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Avisos fúnebres de un día más

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“Gracias, mi Tte. Gral.”, expresa Tito Román. María Keczeli lamenta su muerte, como la lamentan la Rvda. Madre Mercedes y Raúl Ojea Espil. Los descendientes de Ángel Bernardo Vanzulli, al igual que Alberto y Cholita Schilling, expresan su “profundo dolor”. Justo Daract y señora, más contenidos, apenas su “dolor” a secas. Julio Otermin Vélez y señora, su “mucha tristeza”. Tomás Anchorena “lo despide con afecto”. María Inés Ponte “ruega una oración en su memoria”. Las amigas de Alicia (son seis: Carmen, Emilce, Hebe, Lucrecia, Marta y Sarita) “ruegan por su descanso en paz”.

Yo soy un lector habitual de los avisos fúnebres del diario La Nación, a veces me dicen más que sus propios editoriales. Admito que ayer me precipité a su lectura y recorrí sus regias columnas viéndolas desfilar al borde (o caer estrepitosamente) en el precipicio oprobioso de la apología del delito. Desbordada la página 26 (“Fúnebres”), la última parte de la sección ocupó la parte inferior de la página siguiente (créase o no, la página de Seguridad). Delia Elena Goti de Azumendi despide al fallecido, no sin restituirle el grado de general, y lo considera “injustamente privado de su libertad”. Familia castrense le agradece “la protección de nuestras vidas”.

Las apretadas líneas del género fúnebre le bastan a Enrique Finocchietti para tramar un sucinto relato: “Asumió con coraje grandes responsabilidades y sirvió al país con grandes riesgos”. El teniente coronel de caballería, abogado Rubén Brandáriz, se extiende un poco más: “Comandó la guerra revolucionaria contra el terrorismo subversivo apátrida. Murió en injusto cautiverio”. No sólo despiden, encomian y ruegan oraciones; van más allá y traman microhistorias de coraje o de guerras revolucionarias.

Los fanáticos del puro presente se quejan muy a menudo por el modo en que unos cuantos insistimos en atender al pasado. Nos diagnostican fijaciones maníacas, nos recomiendan saludables amnesias, nos conminan a vivir el hoy o a mirar para adelante. Pero hay que ver lo muy presente que a veces sabe estar el pasado. Hay que ver con qué frecuencia se hace presente y es presente. Estas cosas que he transcripto, con dominio de la náusea, salieron en el diario de ayer, que es el hoy en el que escribo. No las mido en cantidad: una sola, nada más, ya era mucho, demasiado. Forman parte del presente, integran las noticias del día.


*Escritor.



Martín Kohan