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Campos gravitacionales

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El Frente para la Victoria es (¿o era?) una heterogénea coalición conformada por una pluralidad de grupos que se extiende desde los kirchneristas no peronistas y sus organizaciones sociales –integrantes de Unidos y Organizados, Nuevo Encuentro y La Cámpora– hasta los más tradicionales políticos y gobernadores provinciales del Partido Justicialista.
La articulación de ese espacio fue en los últimos años producto de la capacidad de conducción política y de los recursos del Estado. Nada nuevo: cash y expectativas, como decía el ex presidente Néstor Kirchner. Por eso era predecible que al perder el control de la caja el FpV se encontrara frente a un proceso de fragmentación como en la actualidad.
Esas pluralidades, al día de hoy, se hallan en órbita alrededor de tres campos gravitacionales diferentes. Obviamente, pueden desviarse en el transcurso su trayectoria en dirección a uno u otro, dependiendo de la fuerza gravitacional. Se distingue con mayor claridad un campo bien delimitado como kirchnerista puro, el núcleo duro del gobierno anterior, con una poderosa fuerza de gravedad en torno a la ex mandataria Cristina Fernández de Kirchner. Los otros dos campos gravitacionales se disputan fragmentos pero ambos coexisten dentro del Partido Justicialista: los dirigentes republicanos, más cercanos al presidente Mauricio Macri, que plantean la ruptura con el bloque anterior, presentan una clara intención de disputarle el lugar al Frente Renovador del diputado Sergio Massa como interlocutores de la oposición con el Gobierno o, al menos, exponen una estrategia similar.

El gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, el ex director de la Anses Diego Bossio, y los diputados del llamado Bloque Justicialista integran este campo. En el medio de este escenario se encuentran los moderados centristas, que quieren mantener las fronteras del Frente para la Victoria tal y como existían mientras se pueda, pero al mismo tiempo matizando la confrontación con el Gobierno y expresando cierta responsabilidad institucional. Es el campo del bloque de senadores y de algunos gobernadores y diputados que permanecen en el bloque del kirchnerismo que conduce Héctor Recalde.
Tal y como están las cosas, ese sistema gravitacional en torno del control del Estado nacional, que permitía mantener la diversidad dentro de la unidad, dejó de estar en equilibrio. De todas las partes que lo componían, es claro que el Partido Justicialista es el que puede generar un mayor campo gravitacional que mantenga, si no todo el amplio espacio que abarcaba el FpV –como pretenden los moderados–, al menos buena parte del espacio político peronista. De modo que quien logre conducir el justicialismo muy probablemente será también el que articule el sistema gravitacional más poderoso de los tres que hay en disputa.

Perdida la presidencia de la república y la provincia de Buenos Aires a manos de Cambiemos, y sin la posibilidad de gobernar ninguno de los principales distritos del país, la pelea por el poder en el espacio que antes ocupaba el FpV se transfirió al justicialismo: sigue siendo la mayoría en el Senado, es la principal fuerza de oposición en una Cámara de Diputados sin una mayoría definida y la mitad de los gobernadores pertenece a ese instituto político.
La incógnita a despejar de aquí a las elecciones internas del justicialismo es si los tres campos gravitacionales permanecerán autónomos, más allá de lo que ocurra, o si convergerán y, de hacerlo, bajo cuál de las tres lógicas lo harán. Sea cual fuere el desenlace, el Partido Justicialista se debe
desde hace tiempo una gran discusión interna acerca de qué es, qué quiere y cómo promueve aquello que pretende. Sin dudas, con la excepción del triunfo de los dirigentes “moderados”, todo indica que, de triunfar el campo kirchnerista o el dialoguista, el Frente para la Victoria dejará de existir como lo hemos conocido. El Gobierno mira con ansiedad este desenlace.

*Profesor en Ciencia Política de la Universidad de San Andrés.



Diego Reynoso