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Alternativas para el ahorro del colchón

Un tío sesentón (sin herederos) y tres sobrinos salen de road trip a Montevideo vía Fray Bentos.

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Un tío sesentón (sin herederos) y tres sobrinos salen de road trip a Montevideo vía Fray Bentos. El objetivo: cerrar una cuenta en la que se fue acumulando casi medio palo verde (sin declarar) y cruzar los billetes al otro lado del Río de la Plata. Eran los fondos con los que pensaba financiar su retiro. El tío, además del alojamiento y las comidas, pagó una buena propina a sus custodios. ¿El tiro de gracia de la anécdota? El tío, preocupadísimo por la posibilidad de que en la frontera le tiren los perros y encuentren el botín, llenó el auto de bolas de naftalina la noche anterior antes de pegar la vuelta. Era tal el olor que fue imposible subirse al auto. Se la jugaron y pegaron la vuelta en barco. Pasaron sin problemas, pero con los nervios al límite hasta que salieron de la terminal de Puerto Madero.

Semejante operativo pudiendo entrar en el blanqueo parece una locura. Pero la falta de claridad con respecto a las alternativas disponibles y, sobre todo, los riesgos asociados a contarle al fisco argentino lo que uno tiene inclinaron la balanza a favor de estas actitudes.
El ADN de quienes están fuera del radar configura un perfil más bien conservador: no suelen tener el dinero invertido. También hay muchos casos de años de “cuelgue” de no informar bienes personales (los divorcios suelen traer este tipo de problemas: además de dividir patrimonios, en general el que no solía “llevar las cuentas” continúa en un limbo económico-impositivo).

Blanquear no parece ser una opción: los países van a compartir información y todo indica que no declarar lo que se tiene puede ser peor. En líneas generales, el consenso de los analistas financieros se centró en la opción de pagar (el 5% o el 10%, lo que corresponda) y disponer del dinero, dentro o fuera del país. Afuera parece una buena opción pero ojo que, después de blanquear, año a año hay que seguir informando Bienes Personales. Si esa plata sigue afuera, toca pagar la alícuota que corresponda. Si además está invertida generando intereses o ganancias afuera, hay que pagar impuesto a las ganancias (alrededor de un tercio de los ingresos que genere). Es el costo de declararla pero teniéndola fuera del país.

¿Y si se blanquea y se trae al país? Esto vale también para los dólares del colchón o la caja de seguridad. Ese dinero se puede poner a trabajar y, en el caso de invertir en bonos o acciones argentinas, no tributarían ni Bienes Personales ni Ganancias. Eso sí, a partir de ese momento se está asumiendo el temido “riesgo argentino”. Pero veamos opciones.

Un bono soberano en dólares como el Bonar 24 (AY24), que se puede adquirir de forma sencilla a través de home banking, se paga alrededor de US$ 1,20. Supongamos que se blanquean US$ 100 mil por los que se pagan US$ 10 mil de multa. Si se reinvierten los US$ 90 mil que quedan, con el bono a estos precios se comprarían unos 75 mil bonos (habría que pagar una comisión de US$ 450 por la compra). Desde el momento que se compra hasta que vence en mayo de 2024, el bono pagará en 2 veces (cupones semestrales) los intereses de 8,75% anual sobre el valor nominal (en este ejemplo, 75 mil). El primer año pagará US$ 6.562,50 y el segundo año, también. O sea que para el segundo año, ya está blanqueado el dinero y recuperado el impuesto, sin pagar ni Bienes Personales ni Ganancias. De ahí en más el bono se puede volver a vender y, si todo sale bien con el país, incluso todavía más caro que lo que lo pagamos (es uno de los bonos con mayor volumen en la Bolsa). O se puede mantener y seguir cobrando intereses hasta que en mayo de 2019 comience a devolver el capital, de a un sexto por año. Los intereses que pague por año serán menores a medida que devuelva el capital. En mayo de 2024 se devolvería la sexta y última cuota (con el último pago de interés).

Puro riesgo argentino, pero con la tranquilidad de estar en blanco y a un costo muy bajo.

*Economista. Autor de Ordená tu Economía.

Ezequiel Baum