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Aumenta el riesgo, aumenta el aislamiento

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default Foto:Cedoc

Los hijos del neoliberalismo” esta semana fueron beneficiarios  de un programa anunciado dentro de un pronunciamiento de la Presidenta muy esperado por propios y ajenos.

El programa no será financiado por “los abuelos” que, dicho sea de paso, tendrían que estar muy felices de poder hacerlo. O quizás, como dijo alguno del público, unos cuantos no tienen nietos y prefieren guardarse como buenos angurrientos toda su “platica” en el bolsillo.

Caras, gestos y conceptos, que no dudo sean considerados relevantes por ella y por aquellos que integran su “equipo escuchado” de turno. Probablemente, el miércoles a las 3 de la tarde,  al repasar lo que diría, ella y ellos consideraron muy acertado hablar de hijos del neoliberalismo. Un golpe de efecto de gran rédito que sumaría el 30% de  relevancia al anuncio. A lo mejor se le ocurrió a ella sola. No sé. Pero no pude dejar de estremecerme al oírlo mientras era acompañado de gestos que intentaban subrayar la gran reparación que desinteresadamente vienen a hacer, por si nadie se había dado cuenta: chicos, todavía estamos arreglando ese desaguisado, no lo olviden.

El concepto grita el enorme aislamiento que experimentan “aquella” que lo dice y “aquellos” que se excitan al escucharlo, muchas veces sin reflexionar y para ser aprobados. No importa por qué todos integran una construcción de creencias apartada de la realidad social que se genera tanto en los momentos de bonanza como en los de desgracia, sólo que durante estos últimos resulta desolador. El neoliberalismo consistió en una idea fuerza generadora de gran adhesión social. Rendidora como ninguna si después de diez años siguiera surtiendo el mismo efecto.

Esto es infalible. Muchas veces los integrantes de equipos de asesores políticos con mayor independencia o lucidez señalan, apesadumbrados, este comportamiento que incluso en ocasiones y a su pesar los lleva a apartarse del proyecto. Resultaba muy inquietante escuchar a Francisco de Narváez y allegados subrayar permanentemente el triunfo de éste sobre Néstor Kirchner, en 2009. Fue una idea de la que no pudieron apartarse, que evidentemente los estimulaba y evidenciaba todo aquello de lo que eran capaces. Cuando Néstor murió, FDN en una entrevista dejó entrever que había sucedido sólo para que él no le ganara de nuevo. Era su motor, que seguramente nunca fue relativizado o menospreciado por nadie. Formó parte de su propia construcción de creencias y cuatro años después era lo único que podía exhibir y ya no le importaba a nadie. Sólo a ellos.

Esto se repite en el 80% de los dirigentes no importa el nivel que detenten, la fantasía es más fuerte, y el interés por obtener aprobación de sus jefes, entre los que conforman su círculo cercano, es enorme. 

Dado que esto parece ser inevitable y,  probablemente impulsado por importantes mecanismos de defensa que, llamativamente atentan contra la propia supervivencia, sería muy importante introducirlo como dato de la propia dinámica en los equipos de comunicación y contar, de manera terapéutica, aunque no se quiera pero por el propio bien, con herramientas que periódicamente irrumpan en su universo y los transporte a la realidad  marcando brechas entre su propia construcción y la que resulta de la gente común.

Además… los hijos del neoliberalismo, no importa la magia discursiva, finalmente seguirán siendo financiados por los abuelos (no importa cuán angurrientos) ya que la Anses continúa financiando el déficit público.
 

* Politóloga.


Cecilia Mosto


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