COLUMNISTAS EL NIÑO KIRCHNERISTA

Casey Maravilla

Una mirada distinta sobre la aventura imaginada por el nene del momento. 

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Foto:Cedoc

El momento más significativo se asoma sobre el cierre de la entrevista, cuando Casey Wander dice que quiere ser presidente en 2050, pero que su partido tendrá un nombre diferente al de Cristina Kirchner, al que denominará como “peronismo para la victoria”. El niño, al que las críticas de tendencia sabsaysianas han catalogado como el peor ejemplo de adoctrinamiento espantoso, completa su declaración con una marca de independencia llamativa. Quiere kirchnerismo toda su vida hasta que él sea presidente y arme su propio espacio.

Casey es un niño de la modernidad y también algo massista. Reconoce que para ser presidente de Argentina hay que inventarse un partido propio, que esa carrera no se hace desde un partido orgánico con sus propias estructuras y sus respectivos debates y tendencias internas. Tal vez un niño en 1960 se habría imaginado con la esperanza de militar en el peronismo o el radicalismo para llegar a los puestos más altos del Estado. Casey imagina su propia aventura.

En su relato asistimos al derrotero de su intensa vida. Todo comenzó a los siete años y a los ocho ya estaba “centralizado”, como él mismo eligió con sus palabras. Al final de la entrevista nos presenta su nombre que resulta del mundo anglosajón y que podría traducirse como “maravilla”. Su forma de hablar y la relación de sus gestos y discurso no parece de un chico de sólo once años, eso lo hace un tanto maravilloso.

Hace algo más de un año apareció Agustín, que era el que quería ver a Cristina en la vida real. El tenía por aquel entonces cuatro años y su nivel de madurez no puede compararse con el de Casey en términos de derrotero reflexivo sobre querer ser presidente. Pero Agustín también estaba muy decidido y tenía muy claro lo que deseaba hacer. Esto tienen de fantástico los chicos, son sólo presente y deseo directo. Por razones que el tiempo nos permitirán comprender mejor, parece que Cristina divierte a lo niños.

El candidato aparente del Frente para la Victoria con mayor intención de voto es Daniel Scioli. El gobernador de la provincia de Buenos Aires tiene menos de un año para llegar a las elecciones y todavía hay enormes dudas de hasta qué punto se puede o no confiar en su lealtad y de oficializarlo o no como candidato del partido. Faltan treinta y cinco años para la presidencia de Casey, pero su camino de decisiones parece más allanado. Casey además le resuelve el problema de la lealtad de antemano a quien desee seguirlo. Avisa ahora, tantos años antes, que su partido será otro. De Scioli no se sabe nada.

Para Sabsay éste será otro paso fatídico de la implantación de una ideología macabra en la cabeza de los niños. La ideología tiene, en uno de sus niveles, un perfil invisible impactante. Se hace presente en nuestras decisiones y miradas del mundo sin que lo notemos, en eso que Alfred Schutz podría denominar como la “actitud natural” dentro del “mundo de la vida”. La vida puede ser recorrida tal como si efectivamente fuera eso que observamos. Casey sería, para mucha gente, el peor ejemplo de eso mismo.

Las críticas despiadadas y sin consideración a Casey, muy expuestas en las redes sociales, se han hecho especialmente desde una “actitud natural” con disfraz de profundidad. Lecturas lineales que la describen como simple adoctrinamiento o lavado de cerebro han perdido de vista el detalle este de que su partido tendrá otro nombre. Casey sorprende con sus respuestas, dice cosas inesperadas; el resto dice siempre lo mismo. Cuando le piden que diga algo que le haya gustado da como ejemplo la Ley de fertilización asistida, cuando los demás dicen algo sobre él sólo se les ocurre el lugar común de Goebbels y Stalin.

Casey tiene amigos que saben de política tanto como él, según nos asegura a todos. Entre ellos discutirán profundamente en recreos y el tiempo que en las aulas esto sea permitido. Si se animan podrán leer y aprender cosas nuevas, conocer el pasado argentino y del mundo, estudiar sociología, filosofía y dedicar sus años a seguir creciendo en este mundo. Si aprenden mucho a lo mejor escriben, dan clases y hasta efectivamente militan en política. Casey parece destinado a eso, a decidir sobre su destino. El resto, la enorme cantidad de críticos comunes y regulares, tendrá sus 140 caracteres para hacer uso de su mirada naturalizada y en 2050, cuando Casey sea presidente, pensarán casi igual que hoy.

*Sociólogo. Director de Ipsos-Mora y Araujo.



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