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Brevísima historia de la forma breve

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La revista de historia Lapham’s Quarterly publica un largo artículo del escritor Ryan Ruby a los aforismos. La notas se titula La larga historia de la forma breve, y en ella Ruby arriesga la fecha del nacimiento oficial del aforismo: la publicación de los Aforismos del médico griego Hipócrates (sí, el del juramento). que vivió más o menos entre los años 460 y 377 a.C. Se trata de una colección de frases breves que resumen los conocimientos médicos de entonces. La primera, que es también la más conocida, dice: “La vida es breve, el arte es largo, la ocasión es fugaz, la experiencia es engañosa, el juicio es difícil.”
La popularidad de los aforismos permanece aún hoy, porque gracias a su forma incisiva pueden ser interpretados de muchos modos. Por ejemplo, cuando Hipócrates decía “la vida es breve, el arte es largo”, lo que entendía es que para aprender el arte de la medicina el tiempo no alcanza; hoy le damos otro significado: lo que un hombre hace en su vida tiene consecuencias que superan la muerte física.
Ruby explica que a diferencia de los proverbios de la Biblia, los aforismos no tienen un fin religioso: el tema principal es la brevedad de la vida. Entre los escritores de aforismos de la antigüedad están Epícteto (quien en realidad no escribió una línea: sus pensamientos fueron recopilados por un alumno suyo, Flavio Arriano), y Marco Aurelio. Lo que prevalece en ellos es el dictado de remedios, como en Hipócrates, pero no para el cuerpo sino para el espíritu. En los siglos que siguieron a la caída del Imperio Romano, esta función terapéutica del alma fue asumida por los textos cristianos.
La vuelta del aformismo tuvo lugar en Francia en el siglo XVII. Los dos máximos exponentes fueron Blaise Pascal (1623-1662) y François de La Rochefoucauld (1613-1680). Pascal era jansenista, movimiento religioso que fue declarado hereje por la Iglesia en 1641; los Pensamientos de Pascal tratan de conjugar razón y fe. Si hubiera tenido tiempo, es probable que Pascal habría expuesto su pensamiento de un modo menos fragmentario, pero para entonces tenía solamente 38 años y lo único que había escrito era sus Pensamientos. Uno de los más famosos dice: “El corazón tiene razones que la razón no entiende”. Las Máximas de La Rochefoucauld, en cambio, son laicas –y a menudo cínicas. Según Ruby es con La Rochefoucauld que el aforismo se transforma en instrumento de enseñanza filosófica y asciende a la categoría de género litrerario. Una de sus máximas dice: “La mayoría de las veces nuestras virtudes no son otra cosa que vicios disfrazados.”
Ruby llega al siglo XX pasando por Nietzsche, Kraus, Kafka, Pessoa, Wittgenstein y Ciorán, pero por alguna razón inexplicable, antes de dar ese salto omite a Georg Christoph Lichtenberg (1742-1799), cuya estatura es tan pero tan grande que para equilibrar tamaña omisión vamos a dedicarle pronto una columna a él solo.

gpiro