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Chauchas y palitos

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Foto:Cedoc.

Es indiscutible que la cultura organiza de un modo concreto el mundo que nos rodea y a partir del cual se articulan formas de relación social. Es así que la cultura, no sólo se corresponde con el acondicionamiento estructural de esa socio-espacialidad que nos habita, sino que también interviene en su producción. Por lo que, este proceso, no está ajeno al trabajo permanente del sentido.

De acuerdo a ello, el lenguaje, las prácticas políticas tanto como las instituciones se desacoplan de cualquier determinación esencialista - de un contenido adjudicado a priori- para lanzarse a la arena de las luchas por el significado en donde su especificidad es solo relativa y por lo que, todo análisis de lo particular, debe hacerse tomando como referencia un horizonte contextual.

Esta perspectiva parece adecuada para advertir el modo en que, este nuevo gobierno, liderado por Mauricio Macri, a través de los discursos, de las estrategias, de los modos en que articula y objetiva la toma de decisiones, organiza la puesta en forma de lo político también como una puesta en sentido.

Así es que, durante estas horas, una de las primeras disputas, ha girado en torno a la interpretación del marco legal que regula el procedimiento elegido por el nuevo gobierno para designar a dos de los cinco jueces que integran la Corte Suprema. Esto, mientras permanece candente en la memoria colectiva el aluvión de jueces - en total sesenta y nueve- que fueron nombrados por Decreto - según el procedimiento - por la ex-presidente Cristina Kirchner, a poco de finalizar su mandato.

Sin embargo, este escenario resulta paradójico pues, las disputas en torno al proceso de designación de los supremos nos remite a la historia reciente. A la experiencia vivida durante más de una década en la cual se hubo organizado una cultura política signada por la exclusión de la disidencia.

Claro está, que en el último balotaje presidencial, se otorgó a "Cambiemos", la posibilidad de reinventar un significado a partir del cual inaugurar una cultura política novedosa y se rechazó la continuidad del proyecto kirchnerista como forma de habitar lo social.

Por otra parte, si bien es cierto que el orden de las transformaciones exige un trabajo sobre el sentido y que, en la mayoría de los casos va en rezago de las urgencias políticas, es necesario, al menos, trazar un orden de rupturas.

Si hay algo indiscutible en torno al último balotaje es que las preferencias ciudadanas por el cambio fueron mayores a las que optaron por la continuidad, pero en ajustada diferencia.

Esto implica pues, que en ningún caso, el gobierno de Mauricio Macri debe hacer uso de los signos habitados por la continuidad que fue derrotada en las elecciones pasadas; pero menos aún, reducir la lectura del resultado a una mera cuestión de chauchas y palitos.

En este orden, pero en una dimensión más operativa; tal como el proceso de designación de los postulantes para integrar la Corte Suprema es que pueden identificarse, por ejemplo, cuáles son los aspectos concretos que se involucran así como el sentido que socialmente organiza el significado del cambio.

(*) Socióloga (UBA). Profesora ordinaria e Investigadora tiempo completo en la Universidad Nacional de la Patagonia “San Juan Bosco” (UNPSJB). 



Marina Mansilla (*)