructura, organización, fondos y proyecto futuro, el equipo fundado por el papa Julio I de Viamonte hoy está en el último subsuelo. Se fue en el quinto partido

Caruso Lombardi, después de ganar su primer partido con Huracán, nos mostró su sonrisa de barrio y explicó lo fácil que es ganar si el entrenador le llega al plantel. Alguna interferencia debe haber aparecido porque lo siguiente fue un continuado de empatar y perder. Los hinchas lo miraron siempre de reojo. Se fue silbando bajito.

Inesperada huida de Azconzábal de Atlético Tucumán cuando lo había clasificado por primera vez a la Libertadores. Lo mismo con Leo Madelón, un hombre de Unión que decidió partir en una campaña que no era mala, con el equipo octavo, y Ariel Holan, ese personaje indescifrable que viene del hockey y tiene su club de fans entre algunos periodistas, se fue de Defensa y Justicia, con modesta cosecha de puntos, pero es buscado como una superestrella. El fútbol tiene sus misterios.

Gallardo, agobiado por la burocracia del éxito y la permanente comparación con Defensores de Macri, amagó con irse y se quedó. A los Mellizos los salvó el orden que impuso Gago en el medio y aguardan la segunda mitad del torneo sin Tevez, esperando la superestrella que lo reemplace.

Hay mucho miedo a perder, pero también mucho miedo a ganar. No es fácil de entender. Pero hay que estar en la espalda del tipo al que, así nomás, le dicen Napoleón.

No poder fallar no sólo es imposible. No es humano.