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Carrió: entre Cambiemos y Mantengamos

La diputada nacional reproduce la ambivalencia de Massa: ser aliado del Gobierno para, cuando le conviene, también ser opositor.

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Foto:Marcelo Aballay

¿Qué sería, al fin de cuentas, la vida, si no se diera ninguna repetición? El mundo, desde luego, jamás habría empezado a existir si el Dios del cielo no hubiera deseado la repetición.

(Søren Kierkegaard, La repetición)

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Somos la repetición. La esencia del ser-en-sí se aprecia con mayor autenticidad en la repetición. Para Kierkegaard, el genial filósofo danés, la vida sin repetición no podría tomarse en serio, perdería el sustento de lo sólido en que apoyarse. Si la verdad estuviera en la repetición, Elisa Carrió parecería responder perfectamente a ese carácter donde la repetición es una exigencia existencial, al volver a castigar al líder de su espacio político, ahora Macri, como ha hecho en el pasado con Alfonsín y De la Rúa, cada uno en su momento.

Tras los aumentos de tarifas últimos, C5N tuvo más rating que TN y Clarín decidió sumarse a las críticas

Retórica del impacto. Lilita, en su proceder, se afilia más al colectivo de Mantengamos que al de Cambiemos. Freud, en su texto Recordar, repetir y reelaborar, se refiere a la “compulsión de repetición” asociándola al fracaso, a aquello que no fue bien tramitado, que vuelve incesantemente porque quedó estancado, sin resolverse y sin poder evolucionar. Al revés, Macri propone el cambio como principal herramienta de su éxito. Paradojas de una alianza entre tribus distintas.

Probablemente Carrió no quiera cambiar porque dejar de ser autodestructiva del espacio que integra no sea para ella una forma de evolución y prefiera ser una librepensadora antes que política. Alguna vez desde esta columna ya se sostuvo que Carrió era más una gran periodista de investigación que alguien con aspiraciones de gobernar.

También Carrió es más una gran artista, que precisa antes que nada el aplauso del público o, por lo menos, que se llene el teatro de su audiencia y no perder nunca vigencia y visibilidad. La política tiene mucho de espectáculo. Y hay que reconocer que parte del periodismo, también.

Esta semana C5N, con sus críticas a los aumentos de las tarifas de Macri, le ganaba el rating a TN hasta que desde el Grupo Clarín decidieron también sumarse a esas mismas críticas. Probablemente Carrió tenga otro termómetro del rating, en su caso social, que también indique el comienzo del fin de la luna de miel.

Lo mismo olfatearon los líderes sindicales, que se unieron para formar una única CGT y anunciar las primeras formas de protesta conjuntas. O los líderes empresariales, que le pasaron al ministro de Producción, Francisco Cabrera, un reclamo por la recesión que se vive (ver página 23).

Sonidos negros. “Es cierto que hay que salir de los subsidios –escribió Carrió en Twitter– pero no de esta forma, sin pensar en la sociedad, que el solo título de aumento la angustia. No comparto los ajustes brutales en medio de tan alta inflación, no se puede ahogar a la sociedad que nos apoya en el cambio”.

“Hice todo para pararlo y no pude”, remató Carrió mientras su ex candidato a vicepresidente en las PASO, el dirigente social en La Matanza Héctor “Toty” Flores, agregó que “por los ajustes, el conflicto social puede llegar a ser violento”.

Otro integrante de la boleta electoral de Carrió en el pasado es el actual ministro de Finanzas, Alfonso Prat-Gay, sobre quien pesan críticas internas en el PRO que también podrían estar dando letra a Carrió (ver página 3). Principalmente porque la inflación acumulada de enero a abril –cuatro meses– será casi igual a su previsión para todo el año (20%), calculando que por los aumentos recién anunciados la inflación de abril será del 6%.

Los acuerdos (cordis es corazón en latín) sólo se alcanzan con el corazón porque quien quiera sólo sacar ventaja encontrará siempre justificaciones para romperlos. Cambiemos hoy lo que menos precisa es que sus aliados políticos piensen más en su propia popularidad que en la del Gobierno: sin gobierno no hay república.

Que lo haga Massa tratando de sacar provecho tanto de pertenecer al oficialismo como de oponerse ante cada medida impopular, para maximizar su provecho, es esperable; sobre el aumento de tarifas ayer dijo: “Entraron al quirófano con una motosierra en lugar de con un bisturí”. Pero que lo mismo lo haga alguien que integra la coalición de gobierno puede ser visto como egoísmo y falta de fidelidad. Y si además se trata de una fundadora de la coalición, hasta como una incoherencia.

Carrió reproduce la ambivalencia de Massa: ser aliado del Gobierno para, cuando le conviene, también ser opositor

Agarrar el puño con la mano. Zhuangzi, el famoso filósofo de la antigua China, sostenía que “todas las cosas por fuerza tienen su es, y por fuerza todas las cosas tienen su puede ser. Nada hay que no tenga su es ni nada que no tenga su puede ser”. Carrió debe justificar sus críticas a la coalición que integra bajo la lógica de querer mejorar al Gobierno y sacar su mejor puede ser. Existe el ánimo correctivo en la crítica pero esa forma de ayudar a corregir es la del periodismo. Quien integra la coalición de gobierno tendría que poder corregir desde dentro.

Una ventaja en el caso de Carrió es que, al ser tan evidente su repetición, se hayan creado los anticuerpos para que lo que la primera vez se dio como drama (la Alianza, Alfonsín, De la Rúa) se repita como comedia y sus críticas no tengan ya el mismo efecto.



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