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Bye bye, Europa social…

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default Foto:Cedoc

En la Unión Europea (UE), lo único que crece de manera constante es el desempleo y la desigualdad. Esto se verifica en todo el mundo, pero en la UE atenta contra su propia existencia, o al menos –y esto parece ya definitivo- contra el proyecto de una “Europa social” sostenido por las izquierdas y el progresismo en general.

Durante las décadas de crecimiento económico consecutivas a la II Guerra Mundial, la progresión del “Estado de bienestar” alimentó esa expectativa. Pero  ahora, al cabo de dos décadas largas de recurrentes crisis capitalistas y “seis años largos después del arranque de la Gran Recesión, el número de británicos que se ven obligados a acudir a instituciones benéficas para comer se ha multiplicado por veinte, según un informe reciente de Trussell Trust. Italia reconoció la semana pasada, a través de su gobierno, que los niveles de pobreza han escalado a máximos desde 1997. El número de españoles atendidos en los servicios de acogida de Cáritas ha pasado de 370 mil a 1,3 millones en lo que va de la crisis. A Grecia han vuelto enfermedades como la malaria y la peste” (El País, Madrid, 6-1-14). En esta misma columna, hace un año, se informaba que en Francia, el segundo país en importancia de la UE, “900 mil adolescentes resignados, aplastados por la certeza del fracaso, no estudian ni buscan trabajo”, según una cobertura de primera página de Le Monde (PERFIL  9-6-13). Los ejemplos pueden multiplicarse, incluso en Alemania, el país europeo que mejor sobrelleva la crisis capitalista mundial.

Ningún sector parece disponer de otra receta que el ajuste neoliberal; o sea el millonario rescate a bancos y empresas con dinero público y el recorte del dinero público destinado a los gastos sociales. La semana pasada, en un discurso ante los centros de estudios Open Europe y Fresh Start Project, el ministro británico de Economía, George Osborne, propuso una profunda renovación de la UE. Afirmó que los tratados de base europeos “han quedado obsoletos” y condenarán al bloque al deterioro económico. La reforma que propuso es, esencialmente, reducir al máximo el Estado de bienestar, que supone el 50% del gasto global europeo.

Si estas propuestas de un ultraconservador como Osborne no son sorprendentes, a esta altura tampoco lo son las de un socialdemócrata como François Hollande, que la semana pasada anunció un ajuste por 50 mil millones de euros, motivando el aplauso del sector empresario y financiero y los elogios del ex primer ministro conservador Jean Pierre Raffarin. El Estado francés dejará de percibir (por lo tanto de distribuir) 35 mil millones de euros por año en concepto de cargas sociales. El anuncio indignó a los sindicatos y a la izquierda, incluyendo a la del Partido Socialista francés.

“Es una fuga hacia el ultraliberalismo”, afirmó Marine Le Pen, del ultraderechista y antieuropeísta Frente Nacional, primero en las encuestas de cara a las elecciones europeas de junio próximo. Por su parte, el líder de izquierdas Jean-Luc Mélenchon señaló que Hollande “prometía que iba a combatir al mundo de las finanzas y ahora llena de regalos a la patronal”. Pero ni Le Pen ni Mélenchon parecen tener tampoco las ideas claras: para ambos, la receta de la salida a la crisis la tienen… el venezolano Nicolás Maduro y Cristina Fernández (“Populismo a la francesa”, PERFIL, 8-12-12).

Como se ve, el desconcierto es total, porque en toda la UE se multiplican estas fórmulas con el mismo resultado: escasas perspectivas de crecimiento y brutal aumento del desempleo y la desigualdad. Según previsiones de la Comisión Europea, el bloque de 17 países de la Eurozona registrará un crecimiento de 1,1% en el 2014. Mientras tanto, en Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre, los cuatro países que recibieron la “ayuda” de los tecnócratas de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, se han destruido dos millones de empleos.

Hasta nuevo aviso, adiós a la Europa social y, de seguir así, quizá a la propia Unión Europea.


*Periodista y escritor.
Acaba de publicar, junto a Mario Bunge, ¿Tiene porvenir el socialismo? (Eudeba).


Carlos Gabetta


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