COLUMNISTAS A 26 AÑOS DEL ATAQUE

Balas carapintadas, la historia desconocida del secretario de Medios de Macri

Una de las historias más desconocidas del levantamiento de 1990 es la de los periodistas que cubrieron el ataque. Qué hizo Jorge Grecco.

Grecco antes y después. A la izquierda, en Chapadmalal junto al Gabinete nacional. A la derecha, resguardándose del tiroteo carapintada.
Grecco antes y después. A la izquierda, en Chapadmalal junto al Gabinete nacional. A la derecha, resguardándose del tiroteo carapintada. Foto:DyN / CEDOC.

Era la mañana del 3 de diciembre de 1990. De un lado estaban las tropas aliadas al gobierno nacional (la amplia mayoría) encabezadas en cuerpo presente por el general Martín Balza, y del otro los rebeldes llamados “carapintadas” (por sus rostros encubiertos por tintura oscura) bajo el liderazgo del coronel Mohamed Seineldín. La historia ya es conocida: Balza, el mismo que tiempo después se atrevió a la primera autocrítica sobre las atrocidades de la dictadura militar, aplastó la rebelión con un saldo de 13 muertos y decenas de heridos.

Pero la otra historia menos recordada es la de los periodistas que cubrieron el levantamiento y casi mueren en el intento. Uno es Fernando Carnota, quien cubría los hechos para Radio Mitre. El otro es Jorge Grecco, quien lo hacía para la desaparecida revista Somos. Ambos se encontraban dentro del móvil de la radio cuando sintieron una ráfaga de disparos que explotaban contra el auto y, finalmente, contra sus propios cuerpos. Aparentemente eran balas rebeldes provenientes del Edificio Guardacostas, sede de la Prefectura, en Puerto Madero.

Grecco logró salir y arrastrarse ensangrentado hasta ponerse a resguardo. Enseguida lo llevaron a la enfermería de la Casa Rosada. Un médico de allí le realizó las primeras curaciones, pero sus heridas en el brazo y en el hombro izquierdo eran más graves de lo que allí podían resolver y lo derivaron al Hospital Argerich.

Carnota la tenía peor. Mal herido en su cabeza, no lo podían sacar del auto porque los carapintadas seguían disparando. Cuando pudieron hacerlo perdía mucha sangre y fue trasladado de urgencia al Argerich.

A Grecco decidieron no sacarle las esquirlas de su brazo. Lo trasladaron al Sanatorio Mitre y tras un par de días de internación le dieron el alta con su brazo vendado y las esquirlas adentro.

Carnota en cambio estuvo semanas sin saber si se iba a poder recuperar totalmente de la herida en su cabeza. Su caso conmocionó a la opinión pública de entonces.

Las esquirlas de Grecco permanecieron varios años en su cuerpo, apenas debajo de la piel, se las podía reconocer fácilmente al tacto y eran lo suficientemente filosas como para romper sus camisas.

Carnota por fin se fue recuperando, aunque quedó con una pérdida auditiva casi completa en uno de sus oídos. Hasta hace dos meses, permaneció en el mismo grupo de medios para el cual trabajaba entonces, sólo que lo hacía en el noticiero de TN.

Grecco siguió trabajando algunos años más como periodista al tiempo que sus esquirlas un día empezaron a salir de su cuerpo. Algunos decían que se escapaban, porque sus colegas siempre lo vieron como un hombre duro, resistente a los embates. Pero hace ya casi una década decidió dar un giro a su carrera y se transformó en un experto en comunicación y consultor de medios para distintas empresas de primera línea.

En eso estaba cuando hace un año Mauricio Macri lo convocó para ser el secretario de Comunicación Pública de su gobierno, el cargo que ocupa hoy. Cuando asumió se encontró con un hombre que le dijo: “¡Hola! ¡De nuevo por acá!”. Era el mismo médico que lo había atendido aquel 3 de diciembre de 1990 en la Casa Rosada.