COLUMNISTAS DEBATES SOBRE LA PARALISIS

Buitres antiinflacionarios

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La falta de resultados de las políticas económicas se siente en el bolsillo más que en la mente y el corazón, a juzgar por las encuestas que siguen mostrando esperanzas en el futuro personal y de las cuentas del país. Pero produce sorpresa y falta de explicación en los despachos oficiales, donde sí creen que la falta de brotes de cualquier color les hará perder las elecciones de 2017. Empresarios y analistas acuden al debate que opone la orientación fiscalista de Alfonso Prat-Gay versus la dureza monetaria del Banco Central para domar la inflación.

Una porción relevante de los consultores económicos sostiene la necesidad de domar el déficit fiscal, que las urgencias políticas obligaron al Gobierno a profundizar y a mantener en los mismos niveles en que recibió el Gobierno. Aseguran que es allí en donde radica la falta de señales firmes para que empiece a desplegarse la inversión en gran escala.
"Si el déficit no baja, las inconsistencias (de los niveles de tasas de interés, del tipo de cambio) tenderán a perpetuarse y, aún si la inflación se estabiliza, será difícil saber cuál será el tipo de cambio real y el déficit cuasi-fiscal en un escenario de permanente endeudamiento en el exterior", opina Dante Sica.

Para Miguel Angel Broda, la inyección fiscal, que se aceleró en el último mes por las negociaciones con los sindicatos, las políticas sociales y la falta de recortes de subsidios, contribuirán a un rebote de la economía, que, sin embargo, no será consistente si el Gobierno no demuestra qué hará con el déficit fiscal.

Ambos escenarios asumen una política de tasas elevadas para contener la inflación. Pero Broda apunta que las metas del Banco Central, de 12 al 17% para 2017 muy probablemente sean incumplidas por la inercia de la inflación, la falta de austeridad fiscal y la política monetaria del Central, que no contribuye el mecanismo del 'inflation targeting'. El economista prevé un desvío de cuatro a cinco puntos. Pero, sobre todo, recurrentemente le advierte a Federico Sturzenegger acerca del daño en la producción fabril y el empleo que ocasionan las altas tasas, que por quinta vez consecutiva, la semana pasada mantuvo en 26,75% anual en la licitación de las Lebac.

Sica explica que en la escasa inversión influye (aunque no determina tanto como el déficit fiscal) el contexto monetario:  "con tasas altas no es negocio apurarse a gastar en bienes, excepto que se trate de proyectos de inversión de muy alta rentabilidad. Asimismo, en lo que hace a capital de trabajo, puede ser mal negocio tener que realizar el roll over de ese capital en un contexto de tasas altas", señala.

Cuestión de precios. Se trata, en todo caso, de la política antiinflacionaria. Y en la materia surge un nuevo análisis, que tiene que ver con lo que el economista y financista Francisco Prack atribuye a un "de-sajuste de expectativas". Alerta Prack que las políticas de financiamiento en el mercado que se abrió en el Gobierno no sólo introdujeron el debate acerca de los niveles de deuda, algo que ganó la agenda pública la semana pasada, sino que la dinámica planteada entre las licitaciones de Lebac del BCRA y las colocaciones en pesos del Tesoro, con una tasa de 15,5% a 10 años generan una expectativa de inflación menor a la del consenso de los economistas. El Relevamiento de Expectativas del Mercado del BCRA (REM) marcó 20% de acá a un año, mientras que el Central se fijó la ambiciosa meta de inflación de 12 a 17%. Pero, según Prack, la tasa de inflación que esperan quienes operan en bonos es del 14% a un año. Son los "arbitrajistas", los que trabajan con las operaciones de mercado y calculan rendimientos de los distintos bonos. Encarnan a las fuerzas especulativas del mercado financiero, los chicos malos, especuladores, buitres cotidianos.

"Dicho de otra manera, los arbitrajistas ven que, financieramente, las alternativas se equilibran con una tasa de inflación más baja que los macroeconomistas", concluye Prack. Esta brecha entre las expectativas de los economistas, las del BCRA y del mercado explica la demora en la reducción de tasas. La tasa real no es de 26,75%, sino la diferencia con la inflación esperada. De seis puntos sobre lo que surge del REM, nueve puntos sobre la meta de inflación y de 12 respecto de lo que está marcando el mercado de bonos. Por esa brecha irá el Central en la medida en la que las expectativas de inflación de los analistas se vayan alineando con las del mercado y los propios cálculos y objetivos de la entidad. Eso es lo que hay que esperar, y por lo que se ve, no hay ideas poderosas en el Gobierno que puedan contra esa mirada.