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Argentina en el tetris de Trump

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Periodo Trump. Estados Unidos dejó de ser un líder que promueve la estabilidad.
Periodo Trump. Estados Unidos dejó de ser un líder que promueve la estabilidad. Foto:Cedoc Perfil
Hay muchas razones para creer que el entorno global, y particularmente la situación en los Estados Unidos, es desfavorable para países con los objetivos de la Argentina. Las prioridades del Gobierno –la apertura del país, la profundización de las instituciones liberales, el combate a la corrupción, la cooperación con el mundo– serían mucho más compatibles con una presidenta Hillary Clinton que con Donald Trump en la Casa Blanca. Con Trump, Estados Unidos dejó de ser un líder que promueve estabilidad, comercio, democracia y transparencia. Si bien en el pasado en ese liderazgo se incorporaban muchas hipocresías, aun así tenía sus beneficios para el mundo entero. Ahora el ejemplo de Trump se apodera de tendencias nacionalistas, proteccionistas y populistas. A este panorama político se agrega el estilo personal poco confiable del presidente. Consecuentemente, genera incertidumbre y riesgos a nivel mundial.

Algunos actores económicos esperan que la reducción de las regulaciones y los impuestos que Trump está implementando estimularán el crecimiento. Si funciona, Argentina podría beneficiarse de la creciente marea económica. Sin embargo, es probable que, si la popularidad de Trump sigue bajando y los líderes del Partido Republicano dejan de apoyarlo, pueda ocurrir una grave crisis política nacional, produciendo todavía más incertidumbre. Peor aún sería una crisis internacional provocada por las acciones impulsivas del presidente.
En adición a la desventaja general, hay unos riesgos que no son tan obvios pero que pueden ser particularmente nocivos para la Argentina. Por ejemplo, es posible que el sector agrícola de Estados Unidos exija subsidios grandes para compensar las pérdidas que el mayor proteccionismo al sector industrial le genera. Este escenario es poco positivo para países como la Argentina, competidores en el sector agrícola.

Señalé que las políticas de Trump pueden generar ventajas comerciales para la Argentina. Como ejemplo tenemos la oportunidad de que México le compre el maíz libre de impuestos, un aspecto de su estrategia en la renegociación del Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio (TLCAN). Y, en general, aunque el proteccionismo en Estados Unidos no es una buena noticia, el comercio de Argentina ha crecido más con otras regiones. Las posibilidades del objetivo argentino de atraer inversiones internacionales, de fuentes diversas, también siguen siendo favorables. Y si bien el país compite con los vecinos para estas inversiones, también se puede generar oportunidades para negociar regionalmente la inversión en proyectos de infraestructura cooperativa. Es importante notar que el Trans Pacific Partnership, abandonado por Trump, tenía como miembros algunos países sudamericanos, mientras que la iniciativa de integración en Asia que queda, que es liderada por China, no. En general, el fenómeno de Trump podría ser un catalizador para una nueva cooperación regional más estrecha, pero hay otras condiciones, principalmente los problemas políticos en Brasil, que trabajan en contra.

Queda otro factor clave a tener en cuenta. El trumpismo puede presentar un problema para al consenso argentino a favor de la democracia institucional y el liderazgo en el área de los derechos humanos en la política exterior. Es lamentable esto, porque sin duda la actual crisis en Venezuela no se resolverá sin una diplomacia regional activa y el compromiso con estos valores básicos.

*Directora del Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Ucema.

Sybil Rhodes*