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Chilemanía

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Mirada propia sobre los defectos de Chile.

“El antes, durante y después del rescate de los mineros ratifican mi admiración por el pueblo chileno”, escribió Mauricio Macri en su Twitter. Al sentimiento compartido por muchos argentinos, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires suma su admiración por un contexto social donde un empresario puede llegar a presidente. Pero al igual que muchos de los argentinos que admiran los logros de Chile pero no estarían dispuestos a pagar personalmente el precio de los esfuerzos que demandan, Mauricio Macri tampoco estuvo en su actividad privada decidido a la dedicación laboral y la entrega empresaria de Sebastián Piñera. Quizá por eso, el hoy presidente de Chile haya sido un muy exitoso emprendedor antes de llegar a la función pública y Macri nunca haya podido agregar valor al patrimonio recibido de la generación que lo precede.
Otra twittera, la Presidenta, escribió: “Imaginate por un segundo si esa desgracia hubiera pasado aquí (Dios no lo permita nunca). Madre de Dios...!!! (Aníbal dixit). El Gobierno, responsable absoluto. ¿Te imaginás a TN? Organizando marchas a Plaza de Mayo. ¿Y la oposición? Juicio político a CFK. De Vido, retiro de ciudadanía y deportación. Que la CN (Constitución Nacional) lo prohíbe? No importa. Medida cautelar y listo”.
Cada uno recorta de Chile el espejo de su deseo sin profundizar en esa sociedad que, si se dice admirar, merecería más dedicación la comprensión del funcionamiento de un país con logros innegables, como que hace treinta años su producto bruto era un tercio del de Argentina y hoy es dos tercios, pero cuya trama social es mucho menos democrática que la nuestra a pesar de nuestras falencias institucionales.

Ayudaría a comprender, por ejemplo, que la minería en Chile es equivalente a la actividad agropecuaria en Argentina, que el norte minero (produce 16% del producto bruto del país) es equivalente a nuestra pampa, que los dueños de las minas serían el equivalente a nuestros estancieros, y que en un país con la demanda de justicia social de Chile, un presidente empresario como Piñera, de quien se decía que tiene inteligencia pero no corazón, precisaba demostrarle a su sociedad que en los momentos clave no se iba a poner del lado de los ricos como él sino de los pobres, como la mayoría.
En septiembre, la aprobación de Piñera entre la clase media y alta era de 67% mientras que en la clase baja era del 48% (ya subió 10%). Así como Lula, el presidente obrero, precisaba mostrar que podía ser amigo de los empresarios, Piñera, el presidente empresario, precisa demostrar que puede ser amigo de los obreros. Maquiavelo tenía razón al decir que a los gobernantes no se los juzga por sus conocimientos sino por su carácter.
Ese contexto explica por qué el entonces presidente Fox, de México, no se comprometió en el rescate de los 65 mineros que en 2006 murieron en Pasta de Conchos, a sólo 150 metros de profundidad, en contraste con Piñera, que invirtió alrededor de un millón de dólares por cada uno de los 33 mineros en su salvataje mientras que, cuando se los suponía muertos, sus familiares reclamaron una indemnización de alrededor de 300 mil dólares por cada muerte (el total del reclamo fue de 4.900 millones de pesos chilenos, aproximadamente 10 millones de dólares).
El politólogo Claudio Fantini recuerda que no hubo, tras la Segunda Guerra, “milagro alemán” sino, además de trabajo, la inversión de un Plan Marshall con miles de millones de dólares de inversión. Y que si en Chile hubo más inversión que milagro, fue a causa de la voluntad porque con más recursos los rusos, en agosto de 2000, dejaron morir en el fondo del Mar de Barents a los 118 tripulantes del submarino Kursk para no poner en riesgo secretos militares.
Volviendo al parangón de la minería con el campo argentino y sus retenciones, el Congreso de Chile estudia elevar los impuestos al sector minero del 37% al 42%.
En el suplemento especial sobre los mineros de la edición de ayer de PERFIL, el candidato que compitió con Piñera en las últimas elecciones, Marco Enriquez Ominami, escribió: “Nuestro país tiene una matriz productiva del siglo XVIII. Este año van 400 mineros muertos por accidentes de este tipo. Chile es una de las economías más injustas del continente. El modelo chileno es mucho más complejo que su caricatura”.
El ser del Primer Mundo es para los chilenos un valor compartido. Piñera aspira a que Chile obtenga el estatus de país desarrollado y en 2018 el producto bruto per cápita alcance al de Portugal: 23 mil dólares (actualmente es de 15 mil). Tendrá el empujón del enorme capital de alegría y exitismo que produjo el rescate de los mineros : “El amor mueve el sol y las demás estrellas”, decía Dante. Pero también correrá el riesgo de que se le convierta en burbuja porque todas ellas explotan.

Watching history. Cuenta también con la mayor campaña publicitaria de la historia. Después que Larry King repitió por primera vez en su historia un programa sobre los mineros chilenos, que Obama enviaba mensajes de apoyo a los mineros y hasta desde el espacio el comandante de la Expedición 25 de la NASA apareció por televisión diciendo: “Buenas tarde Houston, escuchamos (junto a tres astronautas rusos y otros dos norteamericanos) emocionadamente el rescate de los mineros y queremos extender a lo largo del espacio exterior nuestras felicitaciones”. Un profesor chileno residente en EE.UU. dijo que “antes Chile era Pinochet y Allende, ahora será la mina San José”.
El fenómeno de audiencia no tiene parangón y se constituyó en el evento mediático más importante de la historia. En Chile obtuvo 82 puntos de audiencia, las calles estaban vacías la noche del rescate, y los canales acordaron emitir publicidad al mismo tiempo para no canibalizarse el rating.
Pero mientras la fiesta del rescate se producía a pocos metros del campamento Esperanza, 361 trabajadores de la mina San Esteban, que incluye San José, protestaban con carteles (“hay que aprovechar ahora, que están todos los medios”) porque el 5 de agosto fueron despedidos tras declararse la quiebra de la minera y cobrarán tres meses por año de trabajo a partir de diciembre.
Otra particularidad del modelo chileno es que el ministro de Minería, Laurence Golborne, quien hace tres meses era desconocido, se ha convertido en la figura más popular de la política de su país con 87% de aprobación, superando al propio Piñera, y ahora es candidato a sucederlo, fue el CEO de Cencosud (Jumbo, Easy, Disco y Vea). Otro caso de aprovechamiento de una enorme visibilidad política fue el de la propia Michelle Bachelet, que como ministra de Salud de Lagos se catapultó a la presidencia piloteando muy bien las inundaciones de 2002.
Chile es un país al que la naturaleza siempre ha puesto a prueba y forjó su resistencia. Ayer mismo hubo un sismo de 5 grados en la escala de Ritchter. Ya hace 2 mil años Séneca recomendaba que el Imperio Romano reclutara sus soldados entre los habitantes de las montañas porque eran más fuertes. Y algo demagógicamente, Piñera declaró: “La gran riqueza de nuestro país no es el cobre (15% de todas las exportaciones) sino los mineros”. Es que la figura del minero se poetizó. César Vallejo ya había escrito de ellos: “Saben bajar mirando para arriba y subir mirando para abajo”. Por lo menos para los habitantes de la zona de
la mina de San José, estos mineros fueron pródigos, según el presidente de la Cámara de Comercio de Copiapó, Enrique Bordoli: en alojamiento y servicios se generaron 20 millones de dólares adicionales, completos los hoteles, los vecinos alquilaron sus casas a los visitantes, y aquellos que estaban frente al hospital alquilaron a los periodistas sus patios a 150 dólares por día y hasta escasearon los cigarrillos por el enorme mayor consumo. Berardi declaró que “fue muy superior al Rally Dakar (sic) porque ese evento sólo duró tres días contra setenta de éste”.
Copiapó se encuentra en la Puna de Atacama, que corresponde a la zona de Antofagasta en Chile y a la de Jujuy, Salta y Catamarca en Argentina. Paradojas de la vida: la senadora por Atacama es la socialista Isabel Allende, hija de Salvador Allende, el presidente asesinado por el golpe de Pinochet en 1973.
Su homónima prima hermana, la escritora Isabel Allende, la mujer que más libros vende en lengua española, como experta constructora de narraciones, dio en el clavo al decir: “Que hayan podido bajar las cámaras hasta esa profundidad, que hayamos podido ver todos los detalles por televisión en directo, me parece que ha convertido este suceso en una cosa mágica”. Así como al ministro de Minería sus años como CEO de Cencosud le dieron experiencia de gestión en alta escala, a Sebastián Piñera haber sido dueño del canal de televisión Chilevisión le dio una comprensión de la comunicación que pocos políticos pueden adquirir. Las ocho cámaras especialmente diseñadas para que su conectividad no requiriera más de 85 milímetros de ancho por la estatal Corporación Nacional de Cobre (Codelco) en colaboración con la Nippon Telegraph & Telephone Corporation (NTT) fueron fundamentales para alcanzar la visibilidad mundial que tuvo el rescate.
Como la Apolo XI, el Fénix II es una cápsula. Una vez conquistado el espacio, al hombre le queda, casi al estilo de Julio Verne, el viaje interior al centro de la Tierra. Tierra y madre conforman una cadena asociativa; por eso, cuando salían a la superficie los mineros rescatados, una metáfora repetida fue la del parto. Y para más condimentos cinematográficos, la cápsula Fénix tiene el –también– sugerente nombre del ave mitológica griega que resurgía de sus cenizas. “Es nuestra mejor marca, Chile dejó de ser una oficina de importación y exportación, dimos un salto cuántico”, decían con algarabía en el gobierno chileno mientras el periodista de ese país Andrés Azocar recordó que el recientemente fallecido Fogwill les decía que su problema era “la argentinización de los chilenos”, que hinchados de éxito se puedan suicidar arrojándose desde su ego, como decía de los argentinos el resto de los latinoamericanos hace algunas décadas.

Siútico. Un buen antídoto anti agrande para los chilenos y una buena fuente para políticos argentinos interesados en comprender el modelo chileno es la lectura del libro Siútico, arribismo, abajismo y vida social en Chile. De acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española, la palabra “siútico” se define como un adjetivo coloquial de uso en Chile para: “Una persona que presume de fina o elegante y que procura imitar en sus costumbres o modales a las clases más elevadas”. Vendría del inglés suit (traje). Siútico, como “roto”, que es el pobre, da cuenta de una semiología del estatus que refleja la realidad de la discriminación de clase en Chile, donde el “ser bien nacido” indica cómo se reverencia a personajes cuyo único merito ha sido nacer.
El siútico comienza a existir y difundirse en Chile gracias a la aparición de un “nuevo rico” que aspira a entrar en los salones herederos de la Colonia tras amasar su fortuna en las minas del norte, en Copiapó, por ejemplo, como la ahora famosa San José, cuyos propietarios son la familia integrada por los cuñados Alejandro Bohn y Marcelo Kemeny.
El libro sostiene que, a diferencia de la aristocracia (los mejores), los siúticos se parecerían más a la nobleza parasitaria. E incursiona en el tema del racismo diciendo que el chileno es casi siempre moreno, aunque se siente rubio y se confesa “trigueño”, “de tez clara”, “moreno pálido” y otros tantos adjetivos ambiguos de un país que no se reconoce racista porque se siente blanco, se siente rubio. Hay sociedades con poblaciones mayoritariamente blancas y sociedades con poblaciones imaginariamente blancas. La de Chile es del segundo tipo. El blanqueamiento en las capas más bajas se observa sobre todo en la negación de la herencia indígena: porque una cosa es ser pobre y otra ser indio. De ahí que para mantener a raya al indio interno abunden los nombres anglosajones: Brandon, Ian, Jean, Cristofer y Kevin. Fundamentos que la ayudan a amortiguar el choque con la realidad que tanto la angustia: el mestizaje.
En el discurso cotidiano de los chilenos pareciera existir la idea de que el país se ubica en el centro de la civilización occidental y pretende que sus raíces culturales son más cercanas al platinado de Greta y Marilyn que al sombrero frutal de Carmen Miranda y los bamboleos de Shakira. Estas ideas racistas hasta capturaron la atención de un médico nacido en Colchagua, Nicolás Palacios, que en su libro Raza chilena, una suerte de tratado “genético”, crea el concepto de “araucano gótico” para aludir a la raza del chileno mestizo. Porque los chilenos son morenos, pero no tanto, o al menos superiores, distintos, morenos con mente blanca y ansias góticas.
La población chilena es un híbrido de tres componentes principales: europeo, amerindio y africano. De aquí que surjan los llamados rucio o rucia, que son los individuos de piel más clara, que no alcanzan a ser rubios, cuyos orígenes están marcados por ser hijos de una espesa tradición chilena de la legitimidad, el embarazo adolescente y la constante fuga del padre. Es así que el mestizaje y la ilegitimidad han sido la semilla del poblamiento del país: el huacho. Recién en 1998, con la ley de filiación, dejaron de existir legalmente en Chile las diferencias entre hijos nacidos dentro y fuera del matrimonio.
La apariencia física es un letrero para el chileno, que lo denota todo. La expresión “chana” o “camboyana” se usa para mujeres de clase baja “coquetonas y apretujadas” .
“Siútico” es una palabra que la gente más joven no usa, y eso tiene que ver con un cambio de modelo económico importante. Temas como la distribución del ingreso aparecen en los discursos de la derecha a la izquierda, y hasta en la campaña de Joaquín Lavín, el candidato de la actual Alianza de Piñera, que perdió en ballottage contra Lagos, el eslogan prometía “Alas para todos” (alas para arribar).
Otra señal de conservadurismo social la da el relato de una investigadora, que admitió que cuando le toca seleccionar a sus profesores “lo primero que veo es el colegio del que egresaron, porque la universidad no tiene la menor importancia”. Algo similar sucedía en la Argentina cuando las diferencias de clase se veían por el colegio primario o secundario (Northlands, Cardenal Newman), porque la universidad del Estado igualaba.
Un estudio de la Universidad Central dado a conocer en agosto de 2006 indicaba que el 50% de los trabajadores encuestados percibía que el aspecto y origen familiar de los postulantes a un cargo era más importante que la idoneidad profesional.
Es así que el arribismo en Chile está atravesado por el aspecto racial y también la dotación de apellidos (muchos casos de niños sin padres han sido registrados con el apellido de la madre al cuadrado: Hernández Hernández). Saber de todos los apellidos del propio árbol genealógico implica un sentido de pertenencia.
Doña Victoria Subercaseaux, madre de Benjamín Vicuña Mackenna, fue consolada por el obispo Mariano Casanova a la muerte de su hijo, diciéndole que la Virgen María había sufrido también mucho por la muerte de su marido, José. “¿Cómo puede comparar don Mariano a ese carpintero siútico con mi Benjamín?”
La obediencia ha sido un valor sumamente apreciado por la sociedad chilena a través de su historia: aceptar el lugar que a cada uno le ha tocado, sin resentimientos, genera un clima social muy sano. Los niveles de aprobación de la obediencia como valor prioritario registrados en una encuesta en Chile (Encuesta Mundial de Valores-Agencia Mori) se acercan más a los registrados por Uganda, Pakistán y Tanzania que al resultado de España, Italia o Francia. Más que la racionalidad, para lograr el respeto de la comunidad lo importante es la sumisión a la jerarquía. Donde los límites entre la lealtad y la obsecuencia son difusos. La jerarquía incuestionable que supone la relación patriarcal impulsa el surgimiento de sujetos que traspasan ese nebuloso límite con una estrategia que no supone rebeldía, sino todo lo contrario: imitación permanente.

Epílogo. El jardín del vecino siempre es más verde. No sólo para Macri y Cristina. Se escuchó de todo, por ejemplo: “Si pasaba aquí, ¿se imaginan a Rial hurgando sobre por qué los mineros hicieron un pacto de silencio sobre lo que pasó en los 69 días en la mina y preguntándose: hubo homosexualidad a 700 metros de profundidad?”.
En alguna medida, todos los argentinos apelamos a la comparación masoquista con Chile. Quizá también para reírnos de nosotros mismos y exorcizar un poco nuestros fantasmas de fracaso.
Allí también tienen su circo: la esposa de Yonni Barrios, el minero famoso por tener dos mujeres que lo esperaban en la superficie, declaró ayer que está dispuesta a darle el divorcio para que viva feliz con su actual pareja. Mientras tanto, Sebastián Piñera, en un asado donde su partido festejaba cómo “mandó a sus opositores de la Concertación al subsuelo” (sic), cantó para todos su canción preferida: la ranchera El rey, que dice: “... el día que yo me muera/ sé que tendrás que llorar (llorar y llorar, llorar y llorar)./ Con dinero y sin dinero/ hago siempre lo que quiero/ y mi palabra es la ley./ Una piedra en el camino/ me enseñó que mi destino/ era rodar y rodar/ (rodar y rodar, rodar y rodar)./ Después me dijo un arriero/ que no hay que llegar primero/ pero hay que saber llegar”.
Hace 25 años que Piñera quería ser presidente (fue senador en 1990). Igual que Lula, no llegó primero, pero supo llegar.



Jorge Fontevecchia