COLUMNISTAS SHOPPING CABALLITO

Cambiemos prioridades

Por cuarta vez, el jefe de Gobierno envió a la Legislatura un proyecto para la creación de un shopping en Caballito.

Portal Perfil.com
Portal Perfil.com Foto:Perfil.com

Por cuarta vez, el jefe de Gobierno envió a la Legislatura un proyecto para la creación de un shopping en Caballito. La Ciudad de Buenos Aires actualmente cuenta con 17 centros comerciales.

La Comuna 6 es la tercera más densamente poblada y una de las que menos espacios verdes tiene, con apenas 1,5 m2 por habitante, lejos de los 10 m2 que recomienda la OMS. El rol del Gobierno es llevar adelante políticas para mejorarles la calidad de vida a los porteños y destinar 23.000 m2 de terreno a espacios verdes sería un buen punto de partida. No obstante, el Ejecutivo busca nuevamente que la empresa IRSA localice un shopping en terrenos linderos al club Ferro. Sin embargo, en lo que va del año, no ha presentado ningún proyecto para la urbanización de las villas de la Ciudad.

La decisión de apoyar la construcción de un nuevo centro comercial debe analizarse a partir de las externalidades que genera en su entorno (alteración del tránsito vehicular, mayor demanda de electricidad, aumento en la generación de residuos, degradación del medio ambiente), que a corto o largo plazo repercuten directa o indirectamente en las condiciones de vida de los habitantes.

Un indicador de gran relevancia es la relación entre el espacio construido y el espacio público. Caballito se encuadra entre las comunas que peor se encuentran en este sentido. Los procesos de densificación deben compensarse con la creación de espacios públicos que atenúen el impacto urbano y ambiental. El soterramiento del Sarmiento en Caballito presenta una oportunidad de ampliar los espacios verdes; localizar un shopping en ese terreno elimina esta posibilidad.

Esta es una de las tres zonas en las que más ha crecido la construcción, con una relación entre la superficie construida y la superficie construible cercana a cero. Mientras los shoppings consumen gran cantidad de energía durante largos períodos, de muy diversas maneras (calefacción, refrigeración, iluminación), la infraestructura y los servicios del barrio se encuentran en condiciones críticas; a nivel hidráulico, tanto las cañerías como la red de desagües pluviales se encuentran desbordadas y, en lo que refiere a la electricidad, se han sufrido numerosos cortes del suministro.

Por último, la congestión en el tránsico en Caballito, como en toda la Ciudad, se siente todos los días, la propuesta de localización del shopping es en un lugar crítico: en la actualidad, está a cuatro cuadras de una barrera del tren, y justo donde se reduce la calzada de Avellaneda de cuatro a dos carriles.

Además, es importante destacar que ni a la Ciudad ni a Caballito le faltan polos comerciales, a diez cuadras se encuentra la intersección entre las avenidas Rivadavia y Acoyte, con una enorme cantidad de comercios que se extienden al este y al oeste, hasta llegar a los barrios linderos de Flores y Almagro, el existente Shopping Caballito en Rivadavia y Riglos, y por último el centro comercial y de cines Village. De acuerdo con algunas cámaras empresariales, el impacto en el empleo resulta en la pérdida de 6,6 puestos de trabajo por cada nuevo generado.

Hablamos no sólo de una oportunidad perdida en términos de una mejora en la calidad de vida de los vecinos, sino que además la titularidad del terreno no se encuentra del todo clara por diversos pleitos legales, que acaban en una exigencia por parte de los vecinos de acceder a la escritura, que aún no se ha podido concretar.

El rol indelegable del Estado porteño es el de planificar la Ciudad con vistas a mejorarle la calidad de vida a la población; la creación de un shopping no persigue este fin, por eso no debería ser una de las prioridades de la gestión. El ciudadano tiene que estar en el centro de la escena, y en el caso del proyecto del Ejecutivo-IRSA, está lejos de ello.


*Licenciada en Ciencia Política y secretaria parlamentaria del bloque SUMA+. en la Legislatura Porteña.



Bárbara Bonelli