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Ahí va el Capitán Veto

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Al lado del presidente Macri, María Eugenia Vidal afirmaba con gestos de “sí” en los momentos de mayor intensidad del discurso, y en el fondo los obreros, representando al pueblo, quedaban duros como una foto, sin gestos. A pesar de que el PRO asume un rol que intenta desvincularse del modo tradicional de hacer política, utilizó para anunciar el veto un escenario visual parecido a los abusos en que Cristina Kirchner recurría en las cadenas. La medida de riesgo impopular necesitaba decorado de pueblo.
Los obreros en televisión no se mueven. En la época que Cristina inauguraba plantas de todo tipo, los obreros también permanecían rígidos. La televisión en vivo no es su sitio natural en el mundo. Sin embargo, en ese entonces, la escena total de la imagen estaba ubicada en la Presidenta, sus funcionarios distribuidos en cada nueva fábrica y en los dueños que decidían invertir. Había un orden de charla: primero ella siempre; después el funcionario público; después los dueños; y por último tomaba la palabra algún operario de planta que junto con todos los otros oradores, agradecía al gobierno nacional la ayuda. Si bien Cristina era la conductora del show, todos, por lo menos un rato, tenían algo para decir. El viernes, sólo Macri fue el que habló y para anular una ley del Congreso.
La escena funcionaba como un testimonial de que el Presidente ejerce su derecho al veto con evidencias de que tiene la razón. Detrás de él los operarios lograron regresar a sus puestos de trabajo gracias a que los nuevos dueños saben que si quieren, los pueden despedir. Y Macri dio rienda suelta a su discurso de tendencia liberal más marcado desde que es presidente. La ilusión de un Estado presente comienza a evaporarse.
Para el Presidente, la presencia estatal es sinónimo de falta de libertad. No hay nada más liberal y siglo XIX que eso. La Presidenta citaba a Marx; Macri podría citar a Stuart Mill o a Herbert Spencer si los hubiera leído. Dijo que el anterior gobierno pensaba que “tiene que haber un Estado que nos someta a todos, porque ellos creen que los argentinos no podemos vivir en libertad”. A los segundos la completaba con antiperonismo clásico con la idea de que “los que están en la pobreza son más fáciles de manipular y de someter porque ellos tienen miedo a que podamos ejercer esa libertad”. Ya para entonces estaba descontrolado y, en el pico máximo de su efusividad de nivel socioeconómico alto, arrojó que ahora todos podemos ver en nuestro celulares (¡¿en los celulares?!) videos del anterior gobierno diciendo lo mismo que él. De fondo, los obreros seguían sin moverse.
El discurso de Macri en Cresta Roja es la exposición más clara de las diferencias de perspectivas entre el peronismo y su fuerza política. Pero no ha sido sólo eso, fue también el primer paso hacia la recuperación del liderazgo y la iniciativa. Luego de varias semanas con el poder del lado del Congreso y con ministros y funcionarios haciendo todo tipo de declaraciones extrañas, Macri fue capitán nuevamente de su propia aventura. El Presidente en Argentina puede vetar leyes del Congreso, y es lo que justamente hizo.
El impacto de la decisión, por ahora, será de suma cero. Por lo que se está observando, la forma que va adquiriendo la opinión pública es igual al kirchnerismo pero exactamente al revés. Una población partida entre aprobación y desaprobación de la gestión de gobierno y ejerciendo una evaluación de cada medida del Presidente en función de ese lugar que se ocupa en las preferencias de opinión. Los que están en contra critican todo, los que están a favor apoyan. No es el discurso lo que importa, es desde dónde se observa ese discurso.
Los destellos liberales y antiperonistas representan, de cualquier manera, un riesgo de incomprensión de los otros. Macri retoma el liderazgo de la escena, pero sin por ahora lograr resolver y construir una visión integradora de las diferentes perspectivas políticas de nuestro país. Lo que queda anulado con el veto se expresa como errores, como algo equivocado y no como visiones diferentes. Bajo estas condiciones, el Gobierno deberá rezarle al Dios de la economía, para que los hoy tapados no regresen con furia vengativa y Macri se quede sólo con Vidal, asintiendo con la cabeza

*Sociólogo. Director de Ipsos Argentina.



Luis Costa