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Bancarizas los trapos

Uno se va preocupado por abandonar a su preciada pertenencia en manos un empleado disgustado que no recibió su paga. Esa es la sensación.

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Archivo. Los trapitos siguen generando polémica.
Archivo. Los trapitos siguen generando polémica. Foto: Télam

- ¿Te lo cuido, jefe? Son 50 pesos, estamos hasta las 5 de la mañana.

- No, gracias.


Deténganse ahí. En lo que sucede inmediatamente luego de este (por desgracia) tan común intercambio. Un gesto de tensión, un clima seteado de amenaza... Uno se va preocupado por abandonar a su preciada pertenencia en manos un empleado disgustado que no recibió su paga. Esa es la sensación.

No pretendo con esta nota modificar la realidad de los cuidadores de autos ni de los comportamientos de los conductores. Pero sí quiero refrescar la idea que esta sensación está completamente distorsionada y constituye un micro síndrome de Estocolmo.

Lo que un cuidacoches propone es que le pagues para cuidarte del daño que él mismo te podría hacer. Es un método nada novedoso, recuerda a los de la mafias italianas que acostumbraban pedir un sueldo a los comerciantes para garantizar su "seguridad". Aún se trate de pequeños montos de dinero, la manera más acertada de llamar a ese mecanismo es: extorsión y amenaza. Esto no es ser fachista, gorila, vendepatria, ni de derecha. Es lógica pura.

Cada vez que pagamos ese dinero, aunque sean centavos, estamos colaborando para que permanezcan en su tarea y, mal que nos pese, los estamos financiando para que se lo hagan a otro. Aunque su regulación no dependa de nosotros, al darle dinero los estamos recompensando por su actividad.

Algo que tampoco tendemos a ver con claridad es la recaudación.

Para hacer un cálculo rápido un trapito en un local gastronómico, tiene a su cargo un promedio de 35 autos en turnos que van de mediodía/tarde/noche/trasnoche. Supongamos que pide 50 pero recibe menos (y excepcionalmente, dependiendo el auto en cuestión, a veces recibe más) trabajando de miércoles a domingos, en un mes provechoso puede llegar a los 25.000 pesos.

Conocí personalmente el caso de quien con su "trabajo" de cuidacoches alquila un departamento de dos ambientes en Palermo (a dos cuadras de "su zona" en la calle Godoy Cruz), y su sueldo aproximado es de 20.000 pesos.

Este dato, desde luego, no encubre un prejuicio snob respecto a los requisitos de preferencias vecinales. El problema es simplemente la metodología con que obtienen su paga; que, lejos de brindar un servicio a la sociedad, ofrecen un mal momento y, a veces, de paso, un rayón.

No hace falta escarbar demasiado para advertir un complejo entramado de dificultades sociales, económicas y políticas que dan surgimiento al síntoma del trapito. Sin entrar en juzgamientos (que les corresponde a los jueces y las fuerzas policiales) ni en un necesario análisis exhaustivo orientado a encontrar soluciones justas que beneficien a personas con dificultad en la inserción laboral (lo cual les corresponde a los legisladores y políticos), en esta nota me detengo sólo en la sensación.

Esa incómoda sensación, es producto de la sobreexposición al amedrantamiento con que la conducta parasitaria se lleva a cabo en la cotidianeidad. Una micro indefensión aprendida que, a su vez, le rige una viñeta subliminal: Si él me llama "jefe", ¿se está poniendo en posición de ser mi empleado? Si me dice "maestro", ¿él sería mi alumno? Si me dice "amigo", ¿le debo algún tipo de trato especial?

¿Qué pasaría si en cambio dijera? "Señor, ¿quiere que le cuide el auto?" ¿no nos sentiríamos distinto diciéndole que no?

- ¿Y quién cuida mi auto?

- Ya le pagaste al cuidador. Los impuestos que aportás con tu trabajo y con cada compra que hacés deberían destinarse a velar por la seguridad y, en tal caso, un policía o en su defecto una cámara de seguridad podrían reemplazar al sujeto de comportamiento errático.

Está claro que quienes pagan no siempre lo hacen con intención ingenua y condescendiente, sino más bien a partir de cálculo rápido de riesgo y ganancia. Pero esa ganancia siempre es a corto plazo, a largo plazo expande el daño y lo genera en otros, que al poco tiempo, volvés a ser vos.

¿Hiciste la cuenta de cuánto llevás pagado a los cuida coches? No creo que por leer esta nota dejes de pagarles. Pero por lo menos, no tengas esa sensación. Es distorsionada. Te mereces algo mejor.¿Entiende, jefe?