COLUMNISTAS MOVILIZACIONES POSMODERNAS (II)

Caso argentino

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Justicia. Como en el caso Nisman, miles de personas se convocaron en todo el país.
Justicia. Como en el caso Nisman, miles de personas se convocaron en todo el país. Foto:AFP
Las movilizaciones de la sociedad de las comunicaciones han tenido expresiones tan diversas como los indignados de España, el Occupy Wall Street, en Brasil por el precio del transporte y en contra del mundial de fútbol, las manifestaciones de la Primavera Arabe y otra serie de acontecimientos que conmovieron la política mundial.

Ninguno de estos movimientos se parece a los realizados por dirigentes de partidos, sindicatos o instituciones que suelen ser espectáculos, organizados por dirigentes que compiten por el poder en algún ámbito. Estos suelen ser eventos millonarios, orquestados por profesionales que movilizan personas, contratan buses, compran comida y bebida para los asistentes, reparten uniformes y organizan las cosas para aparentar un número mayor de participantes.
 
Los movimientos posmodernos expresan a ciudadanos que se manifiestan espontáneamente. Nunca cantan antiguas marchas, ni buscan profetas, ni piden la reincorporación de los anteriores ministros. Rechazan a los partidos tradicionales. En Argentina tienen antecedentes, como la enorme manifestación que se reunió para exigir que se investigue la muerte del fiscal Nisman. No los convocó ni los manipuló nadie, no fueron llevados en buses, ni tuvieron el aparataje propio de las marchas tradicionales. Esa multitud no gritaba, ni oía discursos, pero paralizó a la ciudad con la fuerza de su silencio. ¿Cuántos estuvieron?, ¿fueron más o menos que los que participan en las manifestaciones de los partidos? Es difícil saberlo, porque en ese tipo de movilizaciones no se puede contar a los asistentes. La gente llega, permanece un tiempo, se va cuando quiere, no hay punteros que tomen lista y se da una enorme movilidad. Tienen otra característica importante: quienes participan en ellas salen con un sentimiento intenso de haber cumplido con un deber ético, sin pretender ninguna compensación material.

Esta gente que está impulsando el cambio se expresó también con los mensajes de grupos espontáneos que convocaron por las redes sociales a personas que quisieran reemplazar a los maestros huelguistas, con una avalancha de mensajes contrarios al paro de la CGT, con la actitud valiente de las dueñas de una gasolinera que enfrentaron a los delincuentes que fueron a amenazarlas para que se adhirieran al paro. Son reacciones del 70% de la población que rechaza los paros, del 80% que está en contra de los piquetes, que está en contra de esas prácticas autoritarias y puede expresarse gracias a la tecnología. Antes bajaban la cabeza y se sometían, ahora tienen un teléfono para fotografiar a los extorsionadores y se pueden comunicar de manera inmediata con otras personas como ellos. 

La manifestación del 1° de abril reunió a una multitud que compartía percepciones políticas y quería expresar su posición. Unos llegaron motivados por el discurso de Hebe de Bonafini, otros por el paro de Baradel, otros por detener al kirchnerismo. Todos rechazan la vuelta al pasado. Compartían la esperanza de que funcione el proceso que lidera Mauricio Macri y sus equipos. Tienen la sensación de que la situación no es tan buena como habrían esperado, pero están contentos de que los nuevos funcionarios no hayan aprendido a hacer las cosas como los antiguos. Si el Gobierno hubiese incorporado a los ex ministros de Cristina Kirchner que “saben de política”, ninguno de ellos lo defendería. Votaron por Mauricio porque creen que puede hacer algo distinto al kirchnerismo ortodoxo o renovado. La movilización coincidió con una nueva caída de la imagen de los sindicatos, de los partidos y del Congreso.

Hace pocos años nadie se habría atrevido a enfrentar a los matones del pasado que amenazan a la gente. Hoy estamos en la sociedad de la comunicación, todos pueden conversar entre ellos sin mediaciones, tomar fotos de los agresores y subirlas a la red. En el clima de libertad en que vivimos, muchos grupos seguirán expresándose de esa manera. Ya no caben ni el autoritarismo militar, ni el de ciertas minorías que quieren imponer sus intereses por la fuerza.

*Profesor de la GWU, miembro del Club Político Argentino.