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Brasil y las olimpiadas de la crisis

Con el alejamiento del poder de Dilma Rousseff el panorama para la política externa brasileña se opaca aún más.

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Foto:AFP

Con el alejamiento del poder de Dilma Rousseff el panorama para la política externa brasileña se opaca aún más. Todo indica que la agenda global se continuara reduciendo a medida que el nuevo canciller se enfoque en la agenda económica y comercial, así como la relación bilateral con países centrales mientras que aspectos esenciales para el softpower brasileño son ignorados por actores políticos internos que han desconsiderado el impacto de poner en la vidriera del mundo (los juegos olímpicos) a un Brasil inestable, polarizado, corroído económicamente y con una institucionalidad cuestionable. 

El posicionamiento internacional de Brasil que se dio en el pasado reciente es atribuible a una serie de factores, entre los cuales se destaca el softpower brasileño como herramienta de inserción y protagonismo internacional. La Copa Mundial de Futbol en 2014 fue un hito en los esfuerzos globales del gigante hasta entonces emergente. El siguiente objetivo para continuar ese fortalecimiento de inserción mundial eran los juegos olímpicos a realizarse dentro de unos meses en Rio de Janeiro.

 Pero el Brasil de 2016 no se parece al Brasil de 2007 que bajo la presidencia de Lula fue otorgada la organización del Mundial 2014. En ese entonces el gigante latinoamericano se encontraba en pleno ascenso internacional: En 2005 había recibido a George W. Bush que delegaba funciones a de hegemón regional a Brasil y mientras los aliados bolivarianos lanzaban una gran campaña anti-imperialista en Mar de Plata. Al año siguiente, en 2006, BRIC comenzaba con una reunión de trabajo al margen de la apertura de la Asamblea General de las Naciones Unidas preparando el camino para la primera reunión formal de Cancilleres del BRIC que se celebró en 2008 y la primera cumbre en 2009. Más adelante, Brasilia se convertiría en sede de la Segunda Cumbre BRIC en 2010. En simultaneo Brasil ocupaba posición como octava economía mundial en 2008, con un Producto Interno Bruto de US$1.612 billones.

En 2011 Brasil estrenaba el sombrero de “emprendedor normativo”, al lanzar la Responsabilidad Al Proteger, donde cuestionaba y validaba a su vez principios con raíces conceptuales en el Norte mientras que contribuía y avanzaba el debate desde el Sur Global. En el plano regional, el softpower brasileño también se hizo sentir a pesar de dificultades para imponerse en su propio vecindario. Su accionar efectivo en la desactivación de conflictos como en el caso de la crisis de Pando, Bolivia en 2008 mostraron una capacidad de su cancillería y su poder ejecutivo de traer soluciones a problemas que otros países de la región no lograban abordar. 

Ahora, a menos de 3 meses del inicio de las Olimpiadas de Rio de Janeiro, la presidenta Dilma Rousseff ha sido apartada temporalmente del poder y su lugar ha sido ocupado por su vice-presidente convertido en adversario político: Michel Temer. Mientras los diputados brasileños celebraban sus votos de impeachment con cantos, gritos y confeti, pocos consideraron el impacto que tendría sobre la proyección internacional de Brasil. Es así, que este país se enfrentará a un nuevo hito en sus esfuerzos globales con un presidente que caso darse elecciones hoy, tendría intención de voto de un digito, y que tiene dentro de sus propias filas del sector “pro-impeachment” una percepción negativa superior al 54%. A su vez, el y muchos de los que lo rodean, están también bajo un alto riesgo de ser removidos de sus puestos.

Las características específicas de la política exterior de Temer todavía no son del todo claras, pero según señala el reconocido especialista brasileño Tullo Vigevani, hace tiempo que existe presión por parte del PSDB, DEM y el mismo PMDB para que se implementen cambios en la política externa regional y global.

Entre las críticas que persisten esta la falta de inserción en cadenas productivas globales, así como la necesidad de aumentar los lazos con países centrales. Se apuntaría al fortalecimiento de los vínculos con la Alianza del Pacifico, que a su vez serviría para marcar el camino para la discusión sobre la relación con el TPP así como el debate en torno al área de libre comercio EEUU-UE. Cabe destacar, que, si se logran insertar estos temas en la agenda de un gobierno bajo presidencia de Temer, la oposición desde los sectores del PT y aliados será muy fuerte, lo que dificultaría el avance de negociaciones internacionales. 

Sumando obstáculos para los esfuerzos internacionales de Brasil, el nuevo canciller, José Serra, no es un internacionalista ni un diplomático de carrera, sino un economista cuya agenda está más enfocada sobre reestructurar el departamento de Comercio Exterior hoy vinculado al Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, para que este sea incorporado a Itamaraty mientras que alimenta sus aspiraciones presidenciales, basadas en parte en cierto nivel de superstición: Cuando Fernando Collor de Mello salió de la presidencia por medio de un proceso de impeachment en 1992, el entonces vice-presidente Itamar Franco también invito a un “tucano” para ser titular de Itamaraty. En ese momento quien asumió fue Fernando Henrique Cardoso, quien después pasaría a ser Ministro de Hacienda montando un equipo de jóvenes y talentosos economistas y creando el Plano Real, que ayudaron a pavimentar sus esfuerzos para llegar a la presidencia de Brasil en 1994. Es así que en Brasilia muchos atribuyen la aceptación del cargo en Itamaraty por parte de Serra a su interés en seguir los pasos de Fernando Henrique Cardoso. 

Entre las desestimaciones a nivel doméstico de elementos claves de la estrategia de inserción internacional de Brasil, la reorientación de los objetivos de la política externa bajo el gobierno de Temer, la oposición por parte del PT, la agenda económica/comercial del nuevo canciller y sus aspiraciones presidenciales, es probable que muchos de los logros internacionales de Brasil, sobre todo aquellos vinculados a las estrategias basadas en softpower, se vean golpeados o desdibujados en el corto plazo. Las implicancias para las aspiraciones globales de Brasil son considerables, aunque abre puertas para la emergencia de nuevos o renovados protagonistas en la región. 

(*) Director de Investigaciones de CRIES. En Twitter: @SerbinPont
 



Andrei Serbin Pont