COLUMNISTAS VOTANTES Y CANDIDATOS

Campañas que no conmueven

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Pocas veces una campaña electoral se ha parecido tan poco a una campaña electoral. Es cierto que la etapa pre PASO define un contexto distinto del habitual; pero aun así sorprende el débil clima de identidades partidarias, de instalación de imágenes, de consignas y otros símbolos que habitualmente son la carnadura de las campañas. A lo sumo, algunas candidaturas han logrado imponer sus colores identificatorios. El resto queda, por ahora, en manos de la prensa gráfica y televisiva.
Otro rasgo de este proceso electoral es la baja definición de los distintos espacios. Los candidatos se muestran correctos, hasta amigables entre sí. Pero dentro de un mismo espacio político se sacan chispas unos a otros. La primaria del Pro en la Ciudad fue un anticipo. El socialismo en Santa Fe no se quedó muy atrás. Al radicalismo le costó llegar entero hasta hoy, y su sociedad con el Pro y la Coalición Cívica a mucha gente le despierta más intrigas que otra cosa. El espacio liderado por Massa se arma y desarma continuamente. El peronismo como megaespacio ya no existe, pero dentro del Frente para la Victoria las tensiones se cortaban con tijera hasta que, con dificultades, la Presidenta parece haber organizado algo el tablero. Un notición fue la presencia de Scioli en 6,7,8: lo recibieron, lo trataron bien y el hombre salió indemne. El único herido en ese frente parece ser Randazzo.
El caso de la Capital Federal es interesante porque, al disponer de un calendario electoral adelantado, anticipa los tiempos. El debate que no fue debate entre los tres candidatos con más votos ha dejado a miles de votantes más desconcertados que antes. Por lo pronto, se destaca un resultado nítido: el debate sirvió para instalar a Recalde como nunca lo había conseguido antes. Mientras Lousteau y Rodríguez Larreta se sacaban chispas, Recalde hizo gala de su buena presencia, su buena oratoria y el cómodo despliegue de sus argumentos estatistas. En principio cualquiera diría que ese discurso estatista es lo menos apropiado para el electorado de la Ciudad, pero como ninguno de los otros se ocupó de refutarlo el hombre salió entero y más robusto que cuando entró. Mientras tanto, radicales y Pro, un poco aliados y un poco rivales, contribuyen a la confusión general. Lousteau se apoyó unas cuantas veces en citas de Michetti para atacar a su rival; juega con la ambigüedad.
Varios candidatos no invitados a tomar parte en estos debates han expresado su malestar por la omisión. Sin cuestionar los derechos de quienes organizan los debates y quienes controlan los medios, se diría que tienen razón. Si la campaña se hace a través de los medios y no comunicando directamente a los votantes, los medios deberían darles la oportunidad de hacerse oír.
Scioli –quien logró su candidatura a fuerza de pelearla con el estilo todoterreno que domina a la perfección– se muestra cómodo aceptando que compartirá el gobierno con Zannini. A los posibles votantes sciolistas esa candidatura no parece despertarles temores de perder lo que más ansían: un clima de tranquilidad en estas aguas de la política que fácilmente pueden tornarse turbulentas. Eso le aseguraría un caudal de votos para llegar a la elección de octubre con buenas posibilidades. Los opositores alegan que será una pieza sin autonomía en un tablero controlado por el kirchnerismo. Los votantes independientes –al menos hasta ahora– no lo ven así. Los actores económicos están divididos, pero se mantienen expectantes; algunos piensan que será más de lo mismo, otros dicen que el presidente de la Argentina será Scioli y que eso por sí solo bastará para abrir un horizonte de mayor confianza.
Macri debe pasar la prueba de la elección en la Capital y en Córdoba, y entonces estará preparado para unas PASO que no le interpongan obstáculos serios. Pasada esa etapa estará en condiciones de salir a disputar el voto para la elección presidencial, confiando en su estrategia de esperar que los votantes, después de las PASO, produzcan el alineamiento opositor que los dirigentes no lograron.
Massa tiene que dirimir en las primarias su candidatura con De la Sota. Mientras tanto, espera que la realidad genere los hechos que las decisiones de su organización no definen. Como le sucede al PRO, su aliado en un lugar es su adversario en otro. ¿Cómo responderán los votantes a esas sutilezas de la política? Hoy nadie puede anticiparlo.
Si alguien espera información sobre qué harán los candidatos si llegasen al gobierno es mejor que no se haga muchas ilusiones. El votante medio no se hace esas preguntas, porque si se lo dicen no les cree. En este plano los votantes del promedio y los candidatos se entienden sin hablar demasiado, y eso es parte de la cultura argentina.

*Sociólogo.



mmorayaraujo