COLUMNISTAS CATALUñA

Cerca y lejos de la independencia

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Girona. Bastión del separatismo catalán, fue gobernada por Carles Puigdemont.
Girona. Bastión del separatismo catalán, fue gobernada por Carles Puigdemont. Foto:AP

El argentino Dante Fachin, ex diputado, sintetizó como nadie el corolario del 21 de diciembre: “Cuando Mariano (por Rajoy) despertó, los dos millones de independentistas seguían ahí”. Lo único que el Estado obtuvo con la destitución del Parlamento, presidente y vice, que habían sido elegidos democráticamente por el pueblo catalán, y las nuevas elecciones fue una reedición del anterior, excepto por la redistribución de escaños dentro de ambos bloques.

El unionismo consagró a Ciudadans como primera minoría, a costa de la pérdida de votos del PP de lastimosa performance, y la mayoría independentista, en un ambiente de proscripción, solo atinó a hacer campaña por la liberación de sus líderes. La imagen de Puigdemont en el exilio creció hasta absorberle votos a su socio de la ex coalición gobernante (ERC), que de otro modo sería primera minoría.

La caricatura de clown pusilánime creada por la prensa no reflejó la realidad. La “payasada” no fue la “operación Bélgica”, avalada por la mitad de los catalanes como modo de visibilizar su reclamo en una “casa tomada”, sino la orden de captura internacional removida por España antes del “pito catalán” de la Justicia belga que la rechazó por insostenible. Una movida pergeñada hacia territorio amigo. Por “complicidad indepe” con los flamencos, claves en la coalición gobernante, y porque la “alta Justicia” del País Bajo repele el vacío de amañes e interferencias del ejecutivo aún a riesgo de un conflicto intereuropeo. Un tipo de “independentismo”que a España le vendría a pie juntillas.

El resultado electoral no ocurre en el aire. En la tapa del expediente filtrado a la prensa como todas las acusaciones del Estado que arrojan a prominentes intelectuales “indepes” a la mazmorra se leía de puño y letra el sugestivo fallido del fiscal general: “Más dura será la caída”.

El criterio que fundamenta la acusación por sedición que encarcela el mismo día de la indagatoria al vicepresidente y consejeros, sin antecedentes penales, y fuerza al exilio al presidente electo por considerarlos mentores, le hubiera granjeado perpetua a la mitad de nuestra clase política. El mismo, ancla en tres hechos para sustanciar violencia de la que depende la persistencia de un delito punible con hasta 30 años. Los eventos del 1º de octubre, día en que el mundo vio cómo la policía nacional propinó golpes a mujeres y ancianos, es interpretado como “agresión a la policía” por parte de los primeros, por resistirse a ceder urnas y haber roto el precintado que impediría el voto. La negación de hoteleros a seguir alojando a los autores de la golpiza. Y un tractorazo que impidió el tránsito. El cargo por malversación, párrafo aparte, deviene, no por sobrefacturación, sino por la mera adquisición con dinero de la Generalitat de urnas y boletas prohibidas por España.

La paradoja es que la victoria en las urnas embarra el camino a la independencia. Junts por el si con setenta escaños está vivo y formará gobierno, si no hay 155 recargado, pero Rajoy no negociará. Asediado por alevosos escándalos de corrupción en su partido pende del poder gracias a un PSOE devaluado. Ambos medran polarizando, azuzando el nacionalismo anti-independentista del español de a pie y el unionismo catalán que detesta una escisión y vota a quien más la combate. Lo sabe bien Pablo Iglesias que no se desmarcó a tiempo de su “derecho a decidir”. Su erosión política es un golpe a los indepes, la única vía realista hacia un referéndum pactado es una coalición de otro signo en Madrid. Los Comuns, marca de Podemos en Cataluña pagaron con la mitad de sus escaños la ambigüedad de su slogan: “Ni DUI (declaración unilateral), ni 155”. La desobediencia civil a la Thoreau o una revuelta cuyo costo conmueva el silencio europeo, no parece opción.

Una UE que ya eligió entre democracia en Cataluña y el temor al compromiso económico de un deudor mayor devenido de una secesión, es un ominoso aval a lo que se perfila como una nueva e inminente ofensiva judicial del Estado. Instrucción a “marcha forzada” que duplicará causas de resultado cantado.

*Profesor y Licenciado en Geografía UBA. Magíster, UNY.



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