COLUMNISTAS CENTENARIO Y POLEMICAS

‘Caballo de guerra’

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Aun siglo del inicio de la Primera Guerra Mundial, el gobierno de Ucrania acusa a Rusia de querer lanzar un tercer conflicto global y se cruzan amenazas y sanciones, mientras las dudas sobre lo ocurrido hace cien años siguen abiertas y piden reflexión, como War Horse impulsa desde escenarios británicos.
El debate sobre la Gran Guerra (1914-18), que causó más de diez millones de muertos, recrudeció en Gran Bretaña en enero a raíz de declaraciones del ministro de Educación, el conservador Michael Gove.
En tanto, War Horse, una obra de teatro basada en la novela homónima (1982) del británico Michael Morpurgo, cosecha aplausos con su visión dolorosa sobre ese conflicto bélico que modificó el tablero mundial y signó el ocaso del uso de caballos en batalla.
Sobre la actual situación en Ucrania, que en este año del Centenario lleva a pensar en el contexto de la Gran Guerra, el profesor Keith Darde de la American University advirtió en un artículo del New York Times que ninguna de las partes en juego dice la verdad.
Por el contrario, la verdad de Morpurgo es clara: trata del vínculo afectivo entre un caballo, Joey, y un adolescente, Albert, que padecen el horror de la lucha, como destacó en enero la Cinemateca de Cuba en La Habana al anunciar un ciclo de 33 filmes sobre la Primera Guerra Mundial. Entre otros títulos incluyó La grande illusion, de Jean Renoir (1937), La grande guerra, de Mario Monicelli (1959), y War Horse, de Steven Spielberg (2011), basado en la novela británica.
Para su relato, Morpurgo investigó que su país llevó un millón de caballos a Francia durante el conflicto pero sólo regresaron 62 mil. La historia no era conocida cuando el escritor (dedicado a la literatura infantojuvenil y con más de 120 obras en su haber) la plasmó. Luego, en 2007, Nick Stafford la adaptó para teatro y desde el estreno, con marionetas gigantes de la Handspring Puppet Company de Sudáfrica, fue vista por 5 millones de personas en Gran Bretaña y otros países, entre ellos Estados Unidos y Alemania.
El programa de sala explica que el público experimenta un “viaje emocional a través de los campos de batalla”, mientras muñecos a gran escala dan vida a caballos que, con realismo y arte, galopan, resisten, quedan atrapados entre alambres de púas y que, como las personas, caen en abrumadora proporción bajo el fuego de ametralladoras y rifles de tiro rápido.
Para la presentación en Southampton, sur de Inglaterra, las entradas se reservaban con un año de anticipación, y en la semana previa a la función del 1º de marzo quedaban sólo lugares de pie. Niños, padres y abuelos, que colmaban la sala, se alzaron para ovacionar el emotivo final del espectáculo y los comentarios repropusieron el debate.
En el hall, un inglés que va saliendo con su familia recuerda los que llama “aberrantes” dichos de Gove, para quien la serie Blackadder goes forth (BBC, 1989), con Rowan Atkinson y Tony Robinson, hace pensar que la Gran Guerra fue “un disparate”. Para Gove, la ironía de esa comedia (“Murieron millones pero nuestras tropas no avanzaron más que una hormiga asmática cargada con las compras”) es la “compulsión de algunos por denigrar virtudes como el patriotismo, el honor y el coraje”. Pero el laborista Robinson salió al cruce: Gove cometió “un error estúpido”, apuntó.
La polémica, como las heridas y el militarismo, sigue abierta.
En el otro hemisferio, el 30 de abril Argentina reafirmó su denuncia sobre la militarización británica del Atlántico Sur, “motivo de preocupación” –escribió la Cancillería– para la “región toda”.

*Periodista y escritora.



Dora Salas