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Aquel villano llamado Ceulemans

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Aún hoy, con 57 años y una carrera en la que convirtió 253 goles en 613 partidos y participó en tres mundiales, Jan Ceulemans quizá no sepa que participó de una guerra. Guerra absurda e irracional como toda guerra. En esa guerra, ese apellido sonó como un misil en trincheras donde la vida, en los días helados de junio, valía nada y ponía en juego la aventura de militares ineptos, miserables e irresponsables.

En semejante desaguisado, encontrar una vieja radio abandonada en una galena, que se activó vaya uno a saber por qué misterioso efecto, se pareció a la gloria. Más cuando al encenderla llegaba la voz del Gordo Muñoz en el comienzo del Mundial. La guerra quedaba entre paréntesis; el debut de Argentina anestesiaba las almas miserables que se debatían en la incertidumbre y se aferraban a Kempes y a Maradona para hacer más llevadero el calvario. Pero a los pocos minutos del segundo tiempo, ese tal Ceulemans le daba el triunfo a Bélgica. En medio de esa locura, la derrota argentina fue un misil que terminó de devastar lo poco que nos quedaba de fe. Si no era la rendición, le pegaba en el palo. Un día después, el cese del fuego lo confirmó. Desde entonces, Ceulemans me genera la misma sensación de dolor que Galtieri, Thatcher y Menéndez.

*Periodista y ex combatiente de Malvinas.



Marcelo Rosasco