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Capitalismo: crecimiento y desigualdad

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En las últimas semanas, se renovaron los viejos cruces entre el Episcopado argentino y el gobierno nacional, que encabeza Cristina Fernández de Kirchner, en función del sempiterno debate acerca de si ha aumentado la pobreza o si ha crecido la economía argentina. Pero Iglesia y Gobierno esconden, cuidadosamente, el verdadero flagelo que genera el sistema capitalista: la desigualdad social.

Además, el kirchnerismo ya no puede retornar a su discurso inicial (engañosamente anticapitalista), después que la propia Presidenta ha venido remarcando que su proyecto político siempre estuvo encuadrado dentro de los límites del sistema capitalista.

Con ello se derrumba, definitivamente, una colosal impostura política del peronismo denominada “la tercera posición”, la cual, supuestamente, sería equidistante del capitalismo y del socialismo. Una falacia tan seductora que se convirtió en mito. Porque la propiedad de los medios de producción de bienes y servicios sólo puede ser privada o colectiva.

Crecimiento económico y mayor desigualdad social no son dos aspectos contradictorios en el capitalismo. Son complementarios. Crece la economía y, al mismo tiempo, crece la pobreza porque se mantienen inalterables los paradigmas de distribución de la riqueza social que rigen en el sistema capitalista, los cuales reproducen y acrecientan todas las desigualdades sociales.

El mero hecho de que no todos los integrantes de una misma sociedad tengan igual posición respecto de los medios de producción de bienes y servicios sino que, por el contrario, esos medios sean propiedad privada de una pequeña minoría determina que esa minoría multiplique indefinidamente su capital explotando el trabajo de una enorme mayoría que permanece sumida en la miseria.

Y los integrantes de esa pequeña minoría controlan el aparato del Estado e imponen las normas legales que legitiman, resguardan y naturalizan los intereses de esa clase dominante: la burguesía.

Esto también genera una inexorable concentración de la riqueza social. Menor cantidad de ricos, que son cada vez más ricos. Y mayor cantidad de pobres, que son cada vez más pobres. Es un fenómeno socialmente perverso pero nada sorprendente. El aumento exponencial de las desigualdades sociales es una consecuencia lógica del funcionamiento normal del sistema capitalista, donde el trabajo humano es la mercancía que les otorga valor agregado a todas las demás mercancías.

La desigualdad social conlleva referencias comparativas. Si hay pobres, es porque hay ricos. Si ha aparecido la categoría estadística de “indigentes”, es porque todos los indicadores socioeconómicos se ven obligados a reflejar que ya existe una significativa franja social a la que la categoría convencional de “pobres” le resulta demasiado alta e inalcanzable.

No es posible resolver este problema dentro del capitalismo. Todos los paliativos que puedan encontrarse serán transitorios e insuficientes. Y sólo servirán para prolongar esta renovada agonía que exhibe el sistema capitalista en todo el planeta.

Así, América del Sur no es la región más pobre del planeta ni la de menor desarrollo de sus fuerzas productivas. Es la región donde se registran mayores desigualdades sociales. Consecuencia directa de un capitalismo irreversiblemente periférico.

El agotamiento de un sistema político y socioeconómico no produce, por sí solo, la caída de ese sistema. Sólo genera mejores condiciones objetivas para que pueda ser derribado por la acción política concreta y organizada de las masas.

Esto último significa que la abolición revolucionaria del capitalismo y su reemplazo por una sociedad socialista no es un hecho que, fatalmente, ocurrirá. La historia no otorga garantías de futuro.

Pero resulta evidente que, en un corto plazo histórico, la mera supervivencia de la especie humana exigirá nuevos paradigmas en la distribución de la riqueza social.

Demandará aquello que, a pesar de todas las dificultades que ha tenido en su todavía breve construcción histórica, se sigue llamando socialismo.

*Abogado. Miembro de Plataforma 2012..



Mario Raul Bordon