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Brasil dividido, Argentina unificada

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Mitad y mitad. Tal vez no tanto, pero son muchos los brasileños que quieren que gane Argentina, no necesariamente porque nos amen (nadie nos ama), pero podemos dejar a Alemania sin título. Una especie de venganza de hermanos para irmãos. Si la Alemáquina vence, como la lógica indica, cada vez que se recuerde este título se recordará que en ese camino le metió siete a Brasil. Un oprobio. Un vejamen como mejor lo definió la prensa local.

La otra mitad no sólo quiere que Alemania nos gane, también desea que nos triture como a ellos. No hay negociación probable. Los hemos provocado tanto que sería imposible traerlos de nuestro lado. Justo es reconocer que no hicimos nada para seducirlos, por el contrario hace días que todo el tiempo escucho esa cuenta cantada a coro de ¡uuuunooo, dooooss, treeeess, cuaaatrooo, ciiincooo, seeeeisss, sieeete!

La Argentina, en cambio, está unificada, quiere que Brasil pierda por el tercer puesto con Holanda. Los argentinos quieren ver a Brasil tan abajo como los boquenses a los ‘millonarios’ o los riverplatenses a los ‘xeneizes’. Lo único que lamenta la mayoría de nuestros connacionales es no haber enfrentado a Brasil en esta Copa: la confianza era terrible, hoy, después de la eliminación del anfitrión, mucho más, tipo ‘pan comido’. Brasil, en cambio, prefería jugar con cualquier otro equipo menos con nosotros. Algo nuestro los intimida.

No es para menos, vi Argentina contra Holanda en una tribuna común, no fui a ningún sector vip ni al área de prensa, fui donde van los hinchas. Los argentinos que pueden parecer normales en una reunión de padres en la escuela, pero que en la tribuna se transforman, unos se idiotizan, otros se salvajizan. Metemos miedo. Ninguna frase, ninguna, pero ninguna de verdad, deja de ir acompañada de un insulto. Los gestos son prohibidos para menores y abuelas. Entiendo el temor de los brasileños que ni siquiera consiguen hacer una canción medianamente agresiva. Lo que para ellos es fiesta para nosotros es guerra. De hecho si Alemania nos hubiere metido siete goles a nosotros el partido no terminaba con los 22 en la cancha. Brasil no pegó, murió deportivamente. Me parece que es mejor así, porque estamos hablando de fútbol y no de las Malvinas.

Hoy Brasil difícilmente le gane a Holanda, si Holanda pone a los titulares, cosa que –parece– van Gaal no quiere hacer. Pero, si así fuese, Brasil no está en condiciones de ganarle a nadie. El golpe fue demasiado duro, volverá a perder y, entonces, sí será el fin de la era Felipão. Habrá renovación. Mañana, en cambio, Alemania no se sentará en los laureles conseguidos y volverá a demostrar que es una máquina y que merece el título. Mi única duda es si terminan los 22 en cancha.

(*) Director Perfil Brasil, creador de SóloFútbol y autor de Archivo [sin] Final.



Edgardo Martolio