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Aveluthor, el talentoso

Es como Terminator: cuando parece que está destruido, sus moléculas comienzan a juntarse en el piso y al rato está de nuevo en carrera.

Foto:Cedoc

Pablo Avelluto es como el Terminator de la segunda película de la saga: cuando parece que está destruido, sus moléculas comienzan a juntarse en el piso y al rato, ¡zas!, ya está de nuevo en carrera, como Lopérfido y tantos otros. Como bien lo anuncia la Wikipedia de estos días, fue gerente de Random House Mondadori, jefe de Prensa de Planeta y ahora, antes de Cambiemos (vieron que los chicos en la plaza cuando juegan, para modificar el rol, dicen, “cambiemos”), se movía como coordinador de no sé qué cosa macrista en los medios.

Para mí no fue necesario leer las encuestas: si Avelluto estaba en el macrismo, el macrismo iba a ganar; nunca está con los que van a perder. Yo lo conocí en 2001 en la época en que trabajé en Torneos y Competencias. El era un consultor y colaboramos junto a un equipo de periodistas para relanzar El Gráfico. Avelluto utiliza la misma técnica de los guionistas de Patoruzú para crear a los malos. ¿Se acuerdan? El malo en estas historietas es primero buenísimo, encantador, hasta que sobre el final se revela su verdadera cepa.

Los interesados pueden chequear sus tuits, donde minimiza la pasada dictadura y propone echar a los maestros que protestan por sus derechos. Pero no importa, Avelluto es un encantador de serpientes: es cool, le gusta la música sofisticada, pero también es de Boca para ser popular (ya anda diciendo en los reportajes, de manera genial, que su madre es cristinista, su mujer radical y sus hijos de izquierda; es decir, no tiene una familia, tiene una coalición). Y también la frase justa en el momento justo que siempre merodea en el oído de los que la tienen más larga.

En esa época en El Gráfico nosotros lo propusimos como director gerencial de la revista y no bien asumió hizo una lista de despidos en la que estaban incluidos muchos de los compañeros que lo habían impulsado. Su ineficacia para gestionar es proverbial en el ambiente cultural. El macrismo parece elegir a sus funcionarios en la misma sintonía con la que las botineras eligen sus presas: que sea un gerente, que sea medible. De esta cantera salen Del Sel y la Nada y tantos otros. Ahora Avelluto está frente a un nuevo desafío. Espero que Dios y el Papa lo iluminen y que realmente haya cambiado, como el eslogan. Porque hasta que se demuestre lo contrario, haberlo puesto en el cargo de ministro de Cultura nacional es como proponerle a Jorge Rial la jefatura de la Side.



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