COLUMNISTAS DUDAS EN EL CCK


Blanqueo negro

En medio del foro empresario circularon muchas preguntas sobre la principal apuesta del Gobierno.

NO TAN SOBRE RUEDAS Alfonso Prat-Gay
NO TAN SOBRE RUEDAS Alfonso Prat-Gay
Foto:Pablo Temes
Al azar, uno tropezaba y le preguntaban: ¿Cuánto durará la colaboración opositora para sancionar las leyes que propone Macri? “Hasta la aprobación del nuevo presupuesto. Es una garantía, después comienza otro juego. Ya se cumplieron los diez meses de tolerancia negociada”, susurraba un influyente del peronismo de comunión en el mismo púlpito que el macrismo. ¿Y luego? Sin respuesta. Primera incógnita empresaria en ese CCK que revela cierta personalidad argentina. Según los cristinistas, Macri usa el ex Correo como si él lo hubiera refaccionado, usurpando la autoría de la gestión anterior, cuando el origen del proyecto no se reconoce en ninguna de las dos partes: fue iniciado en la etapa Menem-Cavallo. A los visitantes esa discusión pareció no interesarles; volvían con otro interrogante, no menos sustancioso.

¿Será un éxito el blanqueo? Segunda incógnita. Ya que el optimismo inicial por el sinceramiento empezó a titilar, hubo correcciones varias y se supone que habrá más. Hasta es posible aplazar la primera fecha para la exteriorización del “físico”, término que se adoptó para el dinero efectivo luego de que lo introdujera en la jerga el filólogo Fariña.

Para el Gobierno se volvió imprescindible ese instrumento, para salvar problemas de déficit, contribuir a estabilizar la economía y pedir menos prestado, a pesar de que en un principio Prat-Gay se pronunciaba en contra y consideraba su servicio como favorable al narcotráfico. Curioso: le tocó a Luis Caputo, mano derecha del ministro, cambiar la óptica de su jefe, pilotear el blanqueo y endosarles a los bancos la lentitud para transparentar de los contribuyentes. Más dudas sobre su propia gestión que sobre la naturaleza del proceso. Ocurre que a esa área se la reputa dominada por  tigres del mercado, con formación en entidades internacionales, que sin embargo no advirtieron la templanza de algunos ciudadanos con fondos negros: prefieren aguardar hasta el último día de diciembre para someterse a la norma, calculan que entonces dejan de pagar 1% sobre el 10% de castigo. Sencilla la demora: como el tipo de cambio a utilizar por la ley es el que cerró al 22 de julio (costaba 14,70), se habrá hecho la diferencia cuando se liquide a fin de año a 16. Las estrellas del rock internacional en los mercados parecen teloneros en cooperativas lugareñas.  

El blanqueo al final no resulta tan tentador. Pero lo podr{ia "salvar" el rol de la AFIP

Mucha plata, claro, incompetencia de funcionarios y legisladores. Otro bache ha sido la modificación de un proyecto “generoso” (como lo definió un hermano del alma de Macri) que luego devino en una legislación más restrictiva que la vigente en tiempos de Kicillof. Asombra que en este capítulo el oficialismo pierda ante los Quasimodos del pasado reciente que sólo ofrecían Cedin. La observación apunta, por ejemplo, a que un padre (o madre) que se había entusiasmado con el ingreso de su hijo en un puesto relevante de la administración de Cambiemos considera ese episodio hoy como una desgracia: no puede sincerar su patrimonio. Le ocurre lo mismo a su hijo, si fuera a la inversa, vástago de un padre que se jubiló después de décadas de servicio en un cargo prominente del sector público. Tan discriminatoria es la decisión que hasta puede ser cuestionable su constitucionalidad: viola obviamente la resolución de la Asamblea del año XIII sobre nacimientos. Pero no deben desesperar los posibles afectados: en la norma se institucionalizó la figura del testaferro. Una forma alucinada para esconder la “generosidad”.  

Tampoco ha sido feliz la panoplia de alternativas en bonos que ofreció el Gobierno para el blanqueo, ninguna con tentación financiera suficiente y hasta perjudicial, según la observación de cualquier operador del mercado. Ni hablar de la estrella, el imaginativo “bono mágico”, cuya magia será lograr que alguien lo suscriba. Tampoco atrae la  violación implícita al secreto del contribuyente, ya que aparecerá señalizado cuando le toque utilizarlos. Otra discriminación.

Tampoco se sostiene que, en tiempos de un gobierno que obliga a ciertos colaboradores a repatriar sus ahorros declarados (léase Melconian, tal vez Aranguren con la venta de sus acciones), sorprende que no estimule ese ejercicio para el ciudadano común. Por el contrario, se lo inicita a mantener sus fondos en el exterior bajo la excusa de que el Banco Central está inquieto para frenar cualquier invasión de activos externos, como forma de impedir que baje aún más la cotización del dólar. Otros afirman que se acordó con los bancos del exterior que levanten la voz para que su clientela no cambie de morada. Otra de los titanes financieros.

Como se sabe, el blanqueo viene obligado del exterior y, en la norma, los distintos tigres del mercado argentino no consideraron un elemento fundamental: decidieron imponer que el blanqueador presente su ejercicio contable al 22 de julio, olvidando que las entidades financieras sólo lo suministran a fin de mes y que, en la ocasión, no van a cambiar sus hábitos burocráticos por una exigencia temporal. Comprensiblemente, una parcial reglamentación modificó lo que parecía inalterable.

Para los expertos son muchas las lagunas pendientes, los cambios que merecerían tratarse, la nula bienvenida a quienes quieren normalizarse. Pero el tiempo corre y limita a una red de funcionarios de áreas diversas que participan de la organización del blanqueo, lo que entre ellos reconocen como muchas manos en el plato. Todos conocen el final del garabato, aunque en esta oportunidad cuesta conjeturar sobre un eventual fracaso del blanqueo.

Quienes en el CCK parecían atónitos por el curso de estos hechos mencionados, por último respiraron con esperanza: ocurre que la misma voz que les sembró tribulaciones también les dijo que hay una alternativa superadora del error de los funcionarios, borgeana, por encima del miedo: la del espanto. Y ésa aparece cuando la AFIP disponga de los medios para cazar evasores, a los que les amputarán no menos del 60% de los bienes descubiertos y hasta tal vez puedan ir presos. Parece poco atractivo para quienes fabricaron negro y para quienes volverán a fabricar negro después del blanqueo, ya que en ese sentido el Gobierno no piensa en nada.