COLUMNISTAS ESPERANDO EL SUPER TARIFAZO

Chau emisión y consumo; hola deuda y recesión

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default Foto:Cedoc

Las tareas del ajuste del fin de fiesta del populismo de estos años están divididas entre el Banco Central, encargado de “tranquilizar” el mercado cambiario y cuidar las reservas, y el Ministerio de Economía, encargado de “cuidar precios”, negociar con sindicalistas los aumentos salariales, tratar de normalizar las relaciones externas para poder colocar deuda externa en algún momento, aumentar impuestos y, en parte, también cuidar reservas, administrando, cuerpo a cuerpo, las importaciones.

Veamos los trabajos del Banco Central.
Primero devaluó fuertemente, tratando de reducir las expectativas de devaluación futura y alentar a productores de exportables a cambiar productos por pesos. Para eso, además, se redujo la liquidez del sistema financiero, de manera de subir el costo de oportunidad de endeudarse en pesos a tasa negativa, en lugar hacerse de liquidez vendiendo productos. Después de la fenomenal emisión de más de $ 50 mil millones, en los últimos dos meses del 2013, para financiar el gasto público, emisión que permitió la escalada de precios y del dólar de principios de año, la autoridad monetaria se está encargando de “recoger el barrilete”. Claro que esa tarea no es gratuita. Para hacerlo, está colocando deuda de muy corto plazo a una tasa de interés del 30% anual. En otras palabras, el Gobierno está reemplazando emisión “ahora” con emisión dentro de unos meses. (La única forma que tiene un banco central de pagar los intereses de su deuda es emitiendo).

Complementariamente, el Banco Central obligó a los bancos a venderle parte de los dólares de su patrimonio, que tenían en custodia, dentro de las reservas. Contra esos dólares entregó pesos, que también absorbió colocando deuda. Es decir, el Banco Central compró dólares también con emisión futura de pesos.

Sin embargo, el salto del dólar y posterior “congelamiento”, y esta menor emisión ahora, no se está traduciendo en una desaceleración de la tasa de inflación dado que la política monetaria no opera “simétricamente” sobre los precios, más en un contexto de desconfianza y expectativas negativas. Como con el agua, no es lo mismo inundar y después secar que no inundar. La inundación deja secuelas. Y más con “ajustes en cuotas” de los efectos de la devaluación sobre los costos internos.

Pero lo que sí logra el cambio de la relación tasa de interés-tipo de cambio-inflación esperada es reducir la demanda de bienes durables y automóviles, incentivada artificialmente sobre finales del año pasado, con la tasa negativa y el dólar oficial bien por debajo del informal.

En síntesis, la política monetaria ha cambiado emisión presente por emisión futura, y el salto cambiario sólo ha logrado reducir las expectativas de devaluación en el muy corto plazo. (El dólar oficial, en el mercado de futuro para fin de año, cotiza por encima de los 10 pesos). Ello, sumado al “ajuste en cuotas” que autorizó el Ministerio de Economía del traslado a los precios de la devaluación, genera una combinación compleja: expectativas de inflación que no bajan y nivel de actividad, medido básicamente en bienes durables y automotores, que cae fuerte.

Pasemos al “trabajo” del Ministerio de Economía.
Como el ajuste tiene que parecer un accidente, hubo que inventar los “precios cuidados” de manera de hacer responsables del ajuste a los empresarios.

Por lo tanto, el ministerio se concentra en tratar de moderar el traslado de la devaluación a los precios para bajar la presión salarial. Y en tratar de crear condiciones para volver al endeudamiento externo a alguna tasa razonable de manera de reemplazar, en algún momento, deuda interna por deuda externa.

En el medio, está esperando el momento adecuado para anunciar el aumento de impuestos que implica la necesidad de bajar subsidios al consumo de energía. Mientras, administra a cuentagotas las importaciones hasta que, eventualmente, mejore la situación de reservas del Banco Central.

Se trata de administrar una caída pacífica del salario real, cuidar las reservas y reducir el déficit fiscal para emitir menos y colocar menos deuda.
No está claro que este “programa” pueda salir bien, depende de demasiadas condiciones. Lo que está claro es que, en el corto plazo, es un programa de estancamiento con inflación alta.
Paradójicamente, es a lo máximo a lo que puede aspirar hoy (¡y es mucho!) la revolución.


Enrique Szewach


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