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China y el desafío poblacional del crecimiento

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En los 70, Quino, a través de su inolvidable personaje Mafalda, realizó una viñeta señalando que si los chinos saltaran todos juntos al mismo tiempo la otra parte del mundo sentiría un temblor, causando una terrible preocupación en su padre.
Un poco más del 60% de la población mundial se encuentra en el Asia Pacífico, siendo China e India centrales en dicha densidad demográfica. 1.368 millones de personas viven en China, mientras que en India lo hacen unos 1.306 millones según la página de análisis estadístico poblacional Population Clock, que se nutre de estadísticas de numerosas fuentes internacionales especializadas.
 
El reciente anuncio de la terminación de la política de un solo hijo por familia de China tendrá consecuencias en lo inmediato a los efectos de corregir un problema poblacional producto del “éxito” de la política que ahora caduca. El impacto sobre el escenario internacional deberá determinarse con el paso de los años aunque es posible que se vea en movimientos migratorios y una mayor búsqueda de recursos.

 China comenzó con el control de natalidad en 1949, pero era principalmente voluntaria. Deng Xiaoping, con su población llegando a los mil millones de personas, unificó en 1980 dicha política haciéndola obligatoria. Esa acción tuvo consecuencias recién una década más tarde, cuando la tasa de fertilidad por mujer cayó a menos de dos hijos por mujer, imponiéndose activamente en áreas urbanas, aunque considerando ciertas excepciones frente a determinadas minorías étnicas. De esta forma el gobierno estima que previno unos 400 millones de nacimientos con los costos en desarrollo que eso hubiera tenido.
 
Sin embargo, la política tuvo consecuencias directas no deseadas. La primera fue el incremento de la población masculina por encima de la femenina (1,5 más varones que mujeres). En segundo lugar un creciente envejecimiento poblacional producto de la caída en los nacimientos y el aumento en la longevidad. La ONU estima que existirán 440 millones de personas por encima de los sesenta años para el 2050, siendo actualmente de 214 millones. Finalmente su fuerza laboral, motor del crecimiento, ha caído en 3,7 millones de personas sólo en el último año.
 
 La terminación de la política anunciada al finalizar Congreso Anual del PCCh es un esfuerzo por acomodar en el largo plazo los números poblacionales que afectan su crecimiento, terminando con una regla que ha sido extremadamente impopular. En el corto plazo, ciertas provincias experimentarán alguna clase de boom de nacimientos, aunque las incertidumbres permanecen, ya que el fin de la política de un nacimiento por familia ahora será reemplazada por dos nacimientos, lo cual es considerado por los expertos de la ONU como una medida tardía e insuficiente.
 
Además, el control permanece sin resolver dos puntos centrales en la agenda de DDHH: los derechos reproductivos de la mujer y la punición existente por parte de la autoridad en los casos de hijos tenidos fuera del entorno familiar. A ello se suma no saber cuáles serán los incentivos para que las parejas tengan un segundo hijo, porque los costos siguen siendo prohibitivos para gran parte de ellas.
 
En el plano internacional las consecuencias no se verán inmediatamente, aunque se supone que si hay un crecimiento poblacional significativo deberá obtener un mayor acceso a recursos, impacto que se verá en una o dos décadas. La terminación de esta política tiene un efecto en términos de poder blando para China. Como consecuencia de la selección de género que provocó la política de un solo hijo, se estima que 37 millones de niñas murieron desde que se instauró hasta la actualidad. Este “generocidio” ha sido una de las causas de presión de la comunidad internacional que aún pesa en la imagen de ese país. Es posible que en ese plano, si es que se logra corregir dicha tendencia, es donde China obtenga algún beneficio inmediato en su reputación.

*Director del Programa de Estudios sobre China y Rusia de Fundación UADE.



Juan Battaleme