COLUMNISTAS PERONISMO

Aprender de los errores

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El 24 de mayo de 1974, el teniente general Perón, por entonces presidente de la República, pronunció un discurso ante el Congreso Nacional Justicialista, reunido en el Teatro Nacional Cervantes. En aquella ocasión, con el Movimiento jaqueado por los conflictos internos, Perón hizo hincapié en el hecho de que la “falta de organización, solidaridad y unidad de concepción” estaba perjudicando la “unidad de acción”. Y advertía que cuando un peronista disconforme se dedicaba “a murmurar en la calle y a organizar obstáculos” no se conseguía más que “exacerbar los ánimos y provocar una lucha estéril, que será aprovechada por los enemigos políticos”.

Pues bien, en vista de los resultados de la última contienda presidencial, parecería que el peronismo no logró todavía incorporar muchas de las enseñanzas de su líder histórico, y persiste en repetir errores que lo llevan a la derrota. Uno de los primeros que podemos señalar es que, más allá del desgaste propio de 12 años de gestión en el gobierno nacional, el proceso político no logró construir su propio relevo. Y esto implicaba no sólo seleccionar al mejor candidato, sino encolumnar al conjunto de las agrupaciones y los individuos que conforman el Frente para la Victoria detrás del objetivo de consagrar a Daniel Scioli como presidente de la Nación.

Pero no fue el caso. Primó el sectarismo –particularmente entre cierto “kirchnerismo de paladar negro”–, faltó humildad para tomar decisiones en favor del colectivo (¿no era Randazzo el mejor candidato para luchar por la provincia de Buenos Aires?), hubo resistencia a presentar nuevas caras en la contienda por intendencias claves. En los hechos, el macrismo se apropió del discurso del “cambio”, a pesar de ser un frente de raíz conservadora. Junto con una campaña novedosa y dinámica y el apoyo de gran parte de la prensa masiva, la actual fuerza gobernante accedió al poder, en gran parte, por la suerte de contar con los errores del peronismo.

El panorama posterior a esta derrota no es alentador. Estamos asistiendo al desmembramiento de un Estado presente y árbitro frente a los excesos del mercado por uno pequeño y funcional a los grandes poderes. En poco más de un mes de gestión, se eliminaron políticas públicas, servicios sociales y despedido empleados –lo que presagia un peligroso aumento de la desocupación–. La moneda fue devaluada y se sancionaron exenciones impositivas para los sectores agroexportadores más concentrados. Neoliberal y ortodoxo, el nuevo rumbo económico combate la inflación y baja los costos de producción disminuyendo el poder adquisitivo de los trabajadores.

Muchas de las advertencias de la campaña (la mal llamada “campaña del miedo”) se hicieron realidad. Peligran las empresas públicas, la industria nacional y los movimientos sociales, que son perseguidos y criminalizados. Se gobierna por decreto y se vulnera la Constitución –nombrando, por ejemplo, a dos jueces de la Corte Suprema en Comisión–, marcando una clara línea de tendencia. La velocidad con la cual avanza esta agenda no debería sorprender al peronismo (que sospechaba este avasallamiento de las conquistas de los últimos 12 años), pero lo encuentra con el caballo desensillado, esperando a que aclare.  

Y así como sucedió hace setenta años, son nuevamente las demandas del pueblo las que van a determinar la urgente organización del justicialismo, una fuerza que sobrevivió bombardeos, proscripciones y dictaduras, y también va a vencer frente a la adversidad actual. Pero para lograrlo, como bien decía Perón, es fundamental  sostener un sentido de solidaridad peronista –entre organizaciones y compañeros– asegurando la cohesión que, en muchos casos, faltó antes de las elecciones. Se trata de una construcción permanente, que puede convertir al Movimiento nuevamente en agente del porvenir, la grandeza y la felicidad de la Patria.

*Dirigente peronista, secretario político del MUP.



Marcelo Von Schmeling