COLUMNISTAS MEDIO ORIENTE

Camino a R2P

Ante la crisis siria, y su consecuencia, la llegada de millones de desplazados a Europa, la UE debería evaluar el uso de una “fuerza del bien” para prevenir crímenes contra la humanidad.

PERFIL COMPLETO

Aunque necesite un esfuerzo importante, habría que creerle a Staffan de Mistura, el enviado especial de la ONU, quien luego de anunciar la suspensión hasta el 25 de febrero de la tercera ronda de negociaciones en Ginebra entre el régimen de Bashar al-Asad y sus opositores, para encontrar una solución al conflicto en Siria, apenas dos días después de su forzado comienzo el 1º de febrero, aseguró que no habían fracasado. Las partes, que negociaban en forma indirecta, necesitan más tiempo para empezar el proceso político. Quienes insistieron en la suspensión fueron los representantes de la oposición que insiste sobre las demandas humanitarias que, aparentemente, el régimen no concede. Muhammad Allouche, el representante del sector salafista, ya había adelantado el primer día que no estaba de acuerdo en una solución que preveía formar un gobierno de unión nacional con un régimen “criminal” que “asesina niños”.
En cuanto al gobierno, la suspensión de las negociaciones no parece preocuparlo demasiado; al contrario, con la ayuda de sus aliados rusos e iraníes así como con la participación de combatientes del Hizbolá libanés, chiitas iraquíes y hasta hazaras afganos, las tropas sirias pasaron a la ofensiva en todos los frentes y recuperaron terreno sobre todo en Alepo, Latakie y Homs. La importancia del avance del régimen es notable a tal punto que parece preocupar a Washington; el secretario de Defensa, Ashton Carter, advirtió en una conferencia en el Pentágono que los ataques aéreos rusos tomaban como blanco a las posiciones de la oposición siria que Estados Unidos considera “legítima”.
La aparente contradicción entre la preocupación de Carter por la ventaja militar en el terreno de Al-Asad y los rusos y la postura cooperativa del secretario de Estado John Kerry para lograr que Ginebra III por lo menos empiece refleja más bien la falta de una línea política clara de Washington en el conflicto. Stephan Walt, un reconocido académico de Harvard y analista de política internacional generaliza aún más sosteniendo que Estados Unidos no tiene política en Medio Oriente. “Para buena parte del medio siglo pasado, los líderes de Estados Unidos sabían quiénes eran sus amigos y quiénes sus enemigos, y tenían un sentido bastante claro de lo que querían lograr en la región”, escribió en Foreign Policy el 29 de enero. “Ya no”. Quizá nada ilustre la incertidumbre estratégica estadounidense en la región como el acuerdo de Kerry para negarles a los kurdos de Siria una silla en la mesa de negociaciones bajo la presión turca, aunque en el terreno ninguna otra fuerza demostró tanta lealtad a la alianza con Washington como los Peshmergas –combatientes kurdos…
Con toda la atención puesta en Ginebra III, la noticia proveniente de Estrasburgo el día después de la suspensión de las negociaciones pasó inadvertida. En efecto, el 4 de febrero, el Parlamento Europeo votó por unanimidad una ley que caracterizó como “genocidio” el asesinato sistemático de las minorías del llamado Estado Islámico. La resolución había sido presentada por el diputado sueco Lars Adaktusson, quien calificó como “histórica” la decisión, y en una entrevista a Newsweek dejó claro que su intención es abrir camino hacia una responsabilidad colectiva para intervenir y parar las atrocidades cometidas por los islamistas contra cristianos, kurdos yazidí y otras minorías. Adaktusson, evidentemente, hace alusión a la normativa internacional de la Responsabilidad para Proteger, o R2P como se conoce, que legitima la intervención para prevenir crímenes contra la humanidad.
No es, por supuesto, fácil cualquier implementación de una ley votada en el Parlamento Europeo para su transformación en una política coherente y consistente. Tampoco el antecedente de la implementación de R2P en el caso libio es muy alentador. Recordemos que la intervención de la OTAN en Libia que facilitó la caída del régimen de Gadafi fue permitida por la ONU, donde el entonces presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, presentó el caso sobre la base de R2P luego que el ex dictador amenazó con “matar a todos estos perros”, refiriéndose a la oposición que se había levantado contra su régimen. En aquel entonces no hubo ni veto, ni oposición a la propuesta francesa en el Consejo de Seguridad señalando el repudio mundial hacia su persona que Gadafi había logrado crear pese a su generosidad post-septiembre 11 de 2001 para quienes estaban dispuestos a recibirla para perdonar sus crímenes… La R2P en Libia era plenamente justificada, aunque la intervención y la posintervención le dieron también toda la razón a Brasil para insistir sobre la Responsabilidad al Proteger…
Más importante quizá para la implementación de la ley es la necesidad de una estrategia europea para proponer una alternativa a la lógica de suma cero que imponen las partes directamente involucradas en el conflicto sirio y sus aliados/patrocinadores regionales y que Washington y Moscú no logran neutralizar. La alternativa europea, precisamente, podría ser la R2P. La Unión Europea ya ha ensayado el concepto de una “fuerza del bien” para una política de defensa que no responde a la dinámica del poder, sino a las necesidades humanitarias. No faltan razones objetivas para una estrategia europea contra el extremismo islamista; según las últimas encuestas del Eurobarómetro (noviembre 2015), 58% de los europeos considera a los refugiados como su mayor problema, seguido por el terrorismo -25%; la economía y la desocupación ocupan el tercero y cuarto lugar, -21% y 11%, respectivamente. La fuente principal de ambas preocupaciones es el llamado Estado Islámico y/o grupos islamistas rivales.  Más aún, la ausencia de una estrategia europea incentiva a la extrema derecha, cuya postura islamofóbica y estrechamente nacionalista/localista se aleja de la “fuerza del bien” y de normativas de compromiso humanitario como la R2P.  

*PhD en Estudios Internacionales de University of Miami. Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés.



Khatchik DerGhougassian*