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Ambición desmedida

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El patrimonio del vicepresidente Boudou muestra lujo y ostentación, pero también oculta información a través de misteriosas sociedades, sus parejas y un amigo. Todos ayudaron a que su declaración jurada cerrara.

Cada vez que aparece en las pantallas de TV produce rechazo en la sociedad. Es porque se sabe que su obrar ha traspasado los límites de lo que debe ser el obrar de un funcionario de gobierno.

Boudou primero se aprovechó de su investidura para enriquecerse, realizando negocios espurios incompatibles con su función, y luego utilizó todo su poder para intentar desbaratar el copioso y creciente cúmulo de pruebas en su contra, forzando la separación de los investigadores judiciales como si ése fuese el remedio. El apoyo presidencial quedó evidenciado con la renuncia forzada del ex procurador.

Sus cuentas sólo reconocen personas, a medida que avanzaron las investigaciones: Carosso Donatiello, un inquilino ausente, y luego su socio todoterreno Núñez Carmona, compañero de la juventud. Quizá la declaración del año próximo incluya en su activo la propiedad de la imprenta, por qué no.

Las maniobras comprobadas a esta altura por dos fiscales de alto prestigio y dos jueces de sanas intenciones resultan elocuentes. Boudou se apropió de la empresa Ciccone valiéndose de su influencia y poder. Quiso quedarse con la titularidad de una compañía que, en sus manos, sería una mina inagotable de recursos. Podría facturar sin límites al Estado nacional, mientras ocupaba al mismo tiempo el rol de vendedor y comprador.

Y eso sería sólo el comienzo.

Desconocemos cuál será el desenlace final de la causa que lo implica, pero no cabe ninguna duda de que tenemos un vicepresidente que produce vergüenza, desprestigia al país cuando nos representa en el exterior y nos genera escozor cada vez que participa en un acto público.

Bregamos por que los integrantes del Gobierno completen sus mandatos, máxime porque venimos de un historial no muy lejano de interrupciones democráticas que nos han marcado a fuego, pero lo cierto es que los mecanismos constitucionales tendrían que funcionar a pleno para proteger al Poder Ejecutivo como institución, por encima de las personas que circunstancialmente lo integran.

El vicepresidente vio la oportunidad de enriquecerse y no lo dudó. Diseñó con sus cómplices una estrategia para apropiarse del patrimonio y el dominio de una sociedad que posee un equipamiento privilegiado, apto para la fabricación de papel moneda, cheques y diferentes documentos de seguridad, en condiciones de abastecer a varios países de la región.

La tentación, la ambición sin límites pudieron más. Una actitud sin escrúpulos guió a Boudou ante la imaginación de tener entre manos el negocio de su vida, sin importarle los riesgos, las posibles consecuencias del castigo de la ley ni tampoco la condena social.

Tenemos la esperanza de que el sistema judicial funcione a pleno. Su eficacia e independencia están puestos a prueba. Según sea la forma en que salgamos de estos momentos difíciles, podremos crecer como sociedad y quizá éste sea el primer paso de un “nunca más” del derroche, el abuso y la apropiación indebida de los recursos públicos.

*Presidente Contadores Forenses ONG. Ex perito de la Corte Suprema.



Alfredo Popritkin