COLUMNISTAS DESPUES DE FIDEL

Bizarra asociación de ideas

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Cuba. Slavoj Zizek califica como única la revolución que dejó su líder, Castro.
Cuba. Slavoj Zizek califica como única la revolución que dejó su líder, Castro. Foto:Cedoc Perfil
Siempre hice una suerte de bizarra asociación de ideas de carácter político entre algunas figuras históricas como las de Fidel Castro y el Che Guevara con las de Stalin y Trotsky y las de Franco con José Antonio Primo de Rivera. Sin perjuicio de tener muy en cuenta y muy en claro, por obvias razones, las enormes diferencias entre todas y cada una de ellas.

Por eso me pareció muy interesante una nota del filósofo esloveno Slavoj Zizek, donde al hablar de la Cuba que dejó la muerte de Fidel señala que su revolución fue en sí misma algo único, pero no precisa u ortodoxamente comunista. Y que la mejor forma de reflejar su especificidad era a través de la dualidad de Fidel y el Che Guevara: Fidel, el verdadero líder, la autoridad suprema del Estado, frente al Che, el eterno rebelde revolucionario que no podía resignarse sólo a dirigir un Estado. Y se pregunta entonces Zizek si esto no se parecía a una Unión Soviética en la cual Trotsky no habría sido rechazado como un traidor, si nos imaginamos que en vez de luchar por el poder contra Stalin, en los años 20, hubiese emigrado y renunciado a la ciudadanía soviética para incitar a la revolución permanente en todo el mundo, hasta morir. Porque así las cosas, Stalin lo habría elevado a una figura de culto, con la proliferación en la URSS de monumentos conmemorativos. Pero claro está que entre ellos nunca hubo amistad sino desprecio y odio mutuos, cosa que no ocurrió entre Fidel el Che, porque en su relación no había disputa por el poder sino admiración y respeto recíprocos.

Y mi otra asociación política, también con las enormes diferencias, era de los anteriores con Franco y José Antonio Primo de Rivera, que cayó preso de los rojos en Alicante apenas comenzada la Guerra Civil, y Franco, según una versión, no movió un dedo por negociar de alguna manera posible su liberación, y según otra, habría actuado de tal modo que aceleró su ejecución. De esta última versión se hace cargo el escritor Pérez Reverte en su atrapante novela Falcó. Porque era evidente para Franco que, si sobrevivía, un hombre carismático como José Antonio Primo de Rivera, dotado de una cultura y una ideología de derecha muy sólidas, además de ser el jefe de un gran movimiento nacional como la Falange Española, hubiera podido disputarle el poder.

Para aclarar la posición crítica de Zizek hacia la Revolución Cubana, debo señalar que no la hace desde el anticomunismo, porque él es comunista y considera evidente que Fidel Castro era distinto de la figura habitual del líder comunista, lo cual hizo también que su revolución fuese también distinta y única.

Piense el lector en cada una de las seis figuras que mencionamos y podrá apreciar que más allá de las diferencias ideológicas, culturales. sociales, de lugar y tiempo histórico, encontrará rasgos comunes entre los tres primeros, es decir Stalin, Castro y Franco, como también entre los tres segundos, vale decir: Trotsky, Guevara y José Antonio Primo de Rivera.

En los primeros no se advierte ninguna veta de cierta forma de romanticismo que les permitió a los segundos despertar en las juventudes de su tiempo, y aún más allá de su tiempo, una admiración rayana en el fanatismo, aunque también Castro logró esto último de alguna manera, pero nunca Stalin ni Franco, que en cambio lo igualaron en cuanto a la aptitud para mantenerse duramente en el poder, sin concesiones ni límites de ninguna índole. Capacidad que los tres segundos no tuvieron siquiera oportunidad de demostrar, aunque sí en cambio la de mostrar esa capacidad de despertar los fervores juveniles ya mencionados. Por otra parte, también se dio una diferencia de relación entre cada uno de los tres primeros con los respectivos segundos, ya que el único dúo que no se rompió fue el de Castro con Guevara, más allá de sus diferentes concepciones acerca de prioridades en cuanto a futuras políticas, porque Guevara nunca le disputó a Castro el poder, y sí en cambio Trotsky a Stalin. Y si bien no tuvo oportunidad de hacerlo Primo de Rivera con Franco, éste temía que eso pudiera ocurrir, y seguramente no se equivocaba.

*Periodista y escritor.

Albino Gomez