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Aportes para una derecha democrática

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Por primera vez en la historia democrática argentina un partido de derecha liberal llega al poder por las urnas, sobre la base de una coalición con el antiperonismo del radicalismo tradicional, que así resurge de sus cenizas, para conformar un amplio campo conservador y popular.  En anteriores experiencias en estas décadas de democracia, la derecha se manifestaba en los golpes de mercado, en la presencia del partido militar ya en retirada (pero que continuó con sus arrestos golpistas) y finalmente en la alianza con el peronismo que entregó a la tecnocracia neoliberal el manejo de los destinos de la economía del país. La posterior alianza de radicales y sectores progresistas no logró sobreponerse y fracasó en el 2001.
En 2003 se inició un nuevo período, desde la entrega más absoluta de todos los bienes acumulados por el Estado y de todos los recursos de la mayoría de la población, cuando una nueva corriente peronista, surgida del interior del menemismo, se hizo cargo de la democracia en ruinas. El nuevo poder político, ahora de corte populista, revirtió la ecuación, recuperó el control de las decisiones económicas a favor del Estado y de la población en general, enancado en el famoso “viento de cola” y el valor de las commodities con grandes beneficios para los capitales concentrados. La derecha apoyó ese proceso en tanto su recuperación y crecimiento fue también financiado por el Estado, resignando varios de sus principios. Luego se fueron profundizando los intereses en pugna, hasta llegar al grave enfrentamiento con el campo. De allí en más se agudizaron las diferencias. El empecinamiento del Gobierno embarcado en la lucha por el relato oficial y no por transformaciones verdaderas, no generó una modificación real de la correlación de fuerzas, y la capacidad de los medios opositores para construir un antirrelato terminó imponiéndose. La ausencia de señales en temas de corrupción de Estado dio pasto a las llamas y al ensañamiento de la oposición ya en campaña de desprestigio y de instalación de valores conservadores.
Este recorrido intenta señalar los hitos de dos posiciones en disputa, dos modelos de país que no pueden converger o unificarse, pero que por primera vez confrontan y se exponen al debate democrático. Uno de ellos carga con la pesada mochila de poner en evidencia la confrontación y las diferencias, y por eso es estigmatizado de violento o de sembrar la discordia y abrir la brecha de la división en la población. El otro, desde siempre acostumbrado al maquillaje y al discurso encubridor casi consustancial con su origen (siempre sus éxitos políticos surgieron tras los bastidores del poder y de espaldas al voto popular) y poco dispuesto al debate de ideas, ya que está sometido a las leyes fijas de la economía y de la técnica de mercado, es más ducho en señalar y proyectar los defectos en el adversario necesariamente más expuesto. El triunfo electoral del 22 de noviembre es, en resumen, el de un buen pastor de rebaño que pretende hacer desaparecer el conflicto social, cuando no existe sociedad si no se reconocen los conflictos arraigados en ella.
La derecha ha llegado al poder por vía democrática y, por ello, tiene el deber de confirmarlo en el ejercicio de la democracia. Se promocionó como defensora de la institucionalidad y del diálogo, así como prometió el reconocimiento del otro, del diferente. Debería dar muestra de su propia superación y de haber abandonado definitivamente el autoritarismo. El verdadero desafío de esta derecha, que ascendió con el discurso de la antipolítica y un líder pastoral, es de ahora en delante definirse políticamente ante cada problema. En especial, respecto del genocidio, porque una característica de la nueva república que surgió en el 2003 está determinada por la vigencia de una filosofía de los derechos humanos.  Si el próximo gobierno rompe ese pacto de la sociedad, fundado en 1983, significaría una vuelta atrás en la democracia argentina. ¿Podrá ser una derecha inclusiva y evitar aquellos defectos que tanto criticó en el kirchnerismo? ¿Podrá poner coto a la derecha antidemocrática? El huevo de la serpiente todavía existe.   

*Médico psiquiatra y psicoanalista.



Enrique Rozitchner